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Los viajes de los gallegos caen un 12,6% en 2025, pero el gasto turístico sube y plantea dudas sobre la recuperación

Galicia vivió en 2025 un descenso notable en la movilidad de sus residentes: realizaron 8,3 millones de viajes, un 12,6% menos que en 2024, según los últimos datos oficiales. Al mismo tiempo, los gallegos aumentaron el desembolso en esos desplazamientos hasta los 2.660,4 millones de euros, un incremento del 2,4%. La contradicción entre menos viajes y mayor gasto abre interrogantes sobre la duración, el coste y el destino de los desplazamientos.

Los datos y lo evidente: menos salidas, más dinero por viaje

La contabilidad estadística muestra una doble cara. Las pernoctaciones de los viajes efectuados por residentes en Galicia se redujeron a poco más de 30,39 millones, una caída del 10,85% en comparación con 2024. Al mismo tiempo, la comunidad recibió 8,7 millones de viajes de residentes en el resto de España, un 14% menos, y las noches asociadas a esos desplazamientos descendieron por encima del 19%, hasta superar las 38,52 millones de pernoctaciones.

El equilibrio económico resulta llamativo: menos movimientos pero mayor volumen de gasto por parte de los viajeros gallegos. Los técnicos consultados apuntan a varios factores. Por un lado, la inflación y el alza de precios en transporte y alojamientos explican parte del incremento del importe global. Por otro, hay indicios de que los residentes optaron por viajes más largos o a destinos con mayor coste por noche —viajes al extranjero, escapadas a ciudades o estancias en alojamientos con tarifas más altas—, lo que aumentaría el gasto medio aún con menos desplazamientos.

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En el conjunto estatal, los viajes efectuados por residentes en España se quedaron en 175,7 millones, un 4,7% menos, mientras que el gasto total subió a 63.853 millones de euros (+2,6%). A nivel nacional también se aprecia la divergencia entre viajes internos, que bajaron un 6,1%, y desplazamientos al extranjero, que aumentaron un 5,2%. Esa mayor inclinación por viajes internacionales, con un gasto medio diario de 131 euros frente a los 66 del turismo interno, podría estar tras la subida del gasto en Galicia si una parte significativa de los gallegos viajó fuera.

Contexto regional: estacionalidad, Camino y la presión sobre el litoral

No es la primera vez que Galicia muestra una senda de recuperación irregular. La fortaleza del Camino de Santiago y del litoral ha sido tradicionalmente un sostén del sector, pero la distribución de la demanda varía y genera presiones distintas. El descenso de las pernoctaciones en viajes recibidos sugiere un flujo más reducido de turistas españoles que, en años previos, ayudaron a equilibrar temporada alta y media en zonas como las Rías Baixas o la Costa da Morte.

En ciudades como Santiago de Compostela o en los aeropuertos de Lavacolla, A Coruña y Vigo se siente la tensión entre temporada alta corta y periodos de menor ocupación. Empresarios del sector en la Ría de Arousa y en la Mariña lucense confirman, según fuentes del sector, que las reservas para escapadas cortas —puentes y fines de semana— han caído, mientras crecen las estancias de mayor duración con mayor desembolso por viaje. El efecto acumulado es una menor rotación de clientes pero una factura media por persona superior.

Demografía y estructura empresarial también pesan. Galicia es una comunidad envejecida y con un tejido turístico dominado por pymes y alojamientos rurales; cuando suben los costes energéticos o los precios de los suministros, la oferta se ve obligada a trasladar parte del incremento al consumidor, afectando especialmente a los viajes cortos y al turismo de proximidad.

Repercusiones y desafíos: del marketing a las infraestructuras

Las cifras empujan a la Xunta y a los actores privados a revisar estrategias. Un descenso en la llegada de turistas españoles, con un vigoroso retroceso de pernoctaciones, es una llamada a diversificar mercados y a alargar la temporada. La apuesta por productos de valor añadido —enogastronomía, turismo activo, experiencias vinculadas al Camino fuera del tramo clásico— podría compensar la caída de volumen con un mayor ingreso por visitante, pero exige inversión y coordinación promocional.

La mejora de conectividad interior también aparece en las conversaciones: reforzar trenes regionales, optimizar conexiones de cercanías con los principales nodos aeroportuarios y planificar campañas de promoción que apelen tanto al público estatal como al internacional. No es menor la cuestión de la sostenibilidad: la presión sobre entornos frágiles durante el verano y la necesidad de rentabilizar la demanda fuera de temporada obligan a pensar en modelos menos dependientes del pico estival.

«Este año hemos tenido menos fines de semana ocupados, pero quienes vienen gastan más y se quedan más. Eso ayuda a la caja, pero no compensa la caída de volumen: necesitamos turismo estable todo el año», explica un hostelero del litoral pontevedrés.

Además, la divergencia entre subir el gasto total y bajar los viajes plantea un reto para las cuentas públicas locales: menor afluencia puede traducirse en menos ingresos directos (tasas, impuestos ligados a ocupación) y menos movimiento económico en pequeñas localidades que dependen del turismo estival. Paralelamente, una mayor factura por viaje puede reflejar también mayor capacidad de gasto de una parte de la población, ampliando la brecha entre destinos orientados al turismo premium y aquellos que viven del turismo familiar y de proximidad.

Mirando al verano próximo, el sector y las administraciones tendrán que combinar mensajes de promoción con medidas concretas para incentivar la demanda fuera de temporada: ferias, paquetes combinados vinculados a la gastronomía gallega, y una mejor articulación del transporte público. También sería prudente vigilar la evolución de indicadores clave como gasto medio por viaje, duración media de estancias y procedencias, para adaptar la oferta con rapidez.

Sea cual sea el resultado, los datos de 2025 dejan claro que la recuperación postpandemia no sigue un trayecto lineal. Galicia sigue siendo un destino con activos singulares —mar, monte, patrimonio jacobeo y una oferta gastronómica reconocida—, pero transformar esos recursos en un sector turístico equilibrado y resistente exigirá más coordinación entre administraciones, empresas y el propio territorio. A falta de confirmación oficial sobre medidas concretas, la temporada que viene será el termómetro que medirá si los mayores ingresos por viaje pueden sostener un turismo más pausado y rentable o si hacen falta cambios de fondo en la política turística gallega.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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