Tras la reunión celebrada este miércoles con la dirección, el comité de empresa de Alcoa ha recibido la fecha definitiva para completar el proceso de rearranque de la planta de Aluminio de San Cibrao: el próximo 7 de abril. La confirmación, trasladada por responsables de recursos humanos, llega después de un proceso que se inició en 2024 y que ha estado marcado por parones técnicos, conflictos laborales y la falta de una inversión clave todavía pendiente.
Cómo ha sido el proceso y qué queda por hacer
El rearranque arrancó con una primera fase entre enero y abril de 2024, cuando se reactivaron 32 de las 512 cubas que conforman la línea de fundición. La segunda fase prosiguió con el compromiso de dejar la fábrica operativa al 100% el 1 de octubre del mismo año. Sin embargo, el plan sufrió un traspié en abril, cuando una incidencia nacional —un paro u otro suceso que provocó un corte de suministro— solidificó el metal en 27 cubas de las 41 que estaban activas entonces y obligó a la multinacional a detener temporalmente las operaciones para evitar daños mayores.
Según lo explicado al comité, la reapertura completa de la planta depende todavía de la instalación de un horno de cocción de ánodos de gran tamaño —una pieza estratégica para la producción— cuya puesta en marcha no ha sido completada. Ese proyecto está presupuestado en 109 millones de euros y, a falta de su ejecución, la empresa ha optado por retomar las cubas y seguir los trabajos complementarios que permitan alcanzar la plena capacidad.
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Conoce más →En la reunión de este miércoles la empresa confirmó que, si no surgen nuevos contratiempos, el rearranque finalizará el 7 de abril, dentro de trece días desde la fecha de la sesión informativa. El comité ha trasladado al personal la fecha y, según dijeron fuentes sindicales, mostró cautela ante la posibilidad de que nuevas incidencias técnicas o logísticas retrasen de nuevo el calendario.
“La empresa comunica el final del arranque para el día 7 de abril”, dijeron desde el comité tras la cita con recursos humanos.
Cuestiones laborales sin cerrar
Más allá de la parte técnica, la reunión abordó un paquete de reclamaciones laborales que el comité lleva tiempo planteando. Uno de los puntos más polémicos es el traslado de operarios del departamento de electrodos —donde se desmanteló el antiguo horno de cocción— a otras secciones de la planta. Los sindicatos exigen que quienes fueron cambiados vuelvan a su puesto original, argumentando que las tareas que ahora realiza personal subcontratado pueden y deben ser desarrolladas por la plantilla propia.
El comité criticó asimismo la decisión de la dirección de no permitir disfrutar «los días de exceso» durante la Semana Santa, una medida que ha generado malestar entre trabajadores que consideran que, tras años de incertidumbre y ritmos de trabajo intensos, merecen esos días de descanso. Fuentes cercanas al órgano sindical subrayan que aún restan por arrancar 14 cubas, que la empresa atribuye a labores de un departamento de anexos y que, según los representantes, deberían estar bajo responsabilidad de los electrodos.
Estas discrepancias no son nuevas. Desde la hibernación de la planta en enero de 2022, cuando el incremento de los precios eléctricos obligó a parar la producción, el binomio empresa–trabajadores ha vivido etapas de negociación tensa y acuerdos puntuales. El actual rearranque, aunque ha recuperado actividad y puestos, mantiene abiertas cuestiones de protección laboral y reparto de tareas que podrían tensar la relación si no se suavizan en las próximas semanas.
Antecedentes y el peso de la fábrica en A Mariña
La instalación de Alcoa en San Cibrao es uno de los pilares industriales de la provincia de Lugo y de la comarca de A Mariña. El cierre de 2022 supuso una sacudida económica y social cuyo recuerdo sigue vivo en los municipios ribereños: pérdida de empleo directo e indirecto, impacto en proveedores locales y presión política sobre administraciones autonómicas y estatales para encontrar soluciones que garanticen la competitividad energética de la electrointensiva.
El arranque parcial de 2024 devolvió esperanza, aunque con matices. La situación energética europea, la volatilidad de los precios de la electricidad y las exigencias medioambientales sobre el proceso productivo del aluminio han convertido la gestión de la planta en un reto técnico y financiero. A estas variables se suman las reivindicaciones laborales, que demandan seguridad y estabilidad para una plantilla acostumbrada a décadas de vaivenes.
Además, Alcoa ha reiterado que analiza opciones para la planta de Alúmina —otra fase del proceso industrial— una cuestión que condiciona la cadena completa de valor y la estrategia a medio plazo en la comarca. La decisión sobre esa unidad puede marcar la diferencia entre una reactivación plena y una operación parcial orientada solo al mantenimiento de capacidades.
Repercusiones y próximos pasos
Si el 7 de abril se cumple el calendario anunciado, el impacto inmediato será la normalización de turnos y, probablemente, la reincorporación de personal que quedó en situación de hibernación o recolocación temporal. En términos económicos, la plena actividad de la planta supondrá un alivio para proveedores y servicios asociados en Lugo, aunque también traerá consigo un notable incremento del consumo energético, que volverá a poner sobre la mesa la discusión sobre tarifas y garantías de suministro para la industria electrointensiva gallega.
En el plano político, la Xunta y los representantes municipales seguirán vigilantes. En los últimos años ha habido encuentros con el Gobierno central para negociar medidas de apoyo y esquemas regulatorios que permitan la viabilidad de estas plantas sin trasladar la factura a los ciudadanos. Lo que ocurra tras el 7 de abril será, en buena medida, determinante para las conversaciones futuras sobre inversiones y subvenciones.
Finalmente, queda por ver cómo evolucionan las relaciones laborales. Un acuerdo entre la dirección y los representantes de los trabajadores para resolver los traslados y controlar el uso de subcontratación sería la mejor garantía para evitar nuevas tensiones. Si no se alcanza, la vuelta a la actividad plena podría venir acompañada de movilizaciones o de nuevas demandas en los tribunales laborales, algo que nadie en A Mariña desea repetir.
El anuncio oficial de la finalización del rearranque es una buena noticia sobre el papel, pero la realidad productiva y social de la comarca exigirá, a partir de la próxima semana, pruebas de que la maquinaria técnica y la convivencia laboral funcionan en sintonía. El 7 de abril será una fecha para comprobar si la planta de San Cibrao ha dejado atrás la larga temporada de incertidumbre o si, por el contrario, queda todavía trabajo por delante para consolidar una reactivación duradera.
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