Dos de los tres niños que resultaron heridos cuando cedió el balaustre de un balcón en un primer piso de Vimianzo (A Coruña) continúan ingresados, según confirman fuentes consultadas; uno de ellos permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Clínico de Santiago. El suceso tuvo lugar en la tarde del sábado en la Rúa Álvaro Cunqueiro y movilizó a varios servicios de emergencia de la comarca.
Cómo se desarrollaron los hechos
Los servicios de emergencia recibieron el aviso del accidente alrededor de las 18.00 horas y el 112 Galicia tuvo constancia del incidente diez minutos después, a través de un particular que se encontraba en el lugar. Al recibir la llamada, se activó un operativo en el que participaron Urxencias Sanitarias de Galicia-061, los bomberos de Cee, la Guardia Civil, la Policía Local y los voluntarios de Protección Civil de Cee.
Los bomberos, al llegar al edificio, confirmaron que no había personas atrapadas entre los escombros, aunque sí había menores que requerían asistencia sanitaria. Dos fueron evacuados a un centro hospitalario; uno de ellos lo fue a bordo del helicóptero medicalizado con base en Santiago que presta servicio a la provincia, y trasladado posteriormente al Hospital Clínico de Santiago, donde ingresó en la UCI. El tercer menor fue atendido en el PAC de Vimianzo y pudo regresar a su domicilio.
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Conoce más →Según fuentes cercanas al caso, la prioridad de los equipos sanitarios fue estabilizar a los menores en el lugar y descartar lesiones adicionales. A falta de confirmación oficial sobre el estado exacto de los heridos, desde el entorno familiar se solicita discreción mientras los servicios médicos continúan con la atención y la evaluación.
Un problema recurrente en el parque edificatorio rural
Vimianzo es un concello conocido por su casco histórico y por los caseríos de núcleo compacto donde los balcones y antepechos de piedra y hierro forman parte del paisaje urbano. No es la primera vez que en pueblos de la Costa da Morte o de toda Galicia se registran incidentes derivados del agotamiento de elementos constructivos: balaustres corroídos por la sal, anclajes de hierro oxidados o elementos de madera debilitados por la humedad y la falta de mantenimiento.
La responsabilidad última de garantizar la seguridad recae, en principio, en los propietarios, pero los ayuntamientos tienen competencias en inspección de la seguridad de los edificios cuando hay riesgo evidente. En el pasado reciente, varios concellos gallegos han impulsado campañas de revisión y subvenciones puntuales para la reparación de fachadas y elementos peligrosos, conscientes de que el envejecimiento de la población y la escasez de recursos complican la conservación del patrimonio doméstico.
En este sentido, técnicos consultados en otras ocasiones señalan que la fatiga de los anclajes y la corrosión oculta entre el muro y la barandilla son causas habituales de fallos de este tipo. Repararlas a tiempo cuesta una fracción del gasto social y humano que puede acarrear un accidente; por eso representantes municipales suelen recordar la importancia de las revisiones periódicas, algo que en localidades pequeñas se hace en ocasiones de manera informal y sin la documentación reglamentaria.
Repercusiones y próximos pasos
Tras el aviso, la intervención de la Guardia Civil apunta tanto a la atención inmediata como a la investigación del accidente. A falta de una comunicación oficial del cuerpo sobre la apertura de diligencias, fuentes municipales consultadas por este periódico señalan que se tramitará el expediente correspondiente para determinar responsabilidades y proponer medidas preventivas. Es habitual que estas investigaciones incluyan la inspección técnica del inmueble y la comprobación de si existían avisos o actas previas sobre su estado.
En el plano sanitario, la prioridad es la evolución de los menores hospitalizados. El traslado en helicóptero medicalizado, recurso costoso pero imprescindible en zonas con dispersión geográfica, subraya la gravedad inicial del caso y la capacidad de los servicios de emergencias para articular una respuesta rápida. Desde la Xunta y los servicios de salud autonómicos suelen ofrecer seguimiento de estos casos cuando hay implicación de urgencias aéreas, aunque la información clínica concreta queda reservada a la familia y al equipo médico.
Para la comunidad local, hechos como este reabren el debate sobre seguridad urbana, especialmente en las viviendas donde conviven generaciones diferentes y donde los elementos constructivos pueden haber quedado fuera de normativa tras varias reformas. Vecinos de Vimianzo, en declaraciones recogidas en el pueblo, expresan su conmoción y reclaman campañas informativas y ayudas para pequeños arreglos que eviten tragedias.
En los próximos días se espera que tanto el ayuntamiento como las fuerzas de seguridad ofrezcan comunicados con más datos sobre el accidente. Mientras tanto, la recuperación de los menores marcará los plazos: la familia y el vecindario aguardan noticias y muchos aprovechan para revisar sus balcones, por si acaso.
Al final, más allá de la responsabilidad legal y de la gestión administrativa, queda una lección práctica que no es nueva en Galicia: la conservación mínima de las casas —sobre todo de los elementos que afectan a la seguridad de la calle y de quien la transita— debería ser una prioridad colectiva. La pregunta que suele volver tras episodios así es simple y difícil a la vez: quién paga la prevención y cómo se organiza en un territorio con tantas viviendas antiguas y recursos locales limitados. La respuesta, por ahora, se teje entre la urgencia sanitaria, la pesquisa policial y la inevitable llamada a la prudencia vecinal.
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