Antonio, 21 Años: «fui Alcohólico y Drogadicto. mis Padres Estaban Desesperados, yo Quería Parar Pero no Podía»

Antonio, 21 Años: «fui Alcohólico y Drogadicto. mis Padres Estaban Desesperados, yo Quería Parar Pero no Podía»

Los últimos acontecimientos relacionados con antonio, 21 años: «fui alcohólico han generado un intenso debate en la opinión pública. Analistas y especialistas coinciden en señalar que nos encontramos ante un punto de inflexión que podría marcar el rumbo de los próximos meses.

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Los detalles que han emergido revelan una situación compleja que requiere un análisis detallado. A sus 21 años, Antonio no duda en reconocer, en una mezcla de orgullo y nostalgia, que tuvo una infancia feliz por vivir con sus padres y sus dos hermanos, dos y tres años menores que él, por ir a un colegio privado bilingüe y ser buen estudiante. Su vida idílica y tranquila comenzó a tambalearse con la llegada de la adolescencia. «Tuve una novia muy pronto, a los 14 años, y se convirtió en una relación tóxica por la excesiva dependencia, los celos, el control por mi parte… No supe gestionar todo aquello y mi autoestima llegó a estar por los suelos«. De vez en cuando Antonio quedaba con sus compañeros de clase. Pero la situación empeoró. «Cuando nos juntábamos tomábamos alcohol, y la bebida comenzó a convertirse en mi refugio para encontrarme mejor y aliviar mis tensiones emocionales. Me hacía sentir con mejor autoestima, con menos vergüenza… Al poco empecé a fumar porros como consecuencia de esa sensación de libertad que te da estar ebrio«. A los 17 años, el consumo de bebidas y los porros se convirtieron en un hábito prácticamente rutinario. Casi a diario, Antonio buscaba cualquier excusa para salir de casa, quedar con algún amigo y así poder fumar y beber. A los 18 ya probó MDMA (usualmente conocida como éxtasis, cristal…, de la familia de las anfetaminas). «Lo consumía como consecuencia de la pérdida de voluntad que provoca el alcohol«, reconoce. Con ese ritmo de vida, no tardaron en aumentar sus problemas. «Descuidé los estudios y mis notas cayeron en picado . En casa, mis padres, como buenos padres que eran, intentaban realizar lo posible e imposible para que me centrara, no saliera y estudiara. Pero mis preferencias eran claras: prefería beber a estudiar «. La desesperación de su familia fue en aumento. Llegaron a poner alarmas por toda la casa para evitar que se escapara, aunque él lo lograba saltando de noche por su ventana. Le quitaron la paga para que no pudiera comprar bebidas ni droga. Fue inútil. Él se las apañaba para robar en casa lo necesario para poder consumir. Antonio se sentía fuerte y valiente con este estilo de vida, «aunque en el fondo yo era consciente del problema que tenía y lo que causaba en mi familia». Sus padres no eran bebedores, sólo muy puntualmente tomaban una copa de vino. «Tuve una tía alcohólica a la que vi en ocasiones montando escenas muy vergonzosas por culpa del alcohol, pero ni eso me hacía reaccionar para dejar de beber. Mis amigos me decían «para ya, ¿no te das cuenta de que no controlas? Se te va de madre«. No sólo no dejé de beber o consumir drogas, sino que el alcohol me abrió la puerta a la ludopatía tanto en locales físicos como en juegos online». En casa se elevó considerablemente el tono de las discusiones. «Mis padres estaban desesperados, no sabían cómo pararme los pies, las broncas eran continuas, las faltas de respeto… Alguna vez intenté beber menos para no perder el control de mi voluntad, pero al final no era extraño que acabara de nuevo tirado en un banco de la calle. Yo quería parar, pero no podía». Un día, sus padres le pillaron in fraganti en casa. Estaba robando un objeto familiar muy valioso. «Me pararon los pies. Me dieron un ultimátum: o te vas a la calle o te ingresamos en un centro de rehabilitación. En junio de 2023, Antonio cogió un avión acompañado por su padre directo a Cádiz para ingresar en el centro Esvidas . Allí, tras hablar con el encargado, su padre se marchó. «Se cerró la puerta del centro frente a mí. Fue una despedida muy, muy dura. Yo me encontraba solo, lejos de mi casa, en un lugar desconocido. Tenía mucho miedo. Había dejado atrás a mi familia, a la que la noche anterior reuní en el salón para explicarles mi realidad, todo lo que no les había contado y que yo había hecho. Sólo conocían un 20% de lo que me ocurría y hacía, y les conté el otro 80%. Les hice mucho daño, pero necesitaba quitarme esa máscara que me oprimía«, reconoce aún con cierto dolor en su voz. Tras esa puerta que se cerró, se abrió otra: la de la esperanza. En el centro le dijeron que era hora de cambiar todo: la manera de pensar, de actuar, de gestionar las emociones que había estado tapando con la bebida… De enfrentarse a sus demonios. Y, todo eso, bajo los efectos de la abstinencia. Explica que lo primero que le impusieron fue una rutina. «Allí había otros jóvenes como yo y también personas de hasta 60 años. Nos levantábamos a las 7 de la mañana y realizábamos una meditación de 10 minutos, desayunábamos, ordenábamos y limpiábamos nuestra