El Ayuntamiento de A Coruña anunció a mediados de marzo de 2026 que renuncia a que el estadio de Riazor sea sede de la Copa del Mundo organizada por la FIFA, alegando que la carga económica y técnica para adaptar el recinto resulta insostenible. La decisión, comunicada por la alcaldesa y acompañada por el presidente del Deportivo y el de la Diputación, llega tras meses de negociaciones fallidas y de dudas sobre quién asumiría las obras y el mantenimiento. La FIFA había incluido a la ciudad entre las once elegidas, pero la exigencia de aumentar aforo y cumplir estándares llevó al choque entre administración y club.
La candidatura de A Coruña —celebrada en su momento y bautizada con el término «bimundialista» por la propia alcaldesa en diciembre de 2024— se topó con la realidad técnica y económica del proyecto Riazor 2030. Pese a los esfuerzos para buscar financiación privada, la parte clave del conflicto fue la relación entre el Ayuntamiento y el Deportivo, inquilino del estadio y con reticencias sobre una ampliación que, dicen, no responde a la demanda habitual.
El plan de la FIFA obligaba a elevar el aforo hasta los 43.000 espectadores, frente a los cerca de 33.000 actuales, mientras que la asistencia media del club se sitúa en torno a los 20.000 espectadores. Esa diferencia generó el temor de convertir Riazor en un estadio sobredimensionado con gradas vacías en la mayor parte de los encuentros, una situación que la afición blanquiazul ya vivió en otros estadios con lonas para cubrir huecos.
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Conoce más →Choque entre inquilino y administración
Según fuentes municipales, la alcaldesa compareció ante el pleno para anunciar la renuncia a «la gran fiesta de la FIFA» y justificó la decisión como un acto de responsabilidad ante una «hipoteca» que la ciudad no puede costear por unos pocos partidos. La falta de acuerdo sobre quién asumiría la titularidad de las nuevas localidades y su mantenimiento fue la piedra angular del desencuentro.
«Por responsabilidad», explicó la alcaldesa al comunicar la decisión.
El Deportivo expresó reiteradas dudas sobre la proporcionalidad de la intervención: ampliar para casi duplicar la asistencia media supondría un estadio que no se ajusta a la realidad deportiva y económica del club. Por su parte, el Ayuntamiento sostiene que había un compromiso firmado con la FIFA y que, en consecuencia, debía licitar y ejecutar las obras exigidas por el organizador del Mundial.
En los últimos meses se trabajó en la redacción del proyecto, pero el gobierno local no se atrevió a sacarlo a licitación ante la ausencia de una solución clara sobre financiación y reparto de responsabilidades. Ese bloqueo administrativo y la falta de una posición firme del Deportivo desembocaron en el callejón sin salida que ha terminado con la renuncia formal.
Impacto y alternativas
La pérdida de ser sede implica para A Coruña no solo la renuncia a una visibilidad internacional difícil de igualar, sino la frustración de una inversión que había movilizado expectativas políticas y sociales. La Diputación, que participó en las gestiones y apoyó la candidatura, asistió a la comparecencia junto al club, pero no hubo avance que resolviera el nudo financiero.
Economistas y agentes del sector resaltan que la celebración de la Copa del Mundo atrae turismo y contrata obra pública, pero advierten de que los costes de mantenimiento y amortización de una infraestructura sobredimensionada pueden convertirse en un lastre a medio plazo si no se diseña una hoja de ruta viable.
En el plano político, la decisión puede abrir un debate local sobre prioridades de gasto y sobre la capacidad de la ciudad para asumir grandes eventos sin contar con el acuerdo del principal usuario del estadio. El convenio vigente entre el Ayuntamiento y el Deportivo se coloca ahora en el centro de ese debate y exigirá una revisión para esclarecer obligaciones futuras.
El proyecto Riazor 2030 queda, por tanto, redactado pero paralizado. Las próximas semanas serán clave para saber si la ciudad retrocede definitivamente en sus aspiraciones internacionales o si se plantea una alternativa de modernización del estadio más ajustada a la realidad deportiva y financiera de A Coruña y su club.
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