La protección solar no debe limitarse a los meses de verano, según advierte la dermatóloga Rosmary Martín Moreno, del Hospital Universitario Vithas Las Palmas. A pesar del frío, la radiación ultravioleta mantiene su capacidad dañina durante el invierno, especialmente en ciertas condiciones climáticas.
La radiación persiste más allá del calor
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Conoce más →El frío no anula la exposición a los rayos UVB y UVA. Estos siguen presentes y pueden causar daños acumulativos en la piel. La doctora Martín Moreno recalca que España registra niveles altos de radiación solar a lo largo del año.
Particularmente en zonas como Canarias o estaciones de montaña nevadas, la protección adquiere mayor relevancia. La nieve refleja hasta un 80% de la radiación solar, incrementando la exposición. Asimismo, a mayor altitud, mayor intensidad de rayos ultravioleta.
El daño solar se produce de manera progresiva. Las actividades diarias al aire libre, como caminar o hacer deporte, suman radiación aunque no se perciba su impacto inmediato.
Productos y rutinas invernales
Lo ideal es mantener una rutina de fotoprotección constante. No se trata de cambiar el tipo de protector solar, sino de adecuar su uso al entorno. Un factor de protección SPF 50 es recomendado, especialmente para áreas expuestas como cara, cuello y manos.
La hidratación también gana importancia en invierno. El frío y el viento resecan la piel. Por ello, usar productos humectantes y limpiadores suaves ayuda a mantener intacta la barrera cutánea.
- Aplicar protector solar cada mañana
- Reaplicar en caso de exposición prolongada
- Combinar con ropa adecuada y sombreros
- Mantener la piel hidratada
Consecuencias del descuido solar
Ignorar la protección en invierno puede tener consecuencias visibles con el tiempo. El envejecimiento prematuro, la aparición de manchas y la pérdida de elasticidad son algunos de los efectos más notables.
Además, el riesgo de desarrollar cáncer de piel aumenta con cada exposición no protegida. Los dermatólogos insisten en que la fotoprotección debe entenderse como una medida de salud diaria, no como un hábito estacional.
Prevenir el daño solar no requiere grandes cambios. Basta con integrar el protector solar en la rutina matutina y adaptarlo a las circunstancias del día. Esta sencilla acción puede marcar la diferencia en la salud cutánea a largo plazo.
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