habitación y el baño. Después teníamos una hora de gimnasia porque el deporte es fundamental para rehabilitarte y sentirte mejor. Comíamos cinco veces al día y también hacíamos tareas propias del centro en la cocina, la lavandería… Yo no había limpiado nunca en mi vida, pero como todo lo hacíamos en grupo me resultaba más fácil y ameno. También había terapias grupales por las tardes donde me di cuenta de que todos los que estábamos allí éramos adictos a algo porque no sabíamos gestionar los problemas de la vida. Y por eso consumíamos lo que fuera. Tenemos esa incapacidad, porque es una enfermedad mental, que nos lleva a necesitar sustancias para creer que nos sentimos mejor«. Por las tardes tenían tiempo de ocio para jugar al pin-pon, ir a la piscina… y después a un taller de lectura y escritura terapéutica. «Allí, por ejemplo, escribíamos la historia de nuestra vida basada en emociones para poseer más consciencia de lo que nos ha pasado. Aprendimos en dinámicas a decir cómo nos sentimos y a saber pedir ayuda«. Reconoce que durante su estancia, sobre todo en las primeras semanas, se acordaba de las fiestas a las que estaba acostumbrado a ir. Las echaba mucho de menos. «no obstante, cuando pasó el primer mes ‘limpio’ de alcohol, noté un cambio significativo en mi salud. De repente me di cuenta de que comía bien, de manera ordenada y saludable, que tenía más salud, mayor higiene, algo que anteriormente había descuidado. Y, entonces, fui consciente de mi mejoría, pero también me doy cuenta de todo lo que había liado: las mentiras, las discusiones, las faltas de respeto a mi familia… Pero, asimismo, nació un sentimiento de culpa por todo ello, y me volvieron las ganas de consumir para superar tanto dolor. Y es que cuando te rehabilitas si tienes ganas de consumir es un tabú, nadie suele reconocerlo pero es normal que en la abstinencia vengan esas ganas que nadie quiere contar«. Tras tres meses ingresado, Antonio pasó, dentro de este programa de recuperación, a los denominados ‘pisos terapéuticos’. Son pisos en los que está con otros 4 o 5 compañeros en la misma situación, pero sin la presencia de monitores ni terapeutas. «La idea es que seamos autónomos y nos manejemos en el día a día con todo lo que hacemos y con el dinero para acercarnos lo máximo posible a la vida real». Una de las situaciones más duras fue salir a la calle y pasar al lado de las terrazas de los bares donde había gente consumiendo, o por delante de la puerta de las casa de apuestas. «Te impacta. Una parte de ti quiere sentarse también a tomar algo o a apostar. Después, en terapia se confiesa este sentimiento y te ayudan a comprender que es normal sentirse así, pero que no se puede realizar porque eso nos desmontaría de nuevo nuestra vida. La diferencia es que hay personas que ‘controlan’ y pueden sentarse a tomar una copa o dos; yo no. Yo bebo, me da placer, me desinhibo y no tengo fondo cuando empiezo a consumir. He tenido que aceptarlo con el tiempo«. Antonio lleva dos años en este centro de Chipiona. En el último se ha sacado su carnet de conducir, el C1 de inglés y ha realizado labores de voluntariado enseñando español a personas inmigrantes. Ahora trabaja en el centro Esvidas para ayudar a otras personas recién llegadas a establecer sus rutinas y a acompañarles con su ejemplo de superación. De un pasado negro ha conseguido aportar luz a su camino y en breve comenzará un curso sobre cómo superar adicciones para poder ayudar a quien lo necesite y, asimismo, tiene previsto, empezar la carrera de Psicología. «Ya es hora de que me centre porque mientras bebía cambié cuatro veces de carrera porque no tenía rumbo fijo. Ahora, y con el proceso de superar mi adicción, he ganado muchos valores : disciplina, fuerza de voluntad, responsabilidad, respeto, sinceridad, naturalidad al mostrarme como soy en mis relaciones sociales, sé pedir ayuda, ponerme límites…«. Tras esta dura experiencia en su corta vida, añade que a los padres de chicos que estén como él lo estaba hace unos años, les diría «que no minimicen ni hagan la vista gorda ante un problema de alcoholismo. Que no tengan vergüenza de pedir ayuda. No se puede normalizar beber tanto y menos a edades tan tempranas. El problema es que hasta que un hijo no pide ayuda, no va a aceptar la ayuda que le están ofreciendo sus padres«. Según Antonio, los padres «deben dar a estos hijos amor del duro: dejarles sin salir, quitarles la paga… para que se den cuenta de todo lo que pierden por su consumo. A mis padres les hice depender de mi adicción. Todo el tiempo tenían que estar pendientes de mí, yo era el ombligo del mundo. Es lo que se denomina como coadicción. Yo era una fuente de conflictos continua. Cuando me fui de casa e ingresé en el centro, ellos consiguieron estar más unidos sin mí, dejaron de discutir por mi culpa. Hoy, mis padres y mis hermanos están muy orgullosos de mí porque ven que he luchado y que he encontrado mi sitio superando mis adicciones«.   Esta información, confirmada por fuentes cercanas al desarrollo de los acontecimientos, subraya la importancia de mantener una perspectiva informada sobre el tema.

