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La Xunta moviliza 22,7 millones para regenerar bancos marisqueros y compensar a 2.200 mariscadores afectados

La Consellería do Mar ha diseñado un paquete de ayudas y convenios para paliar la elevada mortandad de marisco detectada tras las borrascas de enero y febrero. Según la Xunta, unas 25 cofradías que agrupan a 2.200 mariscadores podrán acogerse a acuerdos que contemplan una compensación media de 700 euros al mes por persona mientras duren las tareas de regeneración, y una inyección extraordinaria de 22,7 millones de euros este año para todo el sector.

Qué ofrecerán los convenios y cómo se aplicarán

La conselleira do Mar, Marta Villaverde, explicó en un encuentro con pósitos que la ayuda no se concibe como una renta, sino como una financiación por trabajos concretos: limpieza de playas, siembras, control de depredadores y vigilancia de bancos marisqueros. La imagen de decenas de mariscadores recorriendo la playa de Testal, en Noia, recogiendo toneladas de bivalvo muerto y conchas el pasado 18 de marzo, ilustra la urgencia del programa.

La Xunta detalla que la mayor parte de los fondos —19,2 millones de euros— se dirigirán a cofradías y entidades titulares de planes de gestión, que deberán presentar un plan de recuperación con cronograma y tareas por banco. El dinero se abonará a las cofradías, que serán las encargadas de compensar a las personas afectadas; la medida tendrá carácter retroactivo desde la suspensión de la actividad extractiva.

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Villaverde puso números a la fórmula: una jornada tipo de trabajo de marisqueo, en su estimación, es de unas cuatro horas diarias durante unos 10-12 días al mes, lo que da un máximo de 48 horas mensuales. Si se aplica la compensación máxima, esos 700 euros equivalen a unos 14,6 €/hora, una referencia para valorar si la cuantía cubre en parte la pérdida de ingresos.

Además de la partida mayor, la Consellería reserva 1,5 millones de euros para repoblación directa de especies y otros 2 millones de euros destinados a proyectos de biodiversidad marina, con especial incidencia en las zonas de libre marisqueo. Para que los convenios entren en vigor será necesario que las cofradías interesadas los firmen y que cesen las extracciones en los bancos afectados, con el fin de proteger tallas prejuveniles e individuos reproductores.

Antecedentes y causas: salinidad, temporales y vulnerabilidad

La mortandad masiva se ha concentrado, según la Xunta, en las Rías Baixas, con especial impacto en fondos de ría como los de Noia y la ría de Arousa. Técnicos y mariscadores coinciden en señalar que la sucesión de borrascas de enero y febrero provocó una caída de la salinidad que, junto a otros factores —temperatura, corrientes y presiones biológicas—, terminó por diezmar poblaciones que ya estaban frágiles.

El presidente de las cofradías gallegas, José Antonio Pérez Sieira, que también ejerce como patrón mayor de Ribeira, no ocultó el desaliento:

«Yo creo que no», dijo al ser preguntado si hubo un momento peor en los últimos años, y añadió que «la poca vida que se veía los temporales de este año acabaron de matar casi todo».

Esa percepción se suma a una realidad objetiva: los bancos marisqueros son ecosistemas sensibles. A lo largo de las últimas décadas, episodios puntuales de mortandades han mostrado la fragilidad del modelo productivo ligado a condiciones ambientales; ahora, la concatenación de temporales intensos y variaciones bruscas de salinidad actúa como catalizador.

Repercusiones sociales y siguientes pasos administrativos

Más allá del daño ambiental, el golpe es económico y social. Muchas familias de las rías dependen del marisqueo como ingreso principal o complementario. La propuesta de la Xunta incluye también una reclamación al Gobierno central para que suspenda el pago de cuotas a la Seguridad Social de las mariscadoras durante el periodo en que no tengan ingresos, y recuerda que Galicia fue incluida en marzo en las zonas afectadas por una emergencia de protección civil, lo que abriría la puerta a ayudas estatales si el Ejecutivo lo decide.

A falta de la firma de los convenios por parte de las cofradías, no hay fecha determinada para los abonos. Fuentes consultadas en el sector advierten que la eficacia de las medidas dependerá de la agilidad administrativa y de la capacidad de gestión de los propios pósitos: no todas las cofradías disponen de la misma estructura para ejecutar proyectos de siembra, vigilancia y control de depredadores.

En el plano temporal, los mariscadores y responsables del sector calculan que la recuperación no será instantánea. Pérez Sieira advirtió que habrá que esperar «seis meses o un año» para que el marisco vuelva a crecer en los bancos más afectados, una predicción que condiciona la necesidad de combinar medidas compensatorias con políticas de resiliencia a medio y largo plazo.

También merece atención la dimensión preventiva. Si episodios de baja salinidad y temporales extremos se vuelven más frecuentes por el cambio climático, las estrategias deberán incluir no solo repoblaciones puntuales sino seguimiento científico continuado, restauración de hábitats y coordinación entre administraciones. Proyectos de biodiversidad y gestión ágil de intervenciones son pasos en esa dirección, pero carecen de sentido si no se aseguran fondos sostenibles y mecanismos rápidos de respuesta.

En definitiva, la inyección de 22,7 millones de euros supone un alivio y un reconocimiento de la gravedad del daño, pero la prioridad para las gentes del mar de las Rías Baixas es convertir ese impulso en actuaciones eficaces y rápidas. A la espera de la firma de los convenios y de posibles ayudas estatales, la tarea inmediata será limpiar, proteger reproductores y diseñar planes realistas que permitan que, dentro de meses, las bateas y los bancos marisqueros recuperen actividad y vuelvan a sustentar comunidades que llevan generaciones vinculadas al mar.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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