La muestra recupera las imágenes en blanco y negro de Colita y los textos de Maria Aurèlia Capmany
El Auditorio de Galicia acoge desde hoy y hasta el 1 de agosto una exposición que recupera un volumen que, en su día, marcó tanto por su lenguaje visual como por la controversia que lo acompañó. Bajo el título Antifémina, la muestra reúne las fotografías en blanco y negro de una de las voces más reconocibles de la fotografía española del último medio siglo, acompañadas de los textos de una escritora clave del pensamiento feminista catalán. El proyecto llega a Santiago como paso de una reedición y una itinerancia impulsadas por sendas instituciones culturales de peso.
La puesta en escena fue presentada en el Pazo de Raxoi en un acto en el que participaron el comisario de la exposición y la responsable municipal de Cultura. La coherencia entre el libro y la exposición es evidente: se trata de trasladar a las salas el pulso visual y verbal de un trabajo que nació en los años setenta y que, por su tratamiento de temas relacionados con el género y lo cotidiano, vivió episodios de rechazo y censura en su momento histórico.
Contexto histórico y recorrido civil
El libro original, publicado en 1976, apareció en un momento de tránsito social intenso. Su título y su contenido jugaron entonces con una provocación deliberada hacia las convenciones y los tabúes de la época; el nuevo recorrido expositivo propone releer aquellas imágenes desde la perspectiva de hoy, cuando muchas de las grietas abiertas por la transición cultural ya forman parte del patrimonio crítico colectivo. La exposición invita a mirar ese proceso de cambio: cómo se configuró una mirada femenina —y sobre la mujer— en un entorno todavía rígido y cómo esa mirada sigue interpelando al presente.
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Conoce más →La fotógrafa, cuyo trabajo se documenta ahora con reconocimiento institucional, trabajó a lo largo de décadas con un interés sostenido por la escena cultural y la vida urbana, registrando personajes, situaciones y profesiones que rara vez aparecían en los grandes relatos oficiales. Su archivo y su sensibilidad, reconocidos hace tiempo por museos y editores, cobran en Santiago una nueva lectura al mezclarse con la escritura crítica y ensayística de la autora que firmó los textos que acompañan las imágenes.
Diálogo entre imagen y palabra
El contrapunto entre fotografías y textos es uno de los ejes del montaje. La escritora aportó, en su momento, una reflexión que alimentó la lectura política y estética de las fotografías; ahora, en sala, esas palabras actúan como clave interpretativa y también como motivo para debatir los marcos desde los que se ha contado la historia de las mujeres en la cultura contemporánea. El resultado es una exposición que no pretende ser una mera antología histórica, sino una provocación a repensar narrativas y roles.
La edición que acompaña la muestra y la producción expositiva han sido impulsadas por dos agentes culturales que habitualmente trabajan en la recuperación y difusión de archivos fotográficos y ensayos críticos. Esa alianza de editoriales y centros de arte ha permitido que piezas originalmente concebidas para un libro recuperen su capacidad de conversación pública en un formato expositivo, con la posibilidad de abrir debates en torno a la memoria cultural y la censura.
Una ciudad que acoge memoria y debate
En Santiago, la llegada de Antifémina suma al calendario cultural una propuesta con ramificaciones locales: trae al público compostelano una pieza de historia cultural que conecta con reflexiones sobre género, libertad de expresión y memoria reciente. La presentación municipal subraya el interés por integrar en la oferta cultural exposiciones que, además de mostrar obra de calidad, planteen preguntas incómodas y necesarias.
El montaje, cuidado en su disposición y cronología, permite seguir la evolución de la fotógrafa y entender la obra de la escritora como un documento tanto literario como político. Para quienes busquen rastrear los nudos entre imagen y discurso, la exposición ofrece material visual abundante y una contextualización suficiente para situar el libro y su recepción en el mapa de la cultura postfranquista.
Visitar antes del cierre
El público compostelano y los visitantes que se acerquen a la ciudad tienen hasta el 1 de agosto para ver esta muestra. Más allá de la anécdota del libro que fue señalado en su día, la exposición plantea una lectura contemporánea: obliga a confrontar lo que fue censurado con lo que hoy entendemos como patrimonio crítico y a reflexionar sobre cómo las prácticas artísticas contribuyen a la transformación social. Es, en suma, una cita imprescindible para quienes siguen la historia reciente de la fotografía y para quienes creen que las imágenes siguen siendo una herramienta potente para el debate público.
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