Seis años de espera han terminado en Bouzas. Este Domingo de Ramos, la tradicional procesión de La Borriquita volvió a recorrer las calles del barrio, devolviendo a vecinos y visitantes una estampa que había quedado interrumpida desde 2020.
Un regreso sentido en el barrio
Quien paseó por la Plaza de la Iglesia y la calle Eduardo Cabello lo notó: la procesión recuperó el pulso perdido. Niños con palmas, vecinos en las aceras y la imagen avanzando sobre el paso hicieron que la tarde tuviese un aire de reencuentro. Tras el paréntesis impuesto por la pandemia y las dificultades organizativas posteriores, la salida de La Borriquita devolvió a Bouzas una tradición que muchos temían perdida.
No es menor el dato temporal: la última salida se produjo en 2020 y, desde entonces, el calendario del barrio se había visto alterado por cancelaciones y cambios. Un responsable parroquial explicó que la implicación de voluntarios y de las familias fue decisiva para que este Domingo de Ramos se materializara. Una vecina, en la puerta del templo, celebraba el momento mientras sujetaba la palma de su nieta; sentido y emoción se mezclaban en la plaza.
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Conoce más →La logística detrás de una procesión
Basta con mirar detrás de la estampa: organizar una procesión exige permisos, coordinación de tráfico, acuerdos con la autoridad municipal y horas de trabajo de quienes visten el paso y ensayan la salida. Fuentes municipales indicaron que el dispositivo de seguridad y la coordinación con la parroquia se ajustaron para que el recorrido transcurriera con normalidad. La colaboración entre asociaciones vecinales, comerciantes y voluntarios resultó, según responsables locales, determinante.
A nadie se le escapa que las procesiones son también un evento social. En Bouzas, la participación de los más pequeños convierte a La Borriquita en un acto familiar que atrae a personas de todo Vigo. Recuperar ese componente infantil era una de las prioridades señaladas por quienes trabajaron para que la imagen volviese a salir este 2026.
Semana Santa en clave local y regional
Lo cierto es que la vuelta de La Borriquita se inscribe en un movimiento más amplio: otras localidades de las Rías Baixas también han celebrado actos religiosos y populares estos días. Basta con mirar la intensa agenda cultural y festiva en Vigo, donde, entre otras citas, se representó la expulsión de los franceses en la Fiesta de la Reconquista. El buen tiempo que acompaña la Semana Santa ha ayudado a que las plazas se llenen y los cortejos recuperen presencia.
Pocas veces una procesión vuelve con tanta carga simbólica. No se trata solo de la imagen en la calle, sino de la recuperación de la vida comunitaria que la rodea: ensayos, talleres para niños, coordinación de bandas y la actividad comercial del barrio que se beneficia de la movilización vecinal. El ambiente que se vivió en Bouzas es, por tanto, una mezcla de fe, tradición y reactivación social.
Mirar adelante: retos y oportunidades
Con el regreso de La Borriquita, Bouzas encara una Semana Santa con expectativas renovadas. Un alto cargo municipal afirmó que el Ayuntamiento mantiene el apoyo a las celebraciones tradicionales y que el objetivo es facilitar su continuidad sin que el peso recaiga exclusivamente sobre las parroquias. La sostenibilidad de estas manifestaciones culturales pasa por implicar a más generaciones y por asegurar recursos mínimos para su organización.
Demasiado tiempo sin procesiones ha dejado lecciones. La coordinación entre instituciones y colectivos locales ha de ser más fluida; la implicación de los jóvenes, imprescindible. La memoria colectiva del barrio exige que la
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