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Abraham Cupeiro hizo sonar un karnyx ante 80.000 espectadores en Saint‑Denis: «Me trataron como una superestrella»

Abraham Cupeiro hizo sonar un karnyx ante 80.000 espectadores en Saint‑Denis: "Me trataron como una superestrella"

Abraham Cupeiro, músico lucense, interpretó un karnyx —una trompeta céltica de la Edad del Hierro— el pasado sábado en la previa del partido entre Francia e Inglaterra en el estadio de Saint‑Denis. La actuación se oyó delante de unas 80.000 personas y formó parte del espectáculo que abrió la última jornada del torneo Seis Naciones. Para Cupeiro, el momento fue una reivindicación de sus raíces y una confirmación de su trayectoria en escenarios masivos.

El instrumento ancestral se integró en una gran puesta en escena que combinó efectos lumínicos, números ecuestres y una banda sonora creada ex profeso para el evento. La organización destacó la intención de evocar los 120 años de rivalidad deportiva entre ambas selecciones y construir una ceremonia con elementos visuales y sonoros de gran impacto.

La performance del lucense, que compagina la música con la producción sonora, no sólo supuso un reto técnico sino también simbólico: llevar un símbolo de la cultura celta a un estadio de gran convocatoria y hacerlo audible entre la maraña de frecuencias y móviles de los asistentes. Cupeiro ya había tocado ante públicos masivos anteriormente, pero asegura que esta cita tuvo una dimensión especial.

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Un instrumento milenario en un estadio moderno

El karnyx, recuperado por artistas e investigadores como signo de identidad cultural, sonó en Saint‑Denis durante los instantes previos al saque inicial. La pieza formó parte de la banda sonora original compuesta para la velada por Nathan Stornetta, que buscó mezclar tradición y espectáculo contemporáneo.

La escala del montaje obligó a resolver desafíos técnicos importantes. El ingeniero de sonido del equipo, Samuel Bryan, tuvo que reforzar la infraestructura wireless para garantizar la cobertura de micrófonos e instrumentación ante la elevada presencia de dispositivos en el estadio. La complejidad del despliegue fue uno de los factores que hicieron visible la magnitud del desafío.

«Tuvieron que instalar repetidores muy potentes para que los micrófonos inalámbricos no perdieran cobertura con la cantidad de frecuencias en el estadio»,

Cupeiro describió el momento como «mágico» y destacó la responsabilidad que conlleva actuar en un contexto donde no puedes fallar. El público gallego, dijo, siempre le ha mostrado apoyo; pero tocar en Saint‑Denis supuso para él una especie de misión cumplida: llevar una voz y un instrumento de su tierra a un evento masivo.

Repercusión y proyección

La actuación ha despertado atención por su capacidad para introducir una tradición minoritaria en un terreno reservado habitualmente a grandes estrellas del entretenimiento. Algunos observadores han comparado el gesto con otras apariciones de artistas que utilizan plataformas globales para visibilizar su identidad cultural.

Cupeiro recuerda además sus inicios y la escalada hasta llegar a grandes escenarios: la perseverancia, la apuesta por un repertorio propio y la atención sobre la autenticidad como valores que le han permitido abrir puertas. La experiencia en Saint‑Denis, afirma, le da impulso para seguir trabajando en proyectos que combinen investigación sonora y puesta en escena.

Más allá del impacto inmediato, la intervención pone sobre la mesa debates sobre la representación cultural en eventos deportivos de gran consumo y sobre cómo los instrumentos y sonidos tradicionales pueden dialogar con formatos masivos sin perder su esencia. Para Cupeiro, ese diálogo es posible y necesario.

El músico ya había tocado ante audiencias numerosas en ocasiones previas, lo que le permitió encarar la cita con experiencia; sin embargo, subraya que cada escenario exige soluciones distintas y que la acogida del público sigue siendo lo esencial. Salir al césped de Saint‑Denis y oír la respuesta de la grada es para él un motivo para continuar explorando cómo llevar la tradición a públicos nuevos.

La actuación, recogida por medios internacionales y por seguidores en redes, deja a Cupeiro en una posición de mayor visibilidad y abre la ventana a futuras colaboraciones en espectáculos deportivos y festivales. Para un artista que trabaja con relatos del pasado, tocar ante decenas de miles de personas en un estadio moderno ha sido, en sus palabras, una «confirmación» de su camino.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.