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La oposición de Santiago tumba los presupuestos y aboca a Sanmartín a una cuestión de confianza

Los votos en contra del PP y las abstenciones del PSOE y ediles no adscritos impiden la aprobación de las cuentas para 2026

En un pleno extraordinario celebrado en el edificio del Concello, el intento de aprobar las cuentas municipales de 2026 se encontró este miércoles con un bloque inesperado que impidió su salida adelante. El rechazo decidido del principal grupo de la oposición, unido a la abstención del partido que hasta ahora colaboraba con el ejecutivo y de los ediles no adscritos, dejó al gobierno local sin la mayoría necesaria y obligó a la alcaldía a plantear de inmediato una cuestión de confianza.

La derrota de los presupuestos representa el momento de mayor tensión pública de un distanciamiento político que se venía notando desde el inicio del curso. Hasta los dos ejercicios anteriores, el gobierno había logrado el apoyo del pleno —aunque en 2025 eso se produjo tras una reconfiguración del grupo municipal—, pero esta vez no consiguió reunir los apoyos suficientes para sacar adelante unas cuentas que, en la hoja de ruta municipal, eran clave para ejecutar proyectos y compromisos adquiridos.

El pleno transcurrió con un marcado carácter político. La votación sobre las cuentas quedó definida por la oposición frontal del partido mayoritario en el arco de la derecha y por la abstención del partido que tradicionalmente había apoyado al ejecutivo en varias materias, además de la posición de los concejales no adscritos. Esa sumatoria de votos bloqueó el acuerdo y provocó la crisis institucional que desemboca ahora en la cuestión de confianza anunciada por la alcaldía.

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Desde el punto de vista institucional, la puesta en marcha de la cuestión de confianza abre un calendario político intenso. La convocatoria es una medida de alcance: busca forzar a la corporación a pronunciarse sobre la continuidad del equipo de gobierno con un pulso que puede redefinir mayorías y acuerdos en los próximos meses. La decisión de plantearla revela por parte del ejecutivo la intención de convertir la negativa a los presupuestos en un voto de respaldo político global.

En el ámbito municipal compostelano, la situación plantea varias incógnitas. Por un lado, está la negociación interna que deberá abrirse dentro de la propia bancada que sustenta al gobierno para intentar reconducir la relación con socios que han mostrado distancia. Por otro, la alcaldía necesita explorar a corto plazo vías con las fuerzas del pleno para intentar alcanzar una mayoría alternativa o, en su defecto, para justificar ante la ciudadanía la continuidad del proyecto de gobierno pese al rechazo de las cuentas.

El fracaso presupuestario también tiene implicaciones prácticas inmediatas. Sin unas cuentas aprobadas para 2026, la ejecución de inversiones y programas previstos puede encontrarse con restricciones y retrasos que repercutirán en proyectos urbanísticos, servicios y compromisos financieros. Aunque las administraciones disponen de mecanismos para funcionar ante la ausencia de presupuestos, la falta de un marco económico consensuado condiciona la capacidad del gobierno para impulsar iniciativas de calado.

La reacción en la calle y entre los colectivos locales podría ser sensible. Durante las últimas semanas se había generado expectativa en torno a determinadas partidas y actuaciones que el ejecutivo había anunciado como prioritarias; la incapacidad para aprobar las cuentas convierte esas promesas en dudas operativas, y aumenta la presión sobre la alcaldía para dar explicaciones y ofrecer alternativas.

Desde el punto de vista político, el episodio evidencia la fragilidad de la actual configuración municipal. La ruptura de la cohesión que en ejercicios anteriores permitió aprobar las cuentas ha dejado al descubierto la posibilidad de que el bipartito compostelano no pueda sostener su agenda sin reeditar acuerdos o sumar apoyos puntuales. La cuestión de confianza servirá, por tanto, para medir la capacidad de ese gobierno para reconstruir consensos o, por el contrario, para acelerar una reordenación del mapa político local.

Los próximos días serán clave. La alcaldía ahora debe decidir los pasos para la cuestión de confianza: la fecha, la exposición de motivos y la estrategia para atraer apoyos o justificar la permanencia en el cargo. Paralelamente, los grupos municipales que provocaron el bloqueo de las cuentas tendrán que explicar a sus electores tanto la motivación de su postura como la alternativa que plantean para garantizar el normal funcionamiento del Concello.

En cualquier caso, la sesión de este miércoles en Raxoi queda ya como punto de inflexión. Más allá del resultado técnico de la votación presupuestaria, el desenlace pone en evidencia una realidad política local con tensiones crecientes que obligará a los protagonistas a negociar o a asumir las consecuencias de una situación de inestabilidad que puede prolongarse si no se alcanzan acuerdos de mínimos.

Con información de medios gallegos

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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