Un golpe invisible que vacía los bolsillos
La preocupación por el poder adquisitivo se ha colado en las conversaciones de mercado, en las tertulias familiares y hasta en los chistes con retranca. Lo cierto es que la inflación, la subida de los precios en bienes básicos y la tímida evolución de los salarios han provocado que la mayoría sienta que el sueldo llega menos lejos que nunca. A nivel nacional, la pérdida de poder adquisitivo es una realidad que ocupa titulares y, si miramos fuera, en Europa tampoco pintan bastos: Eurostat señala que la subida de precios en España ha sido de las más altas de la zona euro durante los últimos dos años.
Ahora bien, en Galicia la situación tiene sus propias aristas. La clase media gallega, tradicionalmente prudente y ahorradora, está notando el agua al cuello de forma particular. No es solo una cuestión de percepciones: los datos avalan esa sensación de morriña por tiempos en los que llegar a fin de mes no era un ejercicio de funambulismo.
Inflación gallega: una cuesta arriba más empinada
Según las cifras del Instituto Galego de Estatística, la inflación en Galicia cerró 2023 en el 4,1 %. Aunque pueda parecer una décima arriba o abajo respecto a la media nacional, el problema es que los salarios en la comunidad no han escalado a ese ritmo. El salario medio gallego ronda hoy los 1.400 euros netos, unos 200 euros menos que la media española. De hecho, si el precio de la cesta básica sube un 13 % en dos años pero los ingresos apenas avanzan un 3 %, el desequilibrio resulta evidente.
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Conoce más →Al hablar con familias en Ourense o Lugo, se repite el mismo comentario: “Hay que mirar dos veces antes de comprar carne o pescado, y el aceite ya es casi un lujo”. No es una exageración. En productos como el aceite de oliva, la subida ha sido del 54 % en el último año. Los productos frescos, tan presentes en la dieta gallega, no se libran tampoco. El pescado, pilar de la mesa en muchas casas de la terra, se encareció un 12 % solo en el último ejercicio. De fondo, la vivienda tampoco da tregua: alquilar un piso en A Coruña o Vigo cuesta hoy un 18 % más que en 2019, una subida que golpea sobre todo a quienes no tienen una propiedad en herencia.
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Ver planes de email →“Cada vez se nota más la diferencia entre lo que ganamos y lo que todo cuesta. Antes el sueldo daba para ahorrar un poco, ahora casi ni llega para los gastos fijos”, lamenta un responsable sindical gallego.
¿Puede la política aliviar la presión?
En este contexto, las miradas se dirigen a las propuestas políticas, especialmente a las del Partido Popular, que gobierna en Galicia y aspira a liderar el cambio en Madrid. Entre sus ideas principales está la rebaja de impuestos y la contención del gasto público, con promesas de alivio fiscal para las rentas medias. Sin embargo, los economistas gallegos se muestran cautos: una rebaja generalizada puede beneficiar más a quienes tienen mayores ingresos, mientras que la clase media, la de verdad —la que paga IRPF pero no puede permitirse lujos—, apenas lo notaría.
El PP ha planteado, por ejemplo, la deflactación del IRPF para ajustarlo a la inflación, pero expertos advierten que el impacto sería modesto en Galicia, donde el grueso de los contribuyentes ya tributa en los tramos más bajos. Por otro lado, la promesa de bajar el IVA en productos básicos podría tener efecto inmediato, aunque la experiencia reciente con el IVA de la electricidad mostró que el ahorro no siempre llega íntegro al consumidor final.
La clave, explican desde organizaciones sociales gallegas, está en combinar políticas fiscales con medidas de apoyo directo. Hablan de ayudas al alquiler, bonificaciones en transporte público o incentivos a la contratación estable. En una comunidad donde el empleo temporal sigue por encima del 23 %, tres puntos más que la media estatal, la seguridad laboral es también una pata clave para no perder poder adquisitivo.
El futuro: ¿costumbre o reacción?
Más allá de cifras y promesas, la sensación en la calle es la de “cada vez menos por más”. La morriña por una estabilidad que parece haberse esfumado flota en el ambiente. Si la tendencia continúa, el riesgo es que la clase media gallega —ese colchón que ha dado cohesión social durante décadas— se vea menguada o, peor aún, resignada a vivir con menos expectativas.
Mientras tanto, los expertos insisten en que la reacción tiene que ser rápida y adaptada a la realidad gallega. No basta con copiar recetas de Madrid o Bruselas. Aquí, donde la población envejece más rápido y los salarios nunca han sido boyantes, la solución pasa por reforzar el empleo de calidad, contener precios en sectores estratégicos y, por supuesto, pensar a largo plazo. La retranca gallega dice que “sempre choveu que non mollara”, pero esta vez, más vale abrir el paraguas antes de que el temporal sea irreversible.
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