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El Sergas incorpora una nueva tuberculina testada en el Hula que reduce falsos positivos

El diagnóstico de la infección por tuberculosis en Galicia da un paso adelante este año: el Servicio Gallego de Salud (Sergas) introducirá una nueva tuberculina desarrollada por el Instituto Serológico de Dinamarca, conocida comercialmente como Siiltibcy. La prueba, evaluada en el Hula y en otros dos hospitales de la comunidad, promete mayor especificidad frente a la tuberculina clásica y, con ello, menos resultados falsos positivos que complican la gestión de casos y contactos.

Una evaluación local que ya contó con pacientes lucenses

En Lugo fueron cerca de 50 las personas que participaron en el ensayo clínico promovido por la firma danesa, según explica el responsable de la unidad del hospital lucense que atiende la tuberculosis, Antón Penas. El estudio se diseñó como doble ciego: a cada paciente se le administraba una tuberculina en un brazo y otra en el contrario, sin que el personal clínico supiera cuál era cuál hasta la finalización del ensayo.

La diferencia, según los investigadores, radica en la composición de antígenos. La nueva fórmula incluye componentes que buscan reducir la reactividad cruzada con otras micobacterias y —muy importante para Galicia— con la vacuna BCG, administrada de forma generalizada hasta los años ochenta. Ese historial de vacunación explica por qué muchos mayores de 45 años presentan reacciones positivas a la prueba tradicional pese a no tener infección activa.

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«Se le ofrecía a los pacientes ponerse una tuberculina en un brazo y otra en otro. Era un estudio doble ciego de manera que tampoco nosotros sabíamos cuál era cada una, solo el organizador del estudio»,

La consecuencia práctica de mayor especificidad es clara: menos personas deberán someterse a seguimientos innecesarios, radiografías y, en ocasiones, tratamientos preventivos. En un entorno sanitario con recursos limitados y con poblaciones rurales dispersas como las de Lugo y la provincia, evitar falsos positivos agiliza la detección real y reduce la carga en Atención Primaria y los servicios de prevención de riesgos laborales.

El peso histórico de la BCG y la dificultad del diagnóstico

La vacunas con bacilo de Calmette-Guérin (BCG) dejó una huella duradera en el perfil epidemiológico de España. A falta de una vacuna verdaderamente eficaz contra la tuberculosis, la BCG se aplicó de manera generalizada hasta finales del siglo XX y aún hoy condiciona interpretaciones en pruebas cutáneas. En muchos casos, un resultado positivo en la tuberculina tradicional no diferencia entre inmunidad por vacuna y verdadera infección latente.

Galicia, sin embargo, ha logrado reducir la incidencia mediante programas de control coordinados. En el último año la comunidad detectó alrededor de 310 casos nuevos, y en Lugo se tratan cada año unos treinta casos activos, lo que equivale a una incidencia de aproximadamente 10 por cada cien mil habitantes. El trabajo sobre contactos estrechos, la detección precoz y el cumplimiento terapéutico han sido esenciales para esa tendencia descendente.

El diagnóstico no es sólo una cuestión técnica: tiene implicaciones sociales y laborales. Un falso positivo puede implicar la realización de pruebas complementarias, el inicio de un tratamiento prolongado y, en algunos sectores, problemas con la reincorporación laboral o con la estigmatización de familias enteras en municipios pequeños. Por eso, una prueba más específica es, en la práctica, también una medida de salud pública y de justicia social.

Repercusiones clínicas y próximos pasos en la atención

La llegada de Siiltibcy al catálogo del Sergas supone que, a partir de este año, los protocolos de cribado y confirmación deberán adaptarse. Servicios de Medicina Preventiva y Salud Pública ya están recibiendo instrucciones sobre su uso, y es probable que se combinen criterios clínicos y epidemiológicos —viajes, contactos con casos activos, sintomatología— con la nueva tuberculina para decidir cuándo derivar a pruebas complementarias, como radiografía torácica o pruebas de sangre tipo IGRA.

El tratamiento de la tuberculosis sigue siendo largo: las terapias actuales requieren, como regla general, al menos 6 meses de medicación. Esa duración constituye una barrera para la adhesión en algunos pacientes, por lo que los programas de supervisión del tratamiento —con seguimiento personalizado e, en ocasiones, administración observada— son herramientas fundamentales para garantizar la curación y cortar la cadena de transmisión.

En el marco del 24 de marzo, Día Mundial contra la Tuberculosis, el doctor Penas recordó que la medida más eficaz para frenar la enfermedad es que los infectados inicien y completen el tratamiento y que se haga un rastreo exhaustivo de contactos. A falta de una vacuna de nueva generación, la prevención sigue siendo un entramado que combina diagnóstico, terapéutica y control epidemiológico.

El impacto de la nueva tuberculina también se evaluará en términos económicos. Menos pruebas complementarias y seguimientos innecesarios alivianarán las consultas de Atención Primaria en áreas con población envejecida y dispersa. Además, la reducción de falsos positivos puede traducirse en una menor presión sobre los programas de vigilancia y en una mejor capacidad de respuesta ante brotes reales en residencias o entornos laborales cerrados.

Mirando al futuro inmediato, el despliegue de Siiltibcy será seguido con atención por las unidades de enfermedades infecciosas y Salud Pública de otras comunidades autónomas. Si los resultados en Galicia confirman la mejora en especificidad observada en los ensayos, no sería descartable una adopción más amplia a nivel nacional. Mientras tanto, los profesionales sanitarios deberán actualizar criterios y comunicar con claridad a la población qué significa un resultado positivo y qué pasos siguen tras la prueba.

La tuberculosis no ha dejado de ser una enfermedad presente, aunque menos visible que antaño. La experiencia del Hula y la introducción de una tuberculina más afinada son una muestra de que la medicina preventiva y la investigación aplicada pueden mejorar la vida en las provincias. Queda, sin embargo, el reto de completar tratamientos, fortalecer la vigilancia y avanzar en vacunas que algún día cambien por completo el paisaje de esta enfermedad.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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