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Muere José Antonio García Cotarelo, el funcionario que ayudó a levantar la Xunta desde la sala de máquinas

José Antonio García Cotarelo, abogado, funcionario y escritor nacido en A Pontenova en 1941, falleció en la madrugada del sábado en Madrid, donde residía, a los 83 años. Su carrera, desarrollada entre la Administración del Estado y la autonómica gallega, dejó huellas discretas pero decisivas: desde la creación de servicios editoriales hasta la organización interna de la Xunta en los primeros años de autonomía. Aún en el retiro mantuvo un vínculo activo con su tierra natal y con la defensa de la lengua y la cultura gallegas.

El funcionario entre bambalinas: una trayectoria al servicio de la administración

Licenciado en Derecho en Madrid, García Cotarelo aprobó pronto las oposiciones al Cuerpo Técnico de Administración Civil del Estado, lo que le condujo a desempeñar tareas en ministerios tan diversos como Gobernación, Interior, Obras Públicas y Urbanismo, Trabajo, Sanidad y Seguridad Social y Justicia. Ese tránsito por distintas carteras le dio un conocimiento profundo del engranaje administrativo: conocía formularios, procedimientos y personas, y supo traducir esa experiencia en soluciones prácticas cuando la necesidad lo exigía.

Tras el último tramo del franquismo y con la transición en marcha, regresó a Galicia en 1982 en régimen de servicios especiales. Fue una época de aires renovados: la aprobación del Estatuto de Autonomía en 1981 obligó a poner en pie instituciones nuevas, y García Cotarelo se integró en esos equipos técnicos que, sin protagonismo público, fueron fundamentales. En 1986 asumió la secretaría general técnica y de relaciones institucionales de la Consellería de Presidencia; en octubre de 1987 pasó a ser secretario general de Vicepresidencia. Fueron puestos que le situaron en la sala de máquinas del proyecto autonómico.

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Sin pretensiones de brillo mediático, se le atribuye la puesta en marcha del Servizo de Publicacións da Xunta de Galicia, iniciativa que combinaba su sensibilidad por la cultura y la lengua con la necesidad de dotar a la Administración de instrumentos propios de difusión y memoria institucional. Ese empeño por la promoción de la cultura se prolongó fuera de los despachos: escribió libros y publicó artículos, manteniendo un pulso intelectual que le ganó reconocimiento entre colegas y paisanos.

La última etapa de su vida profesional transcurrió de nuevo en la capital: se jubiló en 2007 en el servicio de inspección general del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. A partir de entonces vivió entre Madrid y la atención a su familia, sin perder jamás la mirada puesta en Vilameá, su parroquia de A Pontenova, desde donde le conocían como Pepe de Regos.

Raíces y reconocimientos: A Pontenova y el homenaje de su pueblo

Nacido en Vilameá, parroquia de A Pontenova (Lugo), García Cotarelo mantuvo una relación constante con su lugar de origen. No es raro que muchos funcionarios que hicieron carrera en Madrid sigan vinculándose a su aldea: Galicia, con su emigración interna, creó una red de afectos difícil de romper. El Concello de A Pontenova reconoció esa relación el pasado año nombrándole Hijo Predilecto, un gesto que fue recibido con emoción en el pueblo y que devolvía una parte de la estima que él profesó siempre por la comarca.

La familia —casado con Teresa de Jesús Sobrado y padre de cuatro hijos— cuidó los rituales íntimos: tras ser velado en el Tanatorio M30 de Madrid, sus restos fueron incinerados en la intimidad familiar. Según fuentes cercanas, quienes trataron con él recuerdan a un hombre de trato afable, culto y entregado al servicio público. Esa imagen se repite en relatos de compañeros y en las conversaciones junto a la plaza de A Pontenova, donde aún se comenta su figura con la familiaridad que la cercanía impone.

«Un hombre culto, servidor público y gran persona», señalan sus allegados.

Su condición de colaborador en la prensa regional y su defensa de la lengua gallega le dieron un perfil público distinto al del burócrata clásico. No obstante, prefirió siempre el trabajo técnico a la tribuna, una característica que, en la construcción de la Xunta, fue tanto virtud como símbolo: la autonomía necesitó tanto de dirigentes visibles como de gestores que supieran traducir decisiones políticas en estructuras administrativas eficientes.

Legado institucional y memoria local

La historia reciente de la Administración gallega no puede entenderse sin el trabajo de funcionarios como García Cotarelo. Al margen de nombres de gobierno y de decisiones políticas más llamativas, la creación de servicios, la normalización de procedimientos y la implementación de canales de difusión cultural son tareas que sostienen la vida institucional. En este sentido, su contribución al Servizo de Publicacións, por ejemplo, tiene un valor que trasciende el gesto administrativo: permitió que la Xunta dispusiera de un instrumento para publicar normativa, estudios y obra cultural en gallego, algo que en los años ochenta ocupaba a tecnócratas y a intelectuales por igual.

Queda por ver si las instituciones oficiales rendirán algún homenaje público. A falta de confirmación formal por las administraciones implicadas, fuentes cercanas apuntan a que en A Pontenova ya se prepara un recuerdo público a su figura. El reconocimiento municipal de 2025 como Hijo Predilecto abrió ese camino, pero los municipios suelen acompañar estas distinciones con actos que consolidan la memoria colectiva: exposiciones, jornadas o la denominación de espacios públicos son fórmulas habituales en Galicia para fijar personajes en la memoria local.

Para la Galicia que vivió la transición y la consolidación autonómica, su fallecimiento supone la pérdida de una generación de funcionarios que combinaron formación jurídica con sensibilidad cultural. Sus éxitos no siempre fueron portadas, pero sí condicionaron la forma en que la Xunta se organizó y empezó a comunicar su trabajo.

La figura de José Antonio García Cotarelo invita a una mirada serena sobre el funcionamiento de las instituciones: más allá del debate político, hay profesionales que trabajan en la técnica y en la cultura administrativa, y su tarea —a menudo discreta— acaba conformando el mapa operativo de una comunidad autónoma. En tiempos en que la política pública se mide en titulares inmediatos, recordar a quienes pensaron y dieron forma a la operativa diaria es una manera de entender mejor nuestras propias instituciones y la historia reciente de Galicia.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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