Alicia Cerrada, pianista y compositora, impulsa en Vigo un taller coral que en seis meses ha reunido a vecinos de todas las edades para aprender a cantar en grupo, componer, improvisar y explorar la voz como herramienta creativa. El grupo se reúne los martes durante una hora y media en la planta baja de La Galería Jazz, cuenta con 18 personas y abona una cuota simbólica de 20 euros al mes. La propuesta, informalmente bautizada como El Taller Coral, busca fomentar la inclusión cultural en escenarios tan conocidos de la ciudad como el Café Uf o la Ronda de don Bosco.
Un laboratorio de voces y creatividad
La idea nació tras la experiencia de Cerrada acompañando al piano a la Coral Casablanca. Aquello le abrió la puerta a un interés por las voces que terminó traduciendo en un taller donde no sólo se aprende técnica vocal, sino también a componer y a crear arreglos colectivos. “Me apetecía crear un espacio donde se uniesen la creatividad y el canto”, explica la impulsora del proyecto, que combina ejercicios de improvisación con el aprendizaje de armonías y la elaboración de mashups: fusiones que permiten mezclar melodías y estilos en una sola pieza.
“De repente, me empezó a encantar el mundo de las voces, por lo que decidí crear algo similar a un coro, aunque no lo es como tal. No tiene nombre realmente, pero lo llamo El Taller Coral porque hacemos y aprendemos música, pero también sobre creatividad y practicamos ejercicios de creación de canciones.”
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La diversidad del repertorio es una de las señas del grupo. Se trabajan canciones en gallego, inglés, castellano, italiano y brasileño, buscando no sólo variedad lingüística sino también la mezcla de culturas que representa la ciudad portuaria. Cerrada subraya que el humor y el disfrute forman parte del método: “Se traduce en bienestar musical. Es un lugar donde la gente disfruta y canta”, dice, al tiempo que agradece la cesión del local por parte de quienes gestionan La Galería Jazz.
Los testimonios de los participantes confirman esa atmósfera. Martina, de 38 años, habla del taller como de “un espacio seguro donde cultivar y compartir el amor por la música”; Miguel Eremos, de 46, lo llama “un oasis de paz en medio del caos”; Lucía Loureiro, de 33, destaca el dinamismo y la técnica; y Fran Grassi, de 49, recuerda la dimensión comunitaria del canto: “Cantar en grupo tiene reminiscencias ancestrales, de comunidad, algo que hoy suena subversivo.”
Raíces y ecos en la tradición coral gallega
Vigo y la provincia de Pontevedra tienen un tejido coral consolidado desde hace décadas. No es la primera vez que surgen propuestas que buscan acercar la música vocal a públicos amplios, pero El Taller Coral lo hace desde una óptica híbrida: no pretende ser una coral clásica, sino un laboratorio donde conviven amateurs y profesionales, familias y personas a título individual. Ese cruce intergeneracional —en el grupo hay desde niños de 8 años hasta personas de 70— aporta texturas distintas y permite trabajar arreglos con mayor riqueza tímbrica.
En la historia local, las corales han tenido un papel central en la vida comunitaria, desde fiestas de parroquia hasta temporadas en auditorios. El proyecto de Cerrada retoma esa tradición y la actualiza con ejercicios de composición colectiva y la práctica de mashups, un recurso moderno que permite dar nueva vida a canciones conocidas y explorar solapamientos culturales. El resultado es una puesta en valor de la voz como instrumento colectivo y una alternativa a las fórmulas instituidas de la enseñanza musical.
La dimensión social del taller también merece atención. En una ciudad con tensiones derivadas del urbanismo, la desigualdad y los cambios en el tejido industrial, iniciativas como ésta crean espacios de encuentro. No solo se trata de aprender a afinar o leer partituras: se construye convivencia artística entre personas de oficios y trayectorias muy distintas, algo que para muchos participantes se traduce en bienestar y en nuevos lazos vecinales.
Próximos pasos: conciertos, expansión y visibilidad
El Taller Coral ya tiene puesta de largo: el 21 de abril ofrecerá una presentación en La Galería Jazz y prepara otra actuación a finales de junio al aire libre, probablemente en la Ronda de don Bosco. La experiencia navideña en el Café Uf dejó huella entre los asistentes y les ayudó a enfrentarse al público; según cuenta Cerrada, el día de su cumpleaños los participantes acudieron a cantar y sintieron el efecto de ser escuchados por la ciudad.
La intención de la directora es ampliar el grupo y llevar la propuesta a otros espacios municipales y culturales: ha mantenido conversaciones para organizar un taller estival en la Fundación Sales, que ha mostrado interés aunque aún no hay fechas cerradas. Ampliar las voces es también una cuestión práctica: cuantos más cantantes haya, más posibles combinaciones tímbricas y más ambiciosos podrán ser los arreglos.
El coste para quienes participan es simbólico, lo que facilita la accesibilidad. La cuota mensual de 20 euros cubre el mantenimiento del espacio y la labor docente, pero el proyecto clama por mayor apoyo institucional para crecer. Según fuentes cercanas al grupo, existe voluntad de colaborar con centros educativos y asociaciones vecinales para integrar voces nuevas y consolidar un calendario de actuaciones para el próximo curso.
Más allá de las actuaciones, el valor de iniciativas como la de Cerrada reside en su capacidad para devolver la música a la esfera comunitaria y para recordar que la cultura no solo pasa por grandes instituciones. Si Vigo quiere reforzar su oferta cultural de base, la ciudad tendrá que atender propuestas que nacen del trabajo cotidiano y del voluntariado creativo. En ese terreno, El Taller Coral ofrece un ejemplo modesto pero potente de cómo la música puede articular convivencia y dar visibilidad a la diversidad sonora de la ciudad.
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