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Es importante destacar que este tipo de situaciones no ocurren en el vacío. Los antecedentes históricos y el contexto socioeconómico actual juegan un papel fundamental en la comprensión completa de estos eventos. Expertos en la materia han señalado que la convergencia de múltiples factores ha creado las condiciones propicias para el desarrollo actual de los acontecimientos.

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Desde diferentes sectores se han alzado voces que ofrecen perspectivas variadas sobre el tema. Mientras algunos analistas mantienen una visión optimista sobre las posibles resoluciones, otros advierten sobre los desafíos que podrían surgir en el corto y medio plazo. Esta diversidad de opiniones refleja la complejidad inherente a la situación.

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Impacto en Galicia

La sociedad gallega, conocida por su capacidad de adaptación y resiliencia, observa estos desarrollos con atención. Desde las universidades de Santiago, A Coruña y Vigo, hasta los centros de investigación y desarrollo, se están generando análisis y propuestas que podrían influir en la respuesta regional a estos acontecimientos.nn

Análisis en Profundidad

Un examen detallado de la situación revela múltiples capas de complejidad que merecen consideración. Los expertos consultados han identificado al menos tres dimensiones clave que deben tenerse en cuenta al evaluar estos desarrollos.nn

En primer lugar, la dimensión económica no puede ser ignorada. Los mercados han reaccionado con una mezcla de cautela y expectativa, reflejando la incertidumbre inherente a la situación actual. Los indicadores económicos sugieren que podríamos estar ante un período de ajustes significativos.

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En segundo lugar, el aspecto social presenta sus propios desafíos y oportunidades. La ciudadanía ha demostrado un nivel de engagement sin precedentes, participando activamente en el debate público a través de diversos canales. Esta participación ciudadana es vista por muchos como un signo positivo de la vitalidad democrática.

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Finalmente, la dimensión institucional requiere especial atención. Las organizaciones y entidades involucradas están trabajando para coordinar sus respuestas y garantizar que se mantenga la estabilidad necesaria para navegar estos tiempos complejos.

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Perspectivas Futuras

Mirando hacia adelante, es evidente que los próximos meses serán cruciales para determinar el curso de los acontecimientos. Los observadores coinciden en que estamos en un momento decisivo que podría definir tendencias a largo plazo.nn

La capacidad de adaptación y la flexibilidad serán elementos clave para navegar con éxito los desafíos que se avecinan. Tanto las instituciones como los ciudadanos deberán mantener una actitud proactiva y estar preparados para responder a desarrollos inesperados.

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En última instancia, el resultado dependerá de la capacidad colectiva para trabajar hacia soluciones constructivas que beneficien al conjunto de la sociedad. El diálogo, la cooperación y el compromiso con el bien común serán fundamentales en este proceso.

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