Santiago de Compostela — La actividad inmobiliaria en Galicia arrancó el año con un frenazo. En enero se inscribieron 2.263 operaciones de compraventa de vivienda, un 1,7% menos que en el mismo mes del año anterior, según los datos oficiales del primer mes de 2026. Ese retroceso moderado contrasta con la fuerte subida que registró la comunidad en 2025, cuando las operaciones aumentaron un 14,2% y se alcanzaron 27.035 compraventas en el conjunto del año, cifra solo superada durante el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2007.
Qué pasó en enero: datos y composición de las operaciones
Aunque la caída porcentual es relativamente pequeña, el dato pone fin a la tendencia ascendente que marcó el ejercicio anterior. De las 2.263 compraventas registradas en enero, la inmensa mayoría correspondieron a viviendas libres (2.221), mientras que las protegidas apenas supusieron 42 operaciones. Atendiendo a la antigüedad, se vendieron 584 viviendas nuevas y 1.679 usadas, lo que subraya que el mercado sigue sustentado por la segunda mano.
Si ampliamos la radiografía del mes, en Galicia se realizaron un total de 4.171 operaciones sobre viviendas, que incluyen, además de las compraventas, 879 herencias, 25 donaciones y 10 permutas. En el conjunto de fincas transmitidas durante enero las cifras ascienden a 11.042: 7.940 urbanas y 3.102 rústicas. Entre las fincas urbanas, se contabilizaron 4.214 compraventas, 1.525 herencias y otras operaciones diversas; en el ámbito rústico, las herencias fueron mayoría con 1.009 transmisiones frente a 726 compraventas.
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Conoce más →La caída registral en Galicia es menor que la media estatal, donde la compraventa de viviendas retrocedió alrededor de un 5% en enero. Doce comunidades autónomas anotaron descensos, y Galicia figura con la disminución más moderada entre ellas. Comunidades como Canarias, Madrid y Asturias sufrieron descensos mucho más pronunciados, por encima del 14% y llegando al 22% en el caso canario.
Por qué se modera el mercado: factores locales y comparaciones
Varios elementos ayudan a explicar este punto de inflexión. Enero suele ser un mes más lento en la cadena de compraventa por la propia estacionalidad y el calendario fiscal, pero en 2026 se añaden otras variables: la moderación de la demanda tras el fuerte crecimiento de 2025, la persistencia de costes de financiación algo más altos que en años recientes y la rigidez de la oferta en segmentos clave como la vivienda protegida.
En términos regionales, el mercado gallego mantiene particularidades que lo diferencian del resto de España. La elevada proporción de vivienda usada y la importancia del medio rural condicionan la dinámica. No es casualidad que en enero se transmitieran más fincas rústicas de las que se suelen ver en regiones urbanas: la tradición de transmisión familiar del patrimonio rural y el interés por segundas residencias en la costa y las Rías continúan marcando la pauta.
Fuentes del sector consultadas en Vigo y A Coruña apuntan además a una demanda más selectiva: compradores que esperaron la recuperación de 2025 ahora buscan precios más ajustados o mejores condiciones hipotecarias. La respuesta bancaria, en enero, mostró signos de mayor cautela a la hora de abrir nuevas líneas, pese a que otras variables del mercado, como la contratación hipotecaria, han registrado cifras positivas en los arranques recientes.
Repercusiones y próximos pasos: qué esperar en los próximos meses
El retroceso de enero no implica necesariamente una inversión de tendencia a largo plazo, pero sí obliga a la administración autonómica y a los agentes del sector a reevaluar prioridades. La baja representatividad de vivienda protegida en las transacciones pone sobre la mesa la urgencia de ampliar la oferta asequible en áreas metropolitanas y en poblaciones con mayor presión sobre los precios, como partes de la ría de Vigo o los alrededores de Santiago.
Políticas públicas dirigidas a facilitar el acceso —desde incentivos fiscales hasta promoción directa de vivienda pública— serán vigiladas de cerca por compradores y promotores. A falta de anuncios concretos por parte de la Xunta, el sector privado podría acelerar promociones de obra nueva en municipios costeros y en barrios consolidados para aprovechar la preferencia por vivienda usada y la demanda de reposición.
Para el corto plazo, todo dependerá de tres variables: la evolución de los tipos de interés, la respuesta del mercado de alquiler (que influye en la decisión entre comprar o alquilar) y la capacidad de las administraciones para poner en marcha medidas que impulsen la vivienda protegida. Si los préstamos hipotecarios se abaratan levemente y el empleo mantiene ritmo, la previsión es que el mercado recupere parte del impulso perdido durante 2026.
El sector observa con atención también la comparación con otras comunidades. Mientras Navarra, La Rioja y el País Vasco presentan crecimiento, Madrid o Canarias muestran descensos severos que podrían repercutir en la movilidad de la demanda y en la inversión promotora a nivel nacional. Galicia, por su parte, se sitúa en una posición intermedia: moderación pero con una base de mercado todavía sólida tras el buen año de 2025.
En definitiva, enero de 2026 deja a Galicia en una fase de ajuste. No es la primera vez que el mercado inmobiliario gallego exhibe oscilaciones entre lo urbano y lo rural, entre lo nuevo y lo usado. Los próximos trimestres dirán si este retroceso de inicio de año es una simple pausa estacional o el preludio de una reconfiguración más profunda del mercado en la comunidad.
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