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Cambiar a las luces de cruce demasiado pronto puede dejar un “vacío de luz” y reducir la visibilidad nocturna

Cambiar a las luces de cruce demasiado pronto puede dejar un “vacío de luz” y reducir la visibilidad nocturna

Muchos conductores que circulan de noche en vías interurbanas cambian a luces de cruce en cuanto detectan otro vehículo a lo lejos, lo que puede generar un “vacío de luz” y dejar sin visibilidad el tramo de carretera delante del coche. Esta práctica, habitual por cortesía o por costumbre, aumenta la dificultad para anticipar obstáculos en zonas sin alumbrado público. La advertencia ha sido recogida en prensa y por especialistas en seguridad vial en marzo de 2026, que recuerdan la importancia de usar correctamente las luces largas. El problema se agrava en carreteras rurales y durante horas de escasa visibilidad.

Las luces largas están diseñadas para iluminar a gran distancia cuando no hay tráfico delante, mientras que las luces de cruce buscan evitar el deslumbramiento de otros conductores. El cambio entre una y otra no es solo una cuestión de etiqueta al volante: determina cuánto alcance tiene la vista del conductor y, por tanto, su tiempo de reacción ante un peligro. Un uso inadecuado puede convertir una maniobra preventiva en un riesgo añadido.

La confusión surge cuando, al detectar un vehículo lejano, el conductor reduce la intensidad de sus faros prematuramente. En esas circunstancias, el haz de las luces de cruce no llega tan lejos y deja una franja de oscuridad entre el vehículo propio y el otro coche. Ese “vacío de luz” impide ver con antelación animales, obstáculos o cambios en la calzada y reduce la capacidad de respuesta en tramos sin iluminación.

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Cómo deben emplearse las luces largas

Las luces largas deben utilizarse siempre que la vía esté libre de ocupantes que puedan resultar deslumbrados y cuando las condiciones de visibilidad lo requieran. En carreteras secundarias y tramos rurales sin iluminación pública su ventaja es clara: permiten detectar curvas, baches y fauna a mayor distancia. Sin embargo, tan pronto como aparezca otro vehículo en sentido contrario o delante en el mismo carril, la normativa obliga a cambiar a luces de cruce para no deslumbrar.

La transición debe producirse cuando la proximidad del otro vehículo hace probable el deslumbramiento, no cuando solo se intuye su presencia a lo lejos. Mantener las largas hasta ese punto mantiene la visión del conductor y reduce el riesgo. Por el contrario, anticipar el cambio por hábito crea la franja oscura que hoy alertan los expertos.

El error más frecuente y sus consecuencias

Especialistas en seguridad vial señalan que el gesto reflexivo de “bajar” las largas ante un destello de faros o una silueta distante se ha extendido por educación vial, pero no siempre responde a criterios de seguridad. En muchos casos, el otro vehículo todavía está a suficiente distancia como para no deslumbrarse, y el conductor que reduce su alumbrado pierde visión hacia delante.

Las consecuencias van desde no ver a tiempo a un animal que cruza hasta no detectar irregularidades en la calzada que exigen frenar o maniobrar. En tramos con curvas, el vacío de luz puede impedir identificar un vehículo parado o una curva cerrada, incrementando la probabilidad de colisiones frontales o salidas de vía.

Recomendaