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La hostelería costera gallega encara la temporada con falta de personal y sin plazas donde alojarlo

Playa Os Castros, en A Mariña, abrirá con ilusión la próxima Semana Santa, pero la alegría de la reapertura camina en paralelo a una preocupación creciente: la dificultad para contratar fuera del entorno local y la ausencia de alojamiento para trabajadores temporales. Lo cuentan hostelero a hostelero en la costa lucense y en la ría de Arousa: la temporada ya no es un seguro de plantilla y la vivienda se ha convertido en un cuello de botella.

Temporada corta, plantillas frágiles

Después de catorce años al frente del chiringuito de la playa, Diego López repasa con cierto cansancio los cambios en el negocio. Su local, frente a la emblemática playa de As Catedrais, hará el pistoletazo de salida el próximo viernes para recibir la Semana Santa, si el tiempo acompaña. La clientela familiar y la especialización en pulpo, churrasco y sardinas le permiten sortear en parte la falta de cocineros; sin embargo, el problema es latente en sala y en servicios auxiliares.

«El tema del personal es difícil», admite López, que consigue retener a algunos trabajadores de un año para otro, pero no a todos. La explicación pasa por la estacionalidad: contratos garantizados solo unos meses al año hacen que muchos prefieran empleos más estables, a pesar de que la retribución veraniega pueda ser superior. Además, la base tradicional de mano de obra —estudiantes locales que buscaban un ingreso en verano— ya no funciona como antes. Quienes antaño rellenaban las plantillas estivales han cambiado hábitos o prioridades, y ya no piden trabajo en temporada alta.

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Más al sur, en la ría de Arousa y la comarca de Noia, la sensación es la misma. Manuel Tomé, responsable del chiringuito As Furnas en Porto do Son, arranca la campaña con una plantilla reducida: unos seis empleados entre los que se cuentan personas “conocidas de otros años” y el propio propietario que actúa como refuerzo. La previsión estival es llegar a diez trabajadores, pero la cocina sigue siendo un quebradero de cabeza. Tomé se resigna a tirar de él y de su mujer hasta que aparezca personal cualificado; teme que la temporada alta evidencie aún más la fragilidad de las plantillas.

«El personal tiene que ser del entorno, porque aquí no tienes manera de ofrecerles alojamiento»,

La frase anterior resume parte del problema y no es una excepción. La presión inmobiliaria sobre zonas costeras, sumada a la escasez de pisos turísticos regulados para uso laboral y a la competencia por el poco parque de vivienda disponible, obliga a los negocios a buscar personal entre la población local. En algunos casos, la alternativa es simplemente no abrir o hacerlo a media máquina.

Normativa, inspecciones y un sector en tránsito

Las novedades normativas impulsadas por la Administración autonómica permiten, por primera vez para muchos establecimientos, abrir de forma ininterrumpida desde Semana Santa hasta el 31 de octubre siempre que el clima lo permita. Es una oportunidad para alargar la temporada y mejorar la rentabilidad anual, pero no todos los negocios se beneficiarán. José Luis Falcón, que regenta dos chiringuitos con la marca A Boa Vida, cuenta que el de A Illa no podrá abrir porque depende de una concesión municipal aún no adjudicada. El de Outes esperará hasta San Juan, cuando concluye el curso escolar y aumentan las probabilidades de público y buen tiempo.

El Clúster Turismo de Galicia observa con atención la situación y apunta a otro factor que está gravando al sector: el absentismo entre los trabajadores que sí se contratan. Su diagnóstico es que el problema del talento ya no es solo encontrar personal, sino mantenerlo. En paralelo, celebran que la Xunta incremente el control sobre los negocios a pie de playa, porque obligar a la inscripción en Turismo y a cumplir unos estándares y revisiones puede elevar la calidad del servicio y la imagen del destino.

Sin embargo, más inspecciones y certificaciones no solventan la realidad cotidiana: sin mano de obra disponible y sin alojamiento, muchos chiringuitos seguirán dependiendo de vecinos y trabajadores “de la comarca”. Es una solución que funciona a corto plazo, pero que limita la capacidad de crecimiento y la diversidad de ofertas en zonas cada vez más demandadas por visitantes.

Consecuencias y próximos pasos

Las repercusiones alcanzan a distintos frentes. En el plano económico, la falta de plantilla puede traducirse en menor oferta de servicios, horarios reducidos y pérdida de clientes; en el social, la dependencia del personal local alimenta tensiones sobre costes y disponibilidad; en lo turístico, la percepción de que la Costa da Morte o A Mariña no pueden garantizar servicios estables afecta la competitividad frente a otros destinos. Ya hay empresarios que prefieren no abrir a mitad de temporada para no asumir costes con plantillas insuficientes.

Las propuestas para aliviar la situación pasan por medidas concretas: promover alojamientos temporales para trabajadores, incentivar la contratación con esquemas que combinen estabilidad y estacionalidad, y mejorar la coordinación entre ayuntamientos y plataformas públicas para poner a disposición pisos de uso laboral. También se señala la necesidad de formar en oficios de hostelería para cubrir puestos de cocina y jefatura de sala, donde la falta de personal cualificado es más notoria.

Este invierno la cuestión ha subido varios escalones en la agenda de patronales y administraciones. A falta de confirmación sobre medidas concretas, los hosteleros actúan con prudencia. Algunos, como Falcón, prefieren esperar al verano y abrir cuando el flujo de bañistas sea real; otros arrancarán con lo justo y confiarán en que la primavera traiga refuerzos. La temporada se presenta, otra vez, como un examen de resistencia para un sector que en Galicia tiene una importancia económica y cultural histórica.

Dejarán las barracas abiertas y las mesas en la terraza, pero detrás de cada sombrilla habrá este año más preguntas que respuestas: ¿podrán los negocios costeros mantener la calidad sin ampliar plantillas? ¿A quién se recurre cuando los estudiantes ya no son la cantera? Y, sobre todo, ¿quién dará techo a quienes efectivamente quieran trabajar durante el verano? Mientras se buscan soluciones, los chiringuitos seguirán siendo testigos de una transformación más profunda de la vida en la costa gallega.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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