Tras casi siete años del crimen que conmocionó a Salceda de Caselas, este lunes se ha sentado en el banquillo el presunto autor de la agresión mortal. En la Audiencia Provincial de Pontevedra comenzó la vista con jurado popular contra Florian Rama, acusado de la muerte a cuchillazos del joven Soufian Mraha la madrugada del 8 de junio de 2019. La Fiscalía y la acusación particular mantienen la petición de 25 años de prisión y sostienen que no se trató de una pelea fortuita, sino de una acción buscada y violenta.
Desarrollo de la vista y pruebas que destaca la Fiscalía
La sesión inicial tuvo un marcado tono probatorio. El fiscal describió la investigación y puso el acento en dos elementos que considera determinantes: la ubicación del teléfono móvil del acusado en la zona de los hechos durante esas horas y, sobre todo, la «coincidencia de ADN» hallada en un rastro de sangre próximo al lugar de la agresión. Según la acusación, esos datos, unidos al reconocimiento por tres testigos en reseñas policiales, conforman un cuadro contundente contra Florian Rama.
En la sala también resonó la calificación de los hechos por parte del abogado de la acusación, que aseguró que «no fue una pelea, sino una cacería», en la que el agresor habría separado a la víctima de sus amigos para apuñalarlo «con crueldad extrema», «de manera súbita y sorpresiva» cuando se encontraba indefenso. Esos términos son los que piden que valore el jurado popular en los próximos días.
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Conoce más →«Mi cliente todo el tiempo me ha dicho que es inocente», declaró el letrado defensor, quien solicitó que su cliente sea el último en declarar.
La defensa, que asumió la causa a finales del pasado año tras la renuncia de otro abogado, pidió que el acusado testifique en último lugar. En la sala se señaló con insistencia la presunción de inocencia y el principio de duda razonable. Además, el defensor cuestionó la interpretación de las pruebas: sostuvo que el rastro de sangre atribuible a su defendido está alejado del lugar del crimen y que los datos de telefonía móvil permiten situarlo en un radio de hasta dos kilómetros, lo que, según él, introduce incertidumbres sobre la presencia exacta de Rama en el punto concreto donde ocurrió la agresión.
El fiscal, por su parte, criticó la estrategia defensiva hasta la fecha: afirmó que el acusado ha permanecido en silencio y que la defensa no ha propuesto peritos ni informes ni ha presentado escrito de defensa, una circunstancia que el propio fiscal calificó de insólita en sus más de treinta años de experiencia.
Los hechos: cómo ocurrieron y las consecuencias inmediatas
Los hechos se remontan a la madrugada del 8 de junio de 2019. Testigos relatan que alrededor de las 04:50 horas Soufian Mraha estaba en la terraza del bar La Parchita, en el centro de Salceda, junto a amigos, cuando un hombre —según el escrito de acusación, el ahora procesado— se acercó para recriminarle haberle tirado la copa. Tras un forcejeo y cuando la víctima cayó al suelo, el agresor habría sacado un cuchillo y le asestó hasta tres puñaladas, una de ellas con perforación cardíaca que resultó mortal.
Tras la agresión, la investigación de la Guardia Civil tuvo episodios que marcaron a la localidad: horas después se produjo la detención errónea de un vecino del municipio, un error que aún hoy recuerda parte de la comunidad local. La investigación posterior fue compleja y prolongada; no fue hasta enero de 2024 cuando agentes británicos, en cooperación con las autoridades españolas, localizaron y detuvieron a Florian Rama, que fue inmediatamente extraditado a Galicia y permanece en prisión provisional desde entonces.
La muerte de Soufian dejó una huella en Salceda. No es la primera vez que la localidad ve cómo un suceso violento rompe la aparente calma de las plazas y las terrazas. La familia de la víctima y vecinos han esperado años por este momento de contraste entre el recuerdo y la espera de justicia; la citación de numerosos agentes y peritos al juicio revela además la complejidad forense del caso.
Contexto judicial y retos probatorios
El procedimiento se desarrolla con jurado popular, lo que añade una dimensión social a una causa que ha seguido la atención pública en el área metropolitana de Vigo. La prueba pericial será clave: están citados a declarar diecisiete agentes de la Guardia Civil y cinco peritos, según se indicó en la sesión inicial. La cadena de custodia de la muestra de sangre, la metodología utilizada para la identificación del ADN y las limitaciones de la geolocalización por telefonía se debatirán con detalle.
En tribunales gallegos no es inusual que pruebas científicas como el ADN inclinen la balanza, pero la defensa ha puesto el foco en las dudas que puedan surgir de esa misma ciencia: distancias, contaminación o interpretaciones forenses que permitan plantear alternativas a la versión acusatoria. La estrategia procesal será, previsiblemente, desmontar la presunción de relación directa entre las evidencias materiales y la autoría del delito.
Asimismo, el retraso entre el suceso y la detención —casi cinco años hasta la detención internacional en 2024 y casi siete hasta la celebración del juicio— añade un elemento de desgaste probatorio y emocional. A falta de que se celebren todas las pruebas, la vista de Pontevedra debe dirimir no solo la culpabilidad, sino también si lo probado alcanza el grado de dolo y la naturaleza que pide la acusación: asesinato con agravantes por la forma de la agresión.
Repercusiones locales y próximos pasos del proceso
El juicio continuará los próximos días. La asistencia al tribunal de familiares, vecinos y amigos de la víctima subraya el interés local por una resolución que ponga fin a un proceso largo y doloroso. Para las partes, lo que está en juego es tanto la pena —la Fiscalía y la acusación particular mantienen la petición de 25 años— como la reparación simbólica para una comunidad que recuerda aquella madrugada en la plaza del Ayuntamiento.
Más allá del veredicto, el caso plantea preguntas sobre la coordinación internacional en detenciones, la investigación policial local y la gestión de errores como la detención equivocada que marcó los primeros compases de la instrucción. Los peritos y los agentes que declaren pueden ofrecer luz sobre esos episodios y ayudarán al jurado a formarse una convicción. Habrá que esperar a la vista completa, a la exposición de pruebas y a la deliberación del jurado para conocer si la acusación logra demostrar que no fue una pelea pasajera, sino la «cacería» que describe.
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