El barrio de As Gándaras, en Lugo, inicia esta noche una programación de cuatro jornadas en honor a su patrón que combina verbenas, sesiones vermú y actividades para todas las edades. Tras un final de tarde en tensión por un requerimiento municipal de última hora, la comisión organizadora confirmó ya que dispone de todos los permisos y que las atracciones y escenarios están listos para recibir a los vecinos.
Programa festivo: noches largas y vermús interminables
La inauguración está prevista con el tradicional chupinazo a las 21.00 horas, seguido a las 22.00 por la verbena de apertura en la que actuará la orquesta París de Noia. Es el pistoletazo de salida de un calendario que combina nostalgia y modernidad: pasacalles matinales, sesiones vermú con grupos locales y DJs, actividades infantiles y una churrascada que busca ser punto de encuentro para varias generaciones del barrio.
El jueves la jornada arrancará con un pasacalles a las 11.00 horas y, a las 14.00, una sesión vermú con el dúo Venus. Por la noche, de nuevo verbena a las 22.00, mientras que el viernes está reservado para la convivencia vecinal: a las 17.00 una solista ofrecerá un concierto en la residencia de mayores y, ya a las 21.00, habrá churrascada con actuación musical y verbena para cerrar el día.
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Conoce más →El sábado, a partir de las 14.00, se repetirá la fórmula del vermú y por la tarde, a las 17.00, habrá merienda y fiesta infantil. La clausura dominical incluye un pasacalles a las 11.00, el pregón a las 14.00 a cargo de Fran do Cruce y, entre las 14.15 y las 22.00, la tercera edición de la sesión vermú “Non Stop (A Orixinal)” con la actuación de Escaparate y los DJs CosmedeJay, Dmirón, Edu Yepes y Patakiña. Durante la jornada dominical habrá servicio de pulpo y churrasco en el campo de la fiesta y precios populares en los bares instalados en el recinto.
La controversia de las autorizaciones y las barracas
No obstante, no todo ha sido música y olor a churrasco. La comisión de fiestas atravesó ayer horas de incertidumbre cuando, tras haber presentado la documentación solicitada el pasado 10 de enero, recibió un requerimiento municipal reclamando información que, en su versión, ya había entregado. Al cierre de la tarde, tras numerosas gestiones, los organizadores confirmaron que las autorizaciones estaban resueltas y la feria seguiría adelante.
El nudo del conflicto se situó en las barracas. Finalmente se instalaron 8 atracciones que ayer terminaron de montarse en el recinto. Según la comisión, en ediciones anteriores un técnico del Concello se desplazaba para comprobar las instalaciones, pero este año el Ayuntamiento exigió que fueran los propios organizadores los que aportaran los certificados de las atracciones. La explicación oficial fue la falta de personal municipal para realizar las inspecciones in situ.
La sensación de desamparo y cansancio entre los voluntarios quedó expresada por López, miembro de la comisión, que denunció la presión sufrida tras la petición de documentación a última hora. Traducida al castellano, su queja fue tajante:
«Lo pidieron a media mañana y antes del mediodía ya lo presentamos. Pero a esa hora estábamos pendientes de que nos dijeran algo. Si nos piden diligencia a nosotros, lo mínimo es que la tengan ellos. Llevamos ocho meses trabajando altruistamente, porque de esto no sacamos ni un peso, y tenemos la sensación de que se ríen de la gente. No es razonable.»
Repercusiones políticas y futuro de las fiestas parroquiales
La polémica no ha quedado en un rifirrafe administrativo. El grupo municipal del Partido Popular volvió a poner el foco en la gestión del Concello, señalando que los colectivos vecinales siguen percibiendo al Ayuntamiento como «un obstáculo» para el desarrollo de sus actividades. Elena Candia, portavoz popular, acusó al gobierno local de incumplir compromisos, una crítica que llega en plena temporada de verbenas y parroquias en Lugo.
Fuentes municipales, por su parte, han argumentado que las medidas responden a criterios de seguridad y a la merma de efectivos técnicos en el servicio correspondiente; una explicación que a muchos vecinos no les basta cuando ven que parte del trabajo recae en comisiones integradas por jubilados y jóvenes voluntarios. No es la primera vez que en Lugo surgen tensiones similares: en localidades y barrios próximos las autorizaciones de barracas y carpas han generado debates sobre competencias, plazos y recursos municipales.
Más allá del enfrentamiento administrativo, las fiestas de As Gándaras representan un respiro económico y social para el barrio. Los puestos de comida, la venta en bares provisionales y la afluencia de visitantes suponen ingresos directos para pequeños negocios y hosteleros locales. La apuesta por una programación que mezcla orquestas tradicionales con DJs y sesiones vermú busca además atraer a un público más amplio y rejuvenecer tradiciones que, en algunas zonas, han perdido pulso.
Mirando adelante, la experiencia de estos días podría abrir una conversación seria sobre cómo organizar las fiestas parroquiales sin sobrecargar a las comisiones vecinales ni poner en riesgo la seguridad. Si el Concello quiere evitar repetir escenas de última hora, tendrá que revisar protocolos y dotar de medios a los servicios técnicos; los vecinos, por su parte, esperan que la colaboración sea real y no un mero intercambio de papeles.
Esta noche, cuando el chupinazo rompa el cielo de As Gándaras y las primeras notas de la orquesta llenen la plaza, habrá quien solo piense en bailar y en la ración de pulpo del domingo. Pero también quedará el recuerdo de unas horas tensas que, al menos por ahora, han terminado con el permiso en vigor y las atracciones girando: cuatro días para celebrar, reflexionar y, quizá, exigir soluciones de fondo.
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