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El cierre de Lavacolla durante 35 días complica aún más la crisis de tráfico del aeropuerto santiagués

El aeropuerto de Lavacolla, en Santiago de Compostela, afronta un bloqueo de operaciones que se prolongará durante 35 días en plena arrancada de la temporada turística. La paralización —anunciada a última hora y a falta de confirmación oficial sobre algunos detalles técnicos— llega cuando la instalación aún no ha conseguido recuperar los niveles de tráfico perdidos desde mediados de 2024, lo que convierte este cierre temporal en un golpe especialmente contundente para la campaña estival.

Paralización programada y efectos inmediatos

La clausura afecta a operaciones regulares y chárter en fechas sensibles para la movilidad hacia Galicia: el inicio de rutas vacacionales, el retorno de peregrinos internacionales al Camino de Santiago y la programación de enlaces estacionales con capitales europeas. Según fuentes cercanas a la gestión aeroportuaria, las obras y trabajos de infraestructura motivan el corte, aunque persisten dudas sobre el calendario exacto de reapertura y las franjas horarias que se verán limitadas.

En la práctica, las aerolíneas ya han comenzado a reubicar vuelos hacia aeródromos próximos. No es la primera vez que Lavacolla sufre trasvases de tráfico por contingencias: en episodios anteriores los usuarios se desplazaron a Vigo, A Coruña y, en muchos casos, al aeropuerto de Porto, a apenas 150 kilómetros por carretera. Ese desplazamiento no es inocuo: eleva tiempos de viaje, incrementa costes para compañías y viajeros, y genera pérdidas para la cadena turística compostelana —hoteles, taxis, transporte discrecional y hostelería— que contaba con la recuperación paulatina iniciada el pasado año.

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Operadores como Ryanair y otras compañías de bajo coste, que mantienen presencia significativa en la plataforma, han sido los primeros en ajustar su oferta. A falta de confirmación oficial sobre cancelaciones masivas, las previsiones apuntan a una reducción puntual de plazas en las rutas más emblemáticas hacia Europa, lo que tensionará las tarifas y la conectividad directa de Galicia con varios mercados emisores.

De dónde viene la crisis y por qué resulta tan dañina ahora

La contracción del tráfico en Lavacolla no es un fenómeno nuevo. Cabe recordar que los descensos se hicieron notorios desde mediados de 2024, cuando una combinación de recortes de capacidad, ajuste de redes por parte de aerolíneas y cambios en la demanda turística comenzó a dejar cifras por debajo de lo esperado tras la recuperación pospandemia. La nueva terminal, puesta en servicio hace casi 15 años, había abierto una vía de expansión que la actual coyuntura ha frenado en seco.

La competencia regional y transfronteriza agrava el problema. El eje aéreo noroeste-ibérico es estrecho y permeable: aeropuertos gallegos compiten por el mismo mercado doméstico y europeo, mientras que la atractiva oferta de Porto —con conexiones y tarifas competitivas— actúa como imán para viajeros del área metropolitana y de la provincia de Pontevedra. Además, la estacionalidad del turismo en Galicia hace que cualquier contratiempo en marzo-abril tenga efectos multiplicadores en la temporada alta.

Desde el punto de vista económico, la cadena productiva local siente la presión. Empresas de handling, agencias de viajes receptivas y transportistas han manifestado inquietud en reuniones informales con responsables del aeropuerto. Aunque la reapertura programada —según mensajes oficiales— promete abrir «una vía de crecimiento» con posibles rutas intercontinentales, ese horizonte queda lejos mientras persistan las incertidumbres del calendario y la confianza de las aerolíneas.

Reapertura, oportunidades y riesgos

La dirección del aeropuerto ha señalado que, una vez concluidas las actuaciones, la instalación estará mejor preparada para atraer nuevas conexiones. En efecto, la posibilidad de consolidar enlaces con mercados de tres continentes aparece en las proyecciones como una oportunidad estratégica: Norte de Europa, el Magreb y algunos destinos de largo radio podrían incrementar la oferta si las infraestructuras y los incentivos se alinean. No obstante, el tiempo importa; la ventana veraniega es corta y quienes toman decisiones comerciales —compañías aéreas y turoperadores— requieren certidumbre con meses de antelación.

Ante el cierre temporal, las administraciones locales y autonómicas se enfrentan a una encrucijada. Por un lado, es preciso presionar para minimizar el periodo de inactividad y asegurar medidas de mitigación —refuerzos de transporte por carretera entre aeropuertos, comunicación clara a usuarios y asistencia para plazas afectadas—. Por otro, existe la tentación de acelerar iniciativas promocionales que vendan la imagen de una Galicia conectada y abierta al mundo, aunque esa narrativa será verosímil solo si se traducen en datos de llegada sostenibles.

En estas semanas se jugará, además, la credibilidad de los planes a medio plazo para Lavacolla. Si la reapertura trae consigo acuerdos con aerolíneas que materialicen rutas intercontinentales, la crisis actual podrá leerse como un bache técnico. Si, por el contrario, la conectividad vuelve a quedar reducida y las plazas se desvían permanentemente a aeropuertos vecinos, la terminal compostelana podría entrar en una espiral de pérdida de mercado más difícil de revertir.

La sociedad santiaguesa mira con atención. Alcaldes de municipios cercanos, la hostelería y los colectivos vinculados al Camino de Santiago comparten una inquietud práctica: cada día sin vuelos directos supone menos turistas, menos peregrinos con llegada internacional y más trabas para una economía que todavía arrastra las secuelas de años complicados. A falta de confirmación oficial sobre compensaciones o planes de contingencia, la sensación es de urgencia.

El cierre de Lavacolla durante 35 días es, en suma, una prueba de estrés para la conectividad gallega. Si las obras devuelven una infraestructura más competitiva y llegan respuestas rápidas de las aerolíneas, la reapertura podrá convertirse en punto de inflexión. Mientras tanto, la región debe gestionar el impacto inmediato, preservar puestos de trabajo vinculados a la terminal y trabajar en una estrategia común que impida que la pérdida temporal se transforme en declive irreversible.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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