
El profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke, Pablo Beramendi, analiza en Santiago de Compostela los principales retos de la democracia en el siglo XXI. Su intervención llega en medio de una coyuntura internacional marcada por tensiones globales y el auge de movimientos autoritarios.
Tres grandes desafíos contemporáneos
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Conoce más →Según Beramendi, el primer gran reto es el vertiginoso cambio tecnológico. Este impacta directamente en cómo se gestiona y distribuye la información política. La base sobre la cual se sustenta la democracia —la existencia de información verificable— ha quedado comprometida.
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Ver planes de hosting →El segundo desafío afecta a las organizaciones de intermediación. Partidos, sindicatos y organizaciones sociales han perdido capacidad de movilización. Esto modifica el sentido mismo de conceptos como izquierda y derecha, ahora más ambiguos y manipulables.
Finalmente, el crecimiento de la desigualdad económica se traduce en desigualdad política. Sectores menos favorecidos sienten un distanciamiento progresivo hacia la participación ciudadana. Incluso jóvenes de clase media en países como España muestran cierta receptividad hacia opciones de extrema derecha.
Desafección y crecimiento de la extrema derecha
La polarización política no surge de la nada. En muchas regiones, especialmente rurales, hay una creciente sensación de abandono. El Estado parece ausente en zonas alejadas de grandes centros urbanos, lo que alimenta el descontento.
Este fenómeno no es exclusivo de España. En toda la Unión Europea se observa un patrón similar. Las áreas despobladas tienden a alejarse de la vida democrática. Esto favorece la movilización de votantes por parte de movimientos radicales.
En Estados Unidos, el fenómeno es aún más pronunciado. El sistema electoral otorga gran peso a estados con poca población. Esto permite que minorías geográficas tengan influencia desproporcionada en el Congreso y el Senado.
Trump y la amenaza a la estabilidad institucional
Donald Trump representa, según Beramendi, un auténtico reto para la democracia estadounidense. Aunque no sea formalmente un dictador, sus acciones ponen a prueba las instituciones del país.
Su reciente decisión de atacar a Irán sin autorización del Congreso evidencia una tendencia autoritaria. Sin embargo, Estados Unidos mantiene unos mecanismos de control que, aunque debilitados, actúan como freno al abuso de poder.
- El sistema judicial independiente sigue actuando como contrapeso
- El periodismo crítico mantiene su rol fiscalizador
- La sociedad civil resiste frente al autoritarismo
El experto advierte que estos sistemas pueden resistir, pero su fortaleza no es ilimitada. Todo depende de la voluntad de quienes los defienden.
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