El alcalde de Ourense calificó de violentos a los ediles del BNG y toda la oposición se levantó del escaño. La sesión municipal quedó suspendida por falta de cuórum, aunque antes pudo convalidarse un suplemento de crédito para las deudas del autobús urbano.
Difícil recordar un pleno municipal en Ourense que terminara tan literalmente vacío. La sesión de este viernes quedó suspendida después de que todos los grupos de la oposición abandonaran el salón de sesiones, en protesta por las palabras que el alcalde, Gonzalo Pérez Jácome, dedicó a los concejales del BNG, a quienes tildó de «etarras y violentos». Sin oposición en la sala y sin cuórum suficiente, no hubo más remedio que levantar el pleno.
Unas palabras que lo encienden todo
El origen del conflicto se produjo durante el transcurso ordinario de la sesión. En su intervención, el regidor acusó al PP y al BNG de sumar juntos y actuar de consuno, llegando a asegurar que los populares hacen causa común con los nacionalistas. No se quedó ahí: insistió en la comparación con la izquierda abertzale y remató con una frase soez que anticipaba el golpe final.
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Ver en Hotels.com → PublicidadLa reacción del grupo nacionalista fue inmediata. Su portavoz, Luis Seara, exigió al alcalde la retirada inmediata de los descalificativos, defendiendo que su formación es profundamente demócrata y rechazando de plano cualquier equiparación con la violencia terrorista. Una petición de disculpa que, lejos de calmar los ánimos, obtuvo justamente el efecto contrario.
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Jácome no solo retiró sus palabras: las reiteró. El alcalde volvió a calificar a los ediles del BNG de extremadamente violentos y les acusó de haber tomado por la fuerza la alcaldía de Allariz, añadiendo que están aliados con Bildu. Con la réplica, el pulso político se transformó en una batalla sin retorno posible dentro del salón.
Agotada la vía del diálogo, Seara y los otros tres concejales nacionalistas se levantaron de sus escaños y abandonaron la sala. Su salida fue seguida segundos después por los ediles del PSOE y del PP, de modo que en cuestión de un minuto el pleno de la tercera ciudad de Galicia quedó sin oposición y sin cuórum. La suspensión era inevitable.
Qué se aprobó y qué quedó en el aire
Pese al dramatismo final, la sesión no acabó en blanco. Antes del estallido, el equipo de gobierno logró sacar adelante la convalidación de un suplemento de crédito destinado a saldar las deudas del autobús urbano, uno de los asuntos más sensibles de la gestión municipal ourensana en los últimos tiempos. Ese trámite, por tanto, ya está cerrado.
Lo que no llegó a debatirse fue el resto del orden del día. Las mociones fijadas para esta sesión quedaron aparcadas por la suspensión, con lo que tendrán que esperar a una nueva convocatoria cuyo calendario todavía no ha sido anunciado. Entre lo pendiente figura, según la propia prensa local, la votación relacionada con decretos de vivienda, un asunto de máximo interés para la ciudad.
La tensión crónica de la política ourensana
El episodio se inscribe en un clima de relación especialmente crispada entre el alcalde y los grupos de la oposición, con frecuentes choques verbales en los últimos plenos. La referencia a Allariz no es gratuita: la gestión nacionalista en esa comarca ha sido recurrente motivo de fricción entre Jácome y el BNG, y el regidor la utiliza habitualmente como munición política.
Nada indica, además, que este sea un pulso aislado. La negativa del alcalde a rectificar y la respuesta unitaria de los tres grupos de la oposición dibujan un escenario de bloqueo que puede lastrar el funcionamiento del Concello en los próximos meses. Cada pleno pendiente de mociones aplazadas es una oportunidad para que la trinchera se reproduzca.
Queda por ver si la formación municipal intenta algún gesto de distensión o si, por el contrario, este choque de confrontación se convierte en la tónica dominante hasta el final del mandato. Lo que está en juego no es solo la convivencia entre los grupos: son los asuntos de la ciudad, desde el transporte urbano a la vivienda, que necesitan un pleno que funcione. Ourense tiene derecho a saber si su casa consistorial volverá a ser un lugar para debatir o un escenario para el plantón.
Con información de La Región.
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