El proceso de elaboración de los caldos de la marca Gallo en la fábrica ubicada en Granollers fue dado a conocer el 10 de marzo de 2026 en una presentación que repasó desde la llegada de las materias primas hasta el envasado final. La compañía explicó las fases clave de producción, sus controles sanitarios y las medidas dirigidas a garantizar la trazabilidad y la calidad del producto. La visita técnica tuvo lugar en la planta del Vallès Oriental, que actúa como uno de los centros logísticos y productivos del grupo. El objetivo, según la dirección, es reforzar la transparencia ante distribuidores y consumidores preocupados por la seguridad alimentaria.
En el interior de las naves se repasan varias etapas consecutivas: recepción y selección de materias primas, cocinado y extracción del caldo, filtrado y tratamiento térmico, y finalmente el llenado y sellado de envases. Cada una de estas fases combina procesos industriales automatizados con controles manuales para verificar textura, sabor y parámetros microbiológicos. Las salas de cocción trabajan con lotes controlados que pasan por analíticas periódicas en el laboratorio propio de la planta. Este esquema permite mantener uniformidad en un producto destinado a lineales y hostelería.
Los ensayos de control de calidad se realizan en un laboratorio interno equipado para análisis físico‑químicos y microbiológicos, donde se verifican salinidad, pH y ausencia de contaminantes. Además de las pruebas rutinarias, la planta aplica protocolos de muestreo para garantizar trazabilidad desde el origen de los ingredientes hasta el número de lote que figura en cada envase. Las exigencias regulatorias, indican los técnicos, obligan a registros continuos que quedan disponibles para auditorías externas y certificaciones de producto.
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Conoce más →Aunque la automatización ha incrementado la eficiencia, la planta sostiene una importante presencia de operarios que realizan tareas de supervisión, mantenimiento y control final del producto. Los responsables destacan la formación continua del personal para adaptar la producción a nuevos requisitos sanitarios y de calidad. La coexistencia de líneas automáticas y control humano pretende minimizar errores y asegurar una respuesta rápida ante cualquier desviación en los parámetros de elaboración. Según la dirección, esa combinación resulta clave para mantener la fiabilidad en series largas de producción.
El envasado, otro eslabón esencial, incorpora medidas para preservar el aroma y prolongar la vida útil del caldo, con técnicas de llenado que evitan la entrada de oxígeno y sellados que aseguran la integridad del envase hasta su apertura. La planta también ha revisado sus prácticas en materia de embalaje y gestión de residuos con el fin de responder a la demanda creciente de envases reciclables y procesos más sostenibles. Las iniciativas incluyen, explican fuentes de la empresa, optimizaciones en el uso de materiales y una gestión más eficiente de los subproductos culinarios.
La fábrica de Granollers se integra en un mapa industrial que ha apostado históricamente por la agroalimentación y la transformación, un sector que en el conjunto del país sigue siendo un motor de empleo en zonas periurbanas. La empresa subraya la importancia de mantener capacidad productiva cercana a los mercados logísticos para reducir tiempos de distribución. Para comunidades como Galicia, con fuerte tradición culinaria y consumo de caldos preparados, la disponibilidad de estos productos en el canal minorista y en restauración representa una parte del abastecimiento diario.
Fuentes de la compañía han destacado que la modernización de la planta responde tanto a exigencias sanitarias como a cambios en los hábitos de consumo, que buscan conveniencia sin renunciar a la calidad. En este sentido, la inversión en control de procesos y en pruebas de producto se presenta como una garantía frente a consumidores más informados y a cadenas de suministro sometidas a auditorías continuas. La fábrica mantiene canales abiertos con distribuidores para adaptar formatos y presentaciones a la demanda regional y nacional.
Mirando al futuro, la dirección plantea seguir afinando líneas de producto y explorar mejoras tecnológicas que permitan reducir el desperdicio y optimizar la eficiencia energética de la planta. La continuidad de la actividad en Granollers dependerá de la capacidad para conjugar productividad, controles estrictos y respuestas rápidas a los cambios del mercado. Desde la empresa se transmite la voluntad de seguir abasteciendo los distintos puntos de venta y, a la vez, ofrecer garantías sobre la seguridad y la calidad de los caldos que llegan a la mesa del consumidor.
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