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Aramco desviará sus envíos al mar Rojo y espera recuperar el 70% de su capacidad de exportación en días

Aramco desviará sus envíos al mar Rojo y espera recuperar el 70% de su capacidad de exportación en días

La petrolera saudí Aramco ha anunciado que desviará gran parte de su producción hacia el mar Rojo, a través del oleoducto que comunica con Yanbu, y prevé alcanzar en los próximos días el 70% de su capacidad exportadora habitual tras el cierre del estrecho de Ormuz, según informó la compañía el 10 de marzo de 2026. La medida responde a la interrupción de la vía marítima causada por los recientes bombardeos y al aumento del riesgo para el tráfico por el golfo Pérsico, que ha impedido el almacenamiento y tránsito normal del crudo. Con esta maniobra, Arabia Saudí busca esquivar el paso por Ormuz y mantener flujos de hidrocarburos hacia los mercados internacionales. La decisión refleja la urgencia por evitar una parálisis mayor en los envíos y mitigar el impacto inmediato en los precios y en las reservas globales.

Aramco calcula que, por la nueva vía hacia Yanbu y el mar Rojo, podrá evacuar en torno a 5 millones de barriles al día, una cifra inferior a los aproximadamente siete millones diarios que canalizaba antes de que estallara el conflicto en la región oriental del país. La compañía ha reorientado terminales y logística para aumentar el tránsito por la costa oeste, una solución que reduce la exposición a Ormuz pero que no compensa por completo la capacidad perdida. Expertos en logística energética señalan que ese cambio implica recorridos más largos y costes adicionales, así como limitaciones físicas de las infraestructuras alternativas.

El presidente y consejero delegado de la compañía, Amin H. Nasser, advirtió que si el cierre del estrecho se prolonga las consecuencias para el mercado petrolero y la economía mundial serán cada vez más graves. Nasser subrayó que la rápida contención del paso marítimo es clave para evitar un deterioro sostenido de inventarios y para estabilizar los precios, y reclamó una actuación internacional que restablezca la seguridad en la principal arteria del comercio energético. Su diagnóstico es compartido por otras compañías y autoridades que ven el cierre de Ormuz como un riesgo sistémico para el abastecimiento global.

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La tensión geopolítica ha tenido efectos inmediatos en los precios: el barril llegó a rozar los 100 dólares por barril en los días posteriores a los ataques, tras tocar máximos cercanos a los 120 en picos puntuales del conflicto. Además de la subida del crudo, los analistas subrayan el encarecimiento del seguro y del flete marítimo y la mayor volatilidad en mercados secundarios como el del gas licuado. El alza de costes afecta no solo a las refinerías y distribuidoras, sino también a sectores dependientes de la energía como la aviación, la agricultura y la automoción, cuyo encarecimiento puede trasladarse a los consumidores.

La interrupción del tráfico por Ormuz y los ataques a infraestructuras energéticas han tenido un alcance regional. Entre las instalaciones dañadas figuran la refinería y depósitos de Bahréin operados por Bapco Energies, una planta de Aramco en Arabia Saudí y la principal terminal de exportación de gas natural licuado de Qatar, que llegó a cerrar tras un ataque con drones. Asimismo, las autoridades iraníes reivindicaron un golpe contra una refinería y depósitos de combustible en Haifa, en Israel, en el marco de una escalada que ha implicado a varios países y ha multiplicado la inseguridad en las rutas marítimas del Golfo y el Levante.

El cierre de Ormuz obligó a refinerías de Emiratos Árabes Unidos y Kuwait a reducir su actividad por dificultades para recibir o colocar producto; esa contracción, sumada a inventarios mundiales situados en mínimos de cinco años, preocupa a operadores y reguladores. Los niveles de almacenamiento están ajustados y cualquier nueva interrupción de suministros podría acelerar la retirada de existencias, con el consiguiente efecto alcista sobre los mercados. Por eso Aramco y otros actores piden medidas rápidas para desbloquear el estrecho y evitar que el problema se cronifique.

Desde el punto de vista operativo, la apuesta por Yanbu es una reparación parcial: permite sortear el cuello de botella de Ormuz pero no restituye la capacidad previa ni elimina riesgos vinculados a la seguridad en el mar Rojo, donde la navegación también se ha vuelto más delicada. El desvío obliga a reprogramar cargamentos, a negociar nuevos seguros y a coordinar con puertos que no estaban pensados para el volumen adicional que ahora deben asumir.

La reacción de Aramco se suma a la presión regional para que Estados Unidos y otros actores internacionales actúen con rapidez en la reapertura del estrecho de Ormuz. Empresas, mercados y gobiernos siguen con atención la evolución de las hostilidades, conscientes de que una prolongación del conflicto podría agravar una crisis que ya ha mostrado su potencial de contagio a la economía global. Mientras tanto, los analistas vigilan los flujos por el mar Rojo y la respuesta de los compradores para ver si esa alternativa logística logra contener la tormenta en los mercados energéticos.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.