Álex Ortiz, técnico malagueño y hombre de la casa, ha asumido de forma interina la dirección del primer equipo del CD Lugo. El nombramiento, anunciado por la entidad rojiblanca tras la salida de Yago Iglesias, sitúa a Ortiz de nuevo al frente del primer plantel en un momento delicado: restan 9 jornadas para el final de la Primera RFEF y el equipo necesita resultados inmediatos para aspirar a meterse entre los cinco primeros del Grupo I. Su primera sesión de trabajo quedó fijada para este lunes y el próximo compromiso liguero es el domingo a las 21:00 horas.
Ortiz toma las riendas: decisiones rápidas y mirada al corto plazo
El comunicado oficial del club fue escueto pero claro, y así lo recogieron los aficionados que acudieron al Anxo Carro en los últimos días:
“El club comunica que Álex Ortiz asume de manera interina la dirección del primer equipo y dirigirá este lunes su primera sesión de trabajo con el equipo”.
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La fórmula interina no es nueva en Lugo; ya en la campaña anterior Ortiz ejerció como apagafuegos y logró la salvación en un epílogo tenso que todavía se recuerda en la grada. Aquella experiencia le confiere ahora un plus de credibilidad ante la directiva presidida por Ronald Baroni, que valora su trabajo tanto por los resultados como por el conocimiento del vestuario y la cantera. En la última jornada, en un partido frenético ante el Arenas que terminó 1-1, las carencias del equipo quedaron en evidencia: control del balón limitado, falta de último pase y cierta fragilidad defensiva en momentos puntuales. Esas deben ser, previsiblemente, las primeras prioridades del nuevo timonel.
En el fútbol profesional, la confianza de la dirección es una moneda de doble cara. Ortiz se encuentra ahora en la tesitura de convertir la interinidad en continuidad: si el Lugo vence el domingo y su idea de juego cuaja con el grupo, la posibilidad de mantener el cargo hasta final de temporada no es descartable. Pero el margen es estrecho y la exigencia de los resultados inmediata, como exige cualquier afición que mira hacia arriba en la tabla. El calendario no perdona y el equipo deberá mejorar desde ya su rendimiento en casa y a domicilio.
Un regreso con memoria y responsabilidades en la casa rojiblanca
Conviene recordar que Ortiz no fue un forastero cuando surgió la opción esta vez. Tras aquella etapa al frente del primer equipo la pasada campaña, decidió permanecer en Lugo pese a propuestas para entrenar en otras categorías. La directiva le ofreció el cargo de coordinador del fútbol base, una responsabilidad que asumió y que le permitió conocer a fondo la estructura del club: desde el filial —que esta temporada pelea por plaza de playoff en Segunda RFEF— hasta las generaciones del juvenil. Esa experiencia es un activo para integrar a los chavales del Lugo B cuando sea preciso, algo que la entidad suele valorar en periodos de transición.
Su vínculo con el club trasciende lo puramente profesional. Fuentes cercanas al vestuario relatan que Ortiz mantiene buena sintonía con jugadores y técnicos del organigrama, y que su forma de trabajar es metódica y cercana. No es desdeñar que algunas puertas al extranjero estuvieron abiertas: proyectos en la Primera RFEF, Segunda RFEF e incluso una oferta para dirigir en la Liga de Expansión mexicana se barajaron el pasado verano. No obstante, su conexión con Lugo y el entendimiento con Baroni han pesado lo suficiente como para que ahora sea el recurso elegido cuando han surgido problemas en el primer equipo.
Repercusiones deportivas y decisiones en la dirección técnica
Si finalmente Ortiz no logra consolidarse por resultados, el club ya tiene la vista puesta en alternativas. En los despachos de la dirección deportiva, cuyo nombre no se ha hecho público, ya se peina el mercado en busca de un técnico con conocimiento de la categoría y de la plantilla. Entre los candidatos más sonados aparece el gallego Óscar Gilsanz, cuyo trabajo la pasada temporada al frente del Deportivo ha sido seguido con interés en Lugo. Gilsanz, con experiencia de subir al primer equipo desde el filial y de competir por play-off, encaja en el perfil que la entidad parece buscar: técnico español, conocedor del fútbol nacional y con dominio del vestuario en categorías análogas.
La elección del técnico que remate la temporada tendrá implicaciones más allá de lo estrictamente deportivo. El club afronta la recta final con la obligación de mantener una cierta estabilidad institucional después de una etapa de altibajos económicos y deportivos. La apuesta por un hombre de la casa como Ortiz persigue, entre otras cosas, evitar un terremoto que afecte a la estructura de cantera, algo que en Lugo siempre ha sido prioritario. Al mismo tiempo, la dirección deportiva trabaja con escenarios alternativos por si el rendimiento no acompaña: un técnico foráneo o un perfil más mediático también están sobre la mesa, siempre que cumplan el requisito de experiencia en la categoría.
Para la afición, la expectativa es clara. El Anxo Carro ha sido a lo largo de los años un territorio en el que los empates agónicos y las remontadas han forjado carácter, pero también impaciencia. La exigencia ahora es doble: resultados que permitan aspirar al top cinco del grupo y, sobre todo, una mejora evidente en la identidad de juego. Si Ortiz consigue conjugar ambos elementos, su interinidad podría convertirse en un argumento razonable para prolongar su estancia. Si no, el club no dudará en moverse con rapidez para traer a alguien que garantice una respuesta inmediata.
Al final, quedan 9 finales y pocas semanas para decidir el destino futbolístico del Lugo esta temporada. El reloj corre, las entradas del Anxo Carro vuelven a ser un termómetro y el nuevo viejo entrenador, Álex Ortiz, tendrá que demostrar que conoce la casa y sabe cómo encenderla cuando el partido lo exige. Los próximos resultados marcarán si la apuesta por lo conocido resulta ser la tabla de salvación o simplemente un parche temporal en una temporada marcada por la incertidumbre.
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