Al menos 120 personas han perdido la vida en el sur de Etiopía a causa de las intensas lluvias que han provocado inundaciones y desprendimientos de tierra en los últimos días, según informó el viernes la Comisión de Derechos Humanos de Etiopía. Los desastres, ocurridos en varias zonas del sur del país, han causado asimismo decenas de desaparecidos y graves daños en viviendas y cultivos. Las autoridades locales y organismos de socorro han activado operaciones de búsqueda y asistencia mientras las comunidades afectadas afrontan la falta de suministros básicos.
En su comunicado, la Comisión señaló que hasta ahora se han recuperado 65 cadáveres y que se presume que otras 60 personas han muerto por causas aún no aclaradas en el contexto del desastre. Esa cifra total, de al menos 120 fallecidos, incluye víctimas de deslizamientos y de corrientes súbitas que han arrastrado viviendas y vehículos. Las cifras provisionales reflejan además la dificultad de acceder a algunas áreas, donde carreteras y puentes han quedado dañados, lo que retrasa la confirmación precisa de víctimas.
Las lluvias han dejado amplios daños materiales: cientos de viviendas destruidas o inhabitables, extensas zonas de cultivos anegadas y ganado arrastrado por las crecidas. Familias enteras han quedado desplazadas y alojadas temporalmente en centros improvisados o en hogares de vecinos menos afectados. Fuentes locales hablan de la pérdida de siembras y reservas de alimentos justo cuando comienza la temporada de plantación, lo que incrementa el riesgo de inseguridad alimentaria a medio plazo.
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Conoce más →La Comisión de Derechos Humanos afirmó que está «supervisando» las consecuencias del desastre y puso en valor las acciones emprendidas por autoridades regionales para atender a los desplazados. Al mismo tiempo, pidió al gobierno central en Addis Abeba que refuerce la respuesta y movilice recursos adicionales para asistencia humanitaria y rehabilitación. Las demandas incluyen provisión de albergue, agua potable, atención sanitaria y apoyo para la recuperación de infraestructuras básicas dañadas por las inundaciones.
El episodio forma parte de una ola de precipitaciones extraordinarias que ha afectado a varios países de África oriental en las últimas semanas. En Kenia, las lluvias han provocado decenas de muertos y desplazamientos masivos, y las agencias meteorológicas advierten del riesgo de episodios similares en la región mientras persisten sistemas de baja presión sobre el Cuerno de África. Los expertos recuerdan que estos eventos extremos, aunque de carácter estacional, parecen aumentar en frecuencia e intensidad en un contexto de cambio climático.
Equipos de emergencias y voluntarios trabajan en labores de rescate y recuperación de cuerpos en zonas donde las aguas han descendido parcialmente, mientras que otras áreas siguen inaccesibles. Las autoridades locales han instalado campamentos temporales y coordinan el envío de ayuda básica, pero las necesidades superan los recursos disponibles en muchos puntos. Organizaciones humanitarias internacionales y ONGs han avisado de la urgencia de responder con suministros médicos, alimentos y agua segura para prevenir brotes de enfermedades transmitidas por el agua.
Además de la pérdida humana y los daños materiales, las inundaciones han dejado a comunidades aisladas sin comunicaciones estables ni acceso a servicios esenciales, lo que complica las labores de evaluación y reparto de ayuda. Los responsables regionales llaman a una mayor coordinación entre administraciones y organismos de socorro para priorizar las zonas más afectadas y asegurar corredores humanitarios. Mientras tanto, la población local afronta la incertidumbre sobre cuándo podrá regresar a sus hogares y cómo afrontar la reconstrucción de cultivos y medios de vida.
Las autoridades han anunciado que seguirán monitorizando la situación y actualizando las cifras a medida que mejoren las condiciones de acceso a las áreas afectadas. Los responsables políticos y humanitarios subrayan la necesidad de planes de mitigación a largo plazo que reduzcan la vulnerabilidad ante inundaciones recurrentes, combinando inversión en infraestructuras y sistemas de alerta temprana con medidas de protección de cuencas y apoyo a la resiliencia agraria. La atención internacional y los recursos suplementarios serán clave para aliviar la crisis inmediata y ayudar a las comunidades a recuperarse.
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