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La Trastienda del Cuatro cierra en el centro de Vigo tras 17 años de actividad

El restaurante La Trastienda del Cuatro, referente de la gastronomía del centro vigués, ha cerrado sus puertas de forma definitiva después de 17 años en la calle Pablo Morillo. El propietario y gerente, Omar Fares, atribuye la decisión a la pérdida de rentabilidad tras el encarecimiento de la energía y de los productos alimentarios, una combinación que, dice, ha hecho inviable seguir operando ese local concreto.

El cierre y las explicaciones del propietario

La noticia cayó ayer en el entorno gastronómico de la ciudad como una confirmación de una tendencia que muchos ven venir desde hace meses: negocios históricos que no logran cuadrar cuentas frente a costes fijos y una demanda que no recupera plenamente los niveles previos a la crisis. La Trastienda del Cuatro, conocida por su cocina gallega con toques contemporáneos y por trabajar principalmente con producto de proximidad, mantuvo hasta el último momento un ambiente elegante y una clientela fiel.

Omar Fares, que abrió la Trastienda como su primer negocio en Vigo y que hoy gestiona de forma autónoma otros establecimientos —tres en la ciudad, según sus propias palabras: La Central Gastro, el Nero de Bouzas y el Nero de la Alameda—, explicó que la decisión no responde a problemas con esos otros locales. «La subida de la luz y de los alimentos, entre otros aspectos, ha supuesto una carga insalvable. Lo hemos intentado por todos los medios pero era una imprudencia seguir abiertos», comentó en declaraciones a este periódico.

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«Claro que da pena, porque fue el primer negocio de restauración que abrí en Vigo. Son muchos años, muchos amigos y muchos clientes los que han pasado por aquí, pero simplemente las cuentas no dan».

Fuentes cercanas a la empresa señalaron que la plantilla del local fue informada con antelación y que, en algunos casos, se plantearán recolocaciones en los otros restaurantes del grupo, aunque no se han facilitado cifras concretas sobre cuántos empleados se verán afectados. A falta de confirmación oficial, la inquietud entre trabajadores y proveedores es palpable en un sector acostumbrado a lidiar con imprevistos pero ahora tensionado por factores estructurales.

Una trayectoria que marcó el centro

La Trastienda del Cuatro ocupó durante años un hueco relevante en la oferta gastronómica del centro urbano. No se trataba sólo de un restaurante; fue lugar de cenas de empresa, celebraciones familiares y encuentros de periodistas y políticos locales. Su carta, basada en platos típicos gallegos reinterpretados con técnica contemporánea y producto local, contribuyó a consolidar una idea: que en Vigo se puede comer bien sin renunciar a identidad y producto del entorno.

Cabe recordar que el centro de la ciudad ha cambiado en las últimas dos décadas. La movilidad, el turismo estacional y las políticas municipales sobre terrazas y ocupación de vía pública han reconfigurado la vida comercial del casco urbano. No es la primera vez que locales con largo recorrido anuncian cierres o transformaciones: en los últimos años varios establecimientos emblemáticos han tenido dificultades para mantenerse en pie, un reflejo de una hostelería que vive de márgenes estrechos y altas exigencias.

Además, la variación en los costes energéticos desde 2021 y la presión sobre la cadena de suministro agroalimentario han obligado a muchos propietarios a replantear fórmulas de negocio. Algunos optaron por apostar por propuestas de menor coste operativo o por trasladarse a zonas con alquileres más bajos; otros, por diversificar servicios con reparto a domicilio o menús más económicos. En el caso de La Trastienda, la decisión fue cerrarlo y concentrar esfuerzos en los otros proyectos del grupo de Fares.

Repercusiones para la hostelería del centro y los pasos a seguir

El cierre de un local con historia suele tener efectos en cadena. Para el vecindario de Pablo Morillo y las calles adyacentes se pierde un imán de público que también beneficiaba a tiendas y bares de la zona. Los propietarios de locales comerciales observan con atención qué ocurrirá con el espacio: si saldrá al mercado en alquiler, si será adquirido por otra empresa del sector o si se transformará en un negocio de distinta naturaleza.

Desde el punto de vista del mercado laboral, la situación genera incertidumbre a escala local. Aunque Omar Fares ha asegurado que sus otros restaurantes funcionan de forma independiente y no se verán afectados por este cierre, el riesgo para trabajadores del sector sigue siendo real mientras no se produzcan medidas de apoyo específicas o ajustes de costes que permitan a los pequeños y medianos establecimientos respirar con más facilidad.

A nivel municipal, el episodio abre el debate sobre el futuro del centro y las políticas que puedan incentivarlo. Por un lado, hay quienes reclaman medidas fiscales o estímulos para la hostelería; por otro, quienes apuestan por una regulación más estricta de la actividad turística para proteger el tejido comercial tradicional. Vigo, con su condición de capital industrial y puerto pesquero, necesita un centro vivo que combine comercio, ocio y residencia; la pérdida de locales emblemáticos complica esa ecuación.

Mirando adelante, la principal incógnita es qué tipo de oferta ocupará el local de Pablo Morillo y si su cierre será un caso aislado o el presagio de una renovación más amplia del mapa gastronómico de la ciudad. Para quienes trabajaron y fueron clientes de La Trastienda del Cuatro, queda el recuerdo de 17 años de sobremesas, platos sostenidos por producto gallego y una forma de entender la restauración que, por ahora, abandona ese rincón del centro vigués.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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