En la Audiencia Provincial de Pontevedra comenzó este lunes el juicio con jurado por el apuñalamiento mortal de la madrugada del 8 de junio de 2019 en Salceda de Caselas. Se sienta en el banquillo el acusado, Florian Rama, detenido tras una búsqueda internacional y extraditado en enero de 2024, mientras la fiscalía y la acusación particular describen los hechos como una agresión buscada y planificada más que como una pelea fortuita.
Desarrollo de la vista: pruebas, versiones y un silencio que llama la atención
La sesión inicial estuvo marcada por la exposición de las pruebas que, según la Fiscalía, conectan al imputado con la muerte de Soufian Mraha. Entre los elementos citados figuró la coincidencia de ADN en un rastro de sangre cercano al lugar del ataque y la ubicación del teléfono móvil del investigado en la zona durante la madrugada. Tres testigos reconocieron además al acusado en reseñas policiales, según declaró el fiscal ante la sala.
En la narración oficial, lo ocurrido aquella madrugada en la terraza del bar La Parchita es breve y brutal: tras una breve discusión por la rotura de una copa, el agresor separó a la víctima de sus amigos y, por sorpresa, le clavó un arma blanca hasta en tres ocasiones, una de ellas con perforación del corazón. La acusación no dudó en calificar la agresión de «crueldad extrema» y sostuvo que no se trató de un altercado espontáneo sino de una búsqueda deliberada de la víctima.
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Conoce más →«No fue una pelea, sino una cacería», proclamó el abogado de la acusación durante la sesión.
El despacho defensor, que asumió la causa a finales del año pasado, pidió que el acusado declare el último. Su letrado aseguró en la sala que su cliente mantiene su inocencia y apeló al jurado a aplicar la presunción de inocencia y el principio de duda razonable. Al margen del estrado, el fiscal subrayó que la defensa, hasta ahora, no ha presentado peritajes ni escrito de defensa, una circunstancia que, según él, resulta extraordinaria tras tres décadas en la carrera.
«Esto es muy raro; es la primera vez que me encuentro con algo así en mis 30 años de experiencia», afirmó el fiscal sobre la ausencia de pruebas de la defensa.
Antecedentes y lo que ha supuesto el caso para la comarca
El crimen en Salceda resonó con fuerza en A Louriña por la violencia y la juventud de la víctima. Desde entonces, el municipio quedó marcado por la incomprensión y la tristeza: la plaza frente al Ayuntamiento, donde Soufian se desplomó después de la agresión, se convirtió en un lugar recordatorio para vecinos y amigos. Cabe recordar además que, horas después del ataque, se produjo una detención errónea de un vecino del municipio, un episodio que complicó la investigación y tensó aún más el ambiente local.
La búsqueda del presunto autor se prolongó durante años hasta que, fruto de la colaboración policial internacional, agentes británicos localizaron y detuvieron a Florian Rama en enero de 2024. Su extradición a Galicia y el ingreso en prisión provisional supusieron el primer paso tangible hacia la celebración del juicio, que llega casi siete años después del hecho. Para muchos en el concello, la demora ha sido una fuente de frustración; para otros, una confirmación de la complejidad de las investigaciones transnacionales.
En el plano técnico, la defensa ha matizado las pruebas: sostiene que el rastro de sangre atribuido al acusado se halla a cierta distancia del punto exacto del apuñalamiento y que las coordenadas móviles ofrecen un margen de error de hasta dos kilómetros, lo suficiente —según su argumentación— para no situarlo con certeza en el lugar del hecho. Es la pugna clásica entre indicios forenses y la interpretación que de ellos hacen las partes.
Qué queda por venir y qué puede significar la sentencia
La vista continuará este martes con la declaración de testigos y peritos; de hecho, están citados 17 agentes de la Guardia Civil y cinco peritos, además del propio acusado, quien todavía debe prestar su testimonio. La naturaleza de un jurado popular introduce además una componente social en la deliberación: no decidirán sólo técnicas probatorias, sino también la credibilidad de los relatos humanos que vayan desfilando por la sala.
Si el jurado y la Audiencia siguen la petición del Ministerio Fiscal y de la acusación particular, la pena solicitada será de 25 años de prisión. A partir de ahí, cabe esperar recursos y, en su caso, largos trámites de apelación: el proceso judicial aún no está cerrado y, como recuerda la experiencia reciente en Galicia con causas complejas, los veredictos pueden tardar en consolidarse.
Más allá del castigo penal, este juicio pone sobre la mesa preguntas sobre la seguridad nocturna en pequeñas localidades, la capacidad de las fuerzas y cuerpos de seguridad para investigar con medios limitados y la protección de las víctimas. En Salceda, la muerte de Soufian dejó una herida que ni los argumentos forenses ni las ceremonias de recuerdo han logrado cerrar por completo.
Queda por ver también el efecto que el proceso tendrá en la comunidad: la familia de la víctima y numerosos vecinos reclaman justicia y esperan que la vista aporte certezas sobre lo ocurrido en aquella madrugada de 2019; otros recuerdan la necesidad de evitar juicios mediáticos y mantener el respeto a la presunción de inocencia. Lo cierto es que, tras casi siete años, la comarca vuelve a mirar hacia la Audiencia de Pontevedra con la esperanza de que la palabra final ofrezca respuestas y, sobre todo, permita dar un paso hacia la reparación.
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