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Beiramar persiste el deterioro: la antigua nave de Fribesa suma cinco incendios y tres renuncias en 15 años

En el número 73 de la avenida de Beiramar, una vieja nave industrial tiene más historia que futuro: oxidada, llena de maleza y con redes de protección colgando, la que fue sede de Frigoríficos Berbés SA se ha convertido en un símbolo del abandono en la fachada marítima de Vigo. En poco más de una década y media ese edificio ha sufrido cinco incendios, ha visto caer techos y fachadas y ha sido objeto de al menos tres renuncias a concesiones para su rehabilitación. Mientras entidades públicas discuten su destino, la estructura continúa degradándose y dañando la imagen del puerto y la ciudad.

Incendios, intentos fallidos y la sombra de la liquidación

El historial es crudo. A finales de septiembre de 2011 se produjo un incendio de gran intensidad en el interior de las oficinas; una decena de trabajadores se encontraban en el edificio, aunque todos pudieron salir sin lesiones. Dos años después, el 31 de julio de 2013, otro fuego acabó con parte de la cubierta y de una fachada lateral. Los incendios se repitieron en febrero de 2018, mayo de 2022 y octubre de 2024, dejando tras de sí ruinas y material calcinado en un edificio que lleva años sin actividad.

La crisis no fue fortuita. Frigoríficos del Berbés, fundada en 1964 por los hermanos Armando y Ramiro Gordejuela Aguilar, atravesó problemas de liquidez desde 2008 y terminó en fase de liquidación tras un concurso de acreedores entre 2012 y 2013. Aquella desbandada marcó el inicio del abandono. Con la industria del frío y la actividad pesquera en transformación, instalaciones como la de Beiramar quedaron fuera del nuevo mapa productivo del puerto y de la ciudad.

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En los años siguientes, la nave ha sido sede improvisada para personas sin hogar, una muestra más de cómo el deterioro patrimonial se cruza con problemáticas sociales no resueltas en Vigo. Al tiempo, promotores públicos y privados tantearon usos diversos: un supermercado, un contenedor cultural, una nave logística. Ninguno prosperó; hasta tres empresas renunciaron a la concesión, según la documentación administrativa consultada, dejando el edificio en una especie de limbo jurídico y físico.

Zona Franca y Puerto: visiones contrapuestas sobre el uso

En los últimos meses la Zona Franca de Vigo ha vuelto a colocar la nave en el foco público: propone su compra para ubicar un centro audiovisual que, en teoría, reforzaría la oferta cultural de la ciudad y permitiría recuperar un punto clave de la cornisa marítima. Esa iniciativa choca, sin embargo, con la orientación del Puerto de Vigo, que prefiere proyectos vinculados directamente con la actividad marítima y logística. Al mando de la Autoridad Portuaria está, desde hace años, una agenda que prioriza usos que potencien el tráfico y los servicios portuarios.

La discrepancia entre ambas entidades —una con vocación cultural y urbana, la otra con objetivos económicos ligados al mar— explica en parte la parálisis. No es la primera vez que en Vigo proyectos de rehabilitación quedan atascados por la falta de consenso entre administraciones. La avenida de Beiramar es, además, un espacio de gran carga simbólica: conecta el centro con el puerto y cualquier intervención en su frente marítimo tiene repercusiones urbanísticas, ambientales y turísticas.

Fuentes municipales consultadas señalan que la inversión necesaria para poner la estructura en condiciones es elevada, y que la prioridad ahora mismo se disputa entre rehabilitar para uso público o bien demoler y reorientar el suelo para usos portuarios. A falta de una decisión firme, la nave sigue siendo foco de vandalismo y de incendios fortuitos o intencionados, según consideran técnicos que han visitado el interior.

Repercusiones locales y próximos pasos

Para los vecinos de la ciudad y para quienes pasan cada día por Beiramar, la escena es familiar: una construcción en ruinas que contrasta con las restauraciones y reformas que sí se han llevado a cabo en otros tramos de la fachada marítima. Comerciantes y hosteleros de la zona llevan tiempo quejándose del impacto negativo en el tránsito peatonal y la percepción de seguridad. El deterioro de la nave también pesa en el imaginario turístico: Vigo necesita mantener una imagen cuidada si aspira a consolidar la llegada de visitantes y la inversión en servicios portuarios.

Desde el punto de vista patrimonial existe además una discusión sobre memoria industrial. La actividad frigorífica del Berbés formó parte del pulso económico del litoral vigués durante décadas; perder ese edificio sin una lectura pública de su pasado sería, para muchos historiadores locales, una amnesia injustificable. Algunas propuestas ciudadanas y de colectivos culturales han abogado por un proyecto mixto, que combine memoria y uso comunitario con actividades compatibles con el entorno portuario.

La pelota está ahora en la cancha de las administraciones. La compra propuesta por la Zona Franca, si llegase a materializarse y fuera acompañada de fondos específicos, abriría la puerta a un uso cultural; si por el contrario el Puerto mantiene su criterio de orientación marítima, la opción sería un proyecto industrial o logístico que recomponga el frente portuario. En cualquier caso, las decisiones tendrán consecuencias económicas y urbanísticas para la ciudad y deberán coordinarse con el Concello y la Xunta para evitar nuevos impasses.

Mientras tanto, la nave de Beiramar, con una historia marcada por cinco incendios y múltiples intentos fallidos de rehabilitación, permanece como un recordatorio incómodo: la gestión del patrimonio industrial y la regeneración urbana exigen no solo buenas ideas, sino también voluntad política y recursos concretos. Vigo sabe rehabilitar muelles y transformar muros; queda por ver si es capaz de salvar este viejo edificio de su propio pasado antes de que el deterioro lo haga irreparable.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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