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El cierre de Lavacolla durante 35 días sacude a Santiago: menos turistas, negocios en pausa y costes adicionales

El anuncio del cierre del Aeropuerto de Santiago (Lavacolla) durante 35 días, entre el 23 de abril y el 27 de mayo, abre un frente económico para la capital gallega. La suspensión de operaciones por obras en la pista afectará directamente a la actividad aeroportuaria, pero sus efectos más dolorosos se esperan fuera del recinto: menos pernoctaciones, menor gasto por visitante y sobrecostes logísticos para empresas e instituciones.

Impacto inmediato en Lavacolla y su entorno

La primera consecuencia es la más visible: el ecosistema que gravita en torno al aeropuerto entrará en una fase de parálisis parcial. Cafeterías, tiendas, servicios auxiliares y concesiones que viven del tránsito de pasajeros verán interrumpida su actividad en un periodo que, en la práctica, se extenderá un poco más allá del cierre, por los ajustes operativos y la reposición de plantilla. Según economistas consultados, algunos negocios podrían estar sin actividad efectiva «durante dous meses aproximadamente», con contratos temporales y picos de demanda que se desvanecen de inmediato.

Además de la caída en la actividad comercial, el aeropuerto deja de generar ingresos por tasas y servicios. Ese descenso de caja es, por definición, el impacto más sencillo de cuantificar a posteriori: se podrá computar cuánto dejaron de ingresar las concesiones y cuánto se redujo la facturación de aparcamientos, alquiler de coches o tiendas. Sin embargo, no es el único efecto. Para muchas empresas locales esos ingresos son una parte de una cadena más amplia de consumo que incluye hoteles, taxis y restauración.

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En este contexto la administración y las autoridades aeroportuarias tendrán que articular medidas de mitigación. A falta de confirmación oficial sobre ayudas directas o fórmulas de compensación, crecen las llamadas de sindicatos y patronales locales a coordinar apoyos que eviten cierres definitivos de establecimientos que dependen de la actividad temporal del aeropuerto.

Un palo para el turismo y la estancia media

El turismo es, sin duda, el sector más expuesto. Santiago recibe entre 300.000 y 350.000 viajeros en los meses de abril y mayo, una antesala de la temporada alta y un periodo clave para congresos, escapadas de fin de semana y peregrinos que aprovechan el buen tiempo. La falta de vuelos directos introduce una fricción que hará que una parte de ese flujo desista: «Haberá xente que non vaia viaxar desta volta», advierte la profesora de Economía Aplicada de la USC, María Cadaval, quien rechaza las cifras rotundas que circulan sin análisis técnico.

“É moi difícil cuantificalo ex ante”, señala Cadaval, y añade: “Se alguén dá unha cifra, desconfía”.

No solo disminuirá el número de visitantes, sino también la intensidad de su gasto. Muchos optarán por aterrizar en aeropuertos próximos —A Coruña, Vigo o incluso Oporto— y reorganizar itinerarios; otros, si mantienen su viaje, acortarán la estancia. La proximidad ferroviaria entre A Coruña y Santiago, que deja la capital herculina a poco más de media hora en tren, facilita ese efecto redistributivo: Santiago puede perder noches de hotel y consumo en restauración aunque no pierda del todo la llegada de visitantes.

La combinación de menos turistas y menos noches tiene efectos multiplicadores: reservas hoteleras canceladas, menos clientes en restaurantes de casco histórico —próximos a la plaza del Obradoiro— y una menor demanda de taxis y guías turísticos. Para los albergues y establecimientos vinculados al Camino, la interrupción coincide con un periodo en el que se intensifica la llegada de peregrinos internacionales, con el consiguiente impacto sobre las economías locales de los concellos del entorno.

Costes para empresas, congresos y logística

Fuera del turismo, las empresas, universidades e instituciones afrontarán un incremento en sus gastos de desplazamiento. Organizar un congreso o un viaje de trabajo desde Santiago hacia destinos internacionales implicará operar vía aeropuertos alternativos, con trasbordos y servicios complementarios que elevan el presupuesto. Según ejemplos prácticos que maneja Cadaval, el sobrecoste puede situarse de media entre 200 y 300 euros por persona, una cifra que se multiplica en eventos con decenas o cientos de participantes.

Ese encarecimiento no solo pesa en las cuentas de empresas privadas, sino también en la agenda institucional: universidades que traen visitantes, hospitales que derivan pacientes para cirugía programada fuera de la comunidad o empresas exportadoras que dependen de conexiones directas verán incrementados sus costes operativos. A corto plazo, la respuesta será reorganizar viajes y priorizar lo estrictamente imprescindible; a medio plazo, algunas actividades podrían reubicarse temporalmente en otras ciudades con mejor conectividad.

La situación plantea también un desafío administrativo: coordinar transportes por carretera hacia aeropuertos alternativos, reforzar la capacidad de aparcamientos y líneas de autobús, y ofrecer comunicación clara a viajeros y empresas. Cabe recordar que no es la primera vez que las obras obligan a ajustes en la operativa aeroportuaria, pero el volumen de tráfico en la primavera hace de este cierre una prueba de estrés más intensa.

A medida que se acerque la fecha de las obras, las autoridades y los agentes económicos tendrán que ir afinando previsiones y buscando medidas de alivio. Entre las alternativas que barajan sectores y ayuntamientos están convenios con empresas de transporte para ofrecer traslados colectivos y campañas informativas para redirigir la demanda, siempre a falta de confirmación oficial sobre ayudas directas.

En definitiva, el cierre de Lavacolla es un shock temporal con efectos claros pero difíciles de medir en la fase ex ante. La clave estará en cómo se gestione la transición: si se coordina con rapidez, se pueden atenuar pérdidas y evitar cierres; si no, el coste económico y social de esos treinta y cinco días podría alargarse más allá de la reparación de la pista, dejando lecciones sobre la fragilidad de la conectividad en una región tan ligada al turismo y a la movilidad internacional como Galicia.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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