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La amenaza de los pirómanos en los montes: cómo se vigilan y previenen los incendios intencionados en Galicia

La amenaza de los pirómanos en los montes: cómo se vigilan y previenen los incendios intencionados en Galicia

La sombra del fuego intencionado

Mientras en Madrid los focos se centran en la detención de un presunto pirómano reincidente en la Sierra de Guadarrama, en Galicia la mirada se vuelve hacia los montes con una mezcla de morriña y prevención. No es para menos. Lo cierto es que la comunidad gallega acumula una larga y dolorosa experiencia con el fuego, donde la mano del hombre, ya sea por negligencia o intencionalidad, ha sido protagonista en demasiadas ocasiones. La noticia de la capital, de hecho, resuena como un eco de tragedias pasadas en nuestra terra.

El perfil del pirómano no entiende de fronteras, pero en Galicia tiene su propia idiosincrasia. A menudo, detrás de las llamas no solo hay un desequilibrio psicológico, sino también viejas rencillas vecinales, conflictos por pastos o la especulación urbanística. Un 12 % de los incendios en la comunidad tienen causa intencionada, una cifra que, aunque pueda parecer baja, esconde un daño desproporcionado: son los que más rápido se propagan y los que más hectáreas arrasan. Cabe recordar que en el año 2006, una oleada de fuegos provocados dejó en vilo a toda la comunidad, con pérdidas millonarias en madera y biodiversidad.

La mirada vecinal como primera barrera

Frente a esta amenaza, la administración ha ido perfeccionando sus protocolos. La Xunta, a través de la consellería de Medio Rural, ha reforzado la vigilancia con drones y patrullas móviles durante la época de alto riesgo. Sin embargo, el verdadero pulso se gana en el día a día, en las parroquias. Allí, las comunidades de montes y las brigadas vecinales se han convertido en los ojos del territorio. “El mejor sensor es el vecino que conoce cada sendero y cada ruido extraño”, comenta un portavoz de una asociación de prevención de incendios de la provincia de Ourense. Esa retranca gallega, esa desconfianza sana, se ha transformado en un sistema de alerta temprana que ha evitado más de un desastre.

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“La prevención no empieza en los despachos, sino en la conversación de la taberna y en el cuidado del monte. Un vecino que vigila es más efectivo que cien cámaras”. — Portavoz de la Asociación de Comunidades de Montes de Galicia.

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Ahora bien, no todo es control social. La concienciación ha calado hondo, sobre todo entre los más jóvenes. Las campañas escolares sobre el valor del monte autóctono y el peligro de las negligencias están dando sus frutos. Pero la lucha es desigual. Los pirómanos, a menudo con un conocimiento profundo del terreno, actúan en horas de menor vigilancia o aprovechan las condiciones de viento y sequía. De hecho, la mayoría de los incendios intencionados se declaran entre las tres y las seis de la tarde, cuando el calor aprieta y la atención puede flaquear.

Un problema estructural con receta gallega

La comparación con lo ocurrido en Madrid sirve, al menos, para poner el foco en una realidad compartida. Pero en Galicia, el problema tiene una dimensión estructural. La pérdida de población rural ha dejado miles de hectáreas de monte sin gestión, convertidas en un polvorín. La maleza crece sin control y el combustible vegetal se acumula. Por eso, las medidas de prevención ya no se limitan a la vigilancia, sino que incluyen la creación de áreas de cortafuegos y el fomento de la ganadería extensiva como herramienta de limpieza del monte.

Al final, la mejor receta contra el pirómano es la que combina la tecnología con el conocimiento ancestral. Galicia ha aprendido a base de cicatrices. La sombra de los incendios de 2006, los de 2017 en las Fragas do Eume o los recientes en la Serra da Estrela, al otro lado de la raia, son lecciones que no se olvidan. Mientras en Madrid se investiga un caso, aquí se sigue trabajando para que la próxima noticia no sea la del fuego, sino la de un monte que vuelve a verdecer gracias a la vigilancia de todos.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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