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La UVigo logra propagar la camariña a partir de semillas de Cíes para recuperar las dunas del Parque Nacional

El grupo Agrobiotech for Health de la Universidad de Vigo ha dado un paso decisivo en la recuperación de los sistemas dunares del Parque Nacional Illas Atlánticas. Tras años de intentos fallidos, los investigadores han conseguido multiplicar la capacidad de germinación de la Corema album —la conocida camariña— y desarrollar un protocolo de micropropagación in vitro que les permite producir plantas con alta probabilidad de supervivencia para repoblar Monteagudo, en las islas Cíes.

Cómo se consiguió lo que parecía imposible

La iniciativa arrancó por la constatación de un problema simple y demoledor: las semillas recogidas en Cíes germinaban de forma prácticamente nula, alrededor de un 2%, lo que hacía impracticable cualquier plan de reintroducción a gran escala. A partir de ese punto, los investigadores dirigidos por el catedrático Pedro Pablo Gallego buscaron soluciones en colaboración con expertos externos. La aportación clave llegó de Nieves Herrero, del Laboratorio de Semillas del Centro Nacional de Recursos Genéticos Forestales «El Serranillo», que les explicó la necesidad de un proceso de estratificación de frío y calor que, en su esquema habitual, duraba un año.

Lo sorprendente fue la reducción de ese período a tres meses por parte del equipo vigués, lo que elevó la germinación hasta un 50%. Con esa mejora sobre la mesa, se trabajó después en la macropropagación mediante estaquillas y en la micropropagación in vitro, donde los científicos ajustaron la concentración de ácido sulfúrico como antimicrobiano hasta alcanzar una supervivencia cercana al 90%. Según Gallego, es la primera micropropagación exitosa de esta especie a nivel mundial.

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Otro hallazgo práctico que cambió la trayectoria del proyecto fue la incorporación de arena del propio parque en los ensayos. Al traer parte de la microbiota natural del suelo —bacterias y hongos asociados a la camariña— se reprodujo en contenedor un entorno más parecido al original, lo que incrementó la capacidad de adaptación de las plantitas cuando se trasplantaban a las dunas.

Del laboratorio a la playa: innovación y colaboración local

No todo se resolvió con técnicas de laboratorio. El lento crecimiento de la camariña —tan solo unos centímetros al año en condiciones naturales— exigió soluciones ingeniosas para plantar ejemplares con pocas raíces sin que se desecaran en verano. Fue un alumno, Rubén Paz, del CIFP Santiago, quien en su trabajo final ideó un sistema de alargamiento con tubos que mantiene el acceso al agua y evita la evaporación. En pruebas en una finca cercana a la playa de su localidad natal, Camariñas, el sistema permitió un crecimiento de hasta 50 centímetros en un periodo corto, una cifra espectacular frente al desarrollo habitual.

El esfuerzo forma parte del proyecto Life Insular, coordinado por el Instituto de Biodiversidad Agraria y Desarrollo Rural (Ibader) de la USC, que centra su actividad en la restauración de hábitats insulares. El planteamiento es claro: cuando se eliminan eucaliptos y plantas invasoras —acción que ya se ha llevado a cabo en varias áreas del parque— es imprescindible repoblar con especies autóctonas. La camariña figura entre las siete prioritarias, junto al tojo, la manzanilla de las dunas o el torvisco.

El propio trabajo de campo ya muestra resultados en Monteagudo. Tras años de retroceso por la presión humana y la competencia de especies exóticas, los primeros ejemplares procedentes de los protocolos desarrollados han sido plantados y vigilados, y las primeras señales de recuperación del ecosistema costero son alentadoras.

Una especie con valor cultural y ecológico para Galicia

La camariña no es una planta cualquiera en el imaginario gallego. Pequeño arbusto con individuos masculinos y femeninos separados, sus bayas blancas eran consumidas por los marineros para hidratarse en alta mar, tradición que ha dejado huella en la toponimia: municipios como Camariñas o A Pobra do Caramiñal aluden a ella. Más allá del valor etnobotánico, la planta cumple un papel ecológico importante como alimento y refugio para aves y reptiles de las comunidades dunares.

En la Península Ibérica, las poblaciones más significativas de Corema album se encuentran en Galicia y Portugal; en territorios como la Comunidad Valenciana la especie está reducida a núcleos muy escasos —según los investigadores, quedan apenas 14 individuos en un acantilado—, lo que subraya la relevancia del trabajo de conservación en las Rías Baixas.

La realidad sobre el terreno obedece a dinámicas conocidas en la historia reciente de la costa gallega: la plantación masiva de eucaliptos en el pasado, la urbanización de franja litoral y la llegada de plantas invasoras han transformado muchos sistemas dunares, dejando huecos que hoy son prioritarios para la restauración. Los gestores del parque y los equipos científicos coinciden en que no basta con eliminar lo exótico; hay que reintroducir lo propio con criterios técnicos y seguimiento a largo plazo.

En el contexto de las décimas Jornadas de Estudio e Investigación del Parque, Gallego explicó que el objetivo no es sólo producir miles de plántulas, sino establecer una metodología reproducible y socializarla: transferencia de conocimiento que llegue a guardas del parque, colectivos locales y gestores municipales que deben asumir la conservación activa de esos espacios.

El siguiente capítulo pasa por escalar la producción, garantizar la diversidad genética de las repoblaciones y monitorizar la adaptación de los ejemplares al ambiente litoral, especialmente ante episodios extremos de sequía y salinidad. También será clave coordinar actuaciones con la ciudadanía: voluntariados de restauración, formación en viveros y una mayor presencia de la camariña en programas educativos ayudarán a consolidar lo recuperado.

La historia de la camariña en Galicia es, en cierto modo, la de una especie que ha sobrevivido a las transformaciones costeras y que ahora se beneficia del retorno del conocimiento científico al territorio. Si los ensayos de Monteagudo siguen dando frutos, dentro de unos años podrían verse franjas de dunas reencontrando su cubierta vegetal autóctona, con la camariña como uno de sus símbolos más reconocibles. A falta de confirmaciones definitivas sobre la escala de la recuperación, el proyecto de la UVigo demuestra que con paciencia, técnica y colaboración local los paisajes costeros pueden escribirse de nuevo.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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