Un dron kamikaze Shahed es disparado desde una localización desconocida en Irán. / EUROPA PRESS
En la guerra, los números son lo más importante: infligir el mayor daño posible recibiendo, a cambio, cuanto menos mejor. Todo son números. Las bajas a uno y otro lado, las instalaciones destruidas, los civiles muertos en el camino.
Pero una cifra prima por encima de todas. Una, que permite continuar cuando el rival ya no puede más: el coste de la guerra. Cuánto vale mantenerla. Y en este sentido, Irán tiene una enorme arma que sus rivales actuales, EEUU e Israel, no disponen. Un arma no increíblemente efectiva, pero sí muy barata. Se trata de los drones Shahed-136.
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Conoce más →Shahed, en persa, significa mártir, y el objetivo final de estas pequeñas aeronaves, a 20.000 euros la unidad, es precisamente esa: morir tras un solo uso. Los Shahed-136 son de usar y tirar, y explotan su modesta carga de explosivos al impactar contra su objetivo.
Por sí solos, su interceptación es sencilla, ya que estos drones son ruidosos y aparatosos, y tienen un motor de cortacésped que apenas les puede llevar demasiado lejos. Pero en masa son capaces de —junto con misiles balísticos— distraer las defensas antiaéreas e impactar contra el objetivo.
Y aunque no lo consigan, la misión está en parte cumplida. La Cúpula de Hierro israelí usa misiles cuyo valor individual es de cerca de un millón de euros para derribar todo lo que llueve contra el Estado hebreo. La diferencia de precio abruma por lo ridícula: 20.000 euros contra un millón.
«Estos drones tienen la gran ventaja de que son capaces de abrumar las defensas antiaéreas. Al mismo tiempo que se lanzan 200 drones kamikaze, se disparan otros 10 misiles de crucero o balísticos o hipersónicos mucho más caros. Entonces, las defensas antiaéreas estarán ya confundidas, y estos misiles pueden ser mucho más efectivos. Por eso, estos drones no son un sustitutivo al 100% de los misiles balísticos, pero cambian por completo la economía de un ataque», explicaba a este periódico hace unos meses el analista y experto en conflictos Guillermo Pulido.
Irán, de hecho, ha vendido los Shahed-136 a Rusia, tanto para su uso constante en Ucrania como para su fabricación, que tiene lugar ahora en parte dentro de territorio ruso. Los Shahed son lanzados casi a diario contra las ciudades del este de Ucrania, y son los causantes de gran parte de las muertes de civiles.
Su carga de explosivos es ligera y pequeña, y cada dron tiene una autonomía de cerca de 2.500 kilómetros antes del impacto. Su bajo nivel tecnológico, además, les incapacita para explotar sobre objetos móviles y difíciles —como sí hacen otros drones más avanzados como el turco Bayraktar, que la propia Ucrania usa en el terreno de batalla—.
Irán ha conseguido que, desde sábado, varios Shahed-136 burlen las defensas aéreas de Israel, Qatar, Baréin y Emiratos Árabes Unidos, y varios han conseguido impactar contra el suelo en varios puntos.
Irán, superada militar, tecnológica y económicamente por sus dos rivales en esta guerra, se ha entregado a sus drones kamikaze para sostener el conflicto y no ser arrollada, usándolos como herramienta de molestia para los países del Golfo, con el objetivo de que se vean forzados a pedir a Washington que deponga las armas. La estrategia, sin embargo, no ha funcionado de momento. Qatar, antigua aliada de Irán en la región, aseguró este lunes que responderá militarmente a los ataques que Teherán ha realizado contra Doha.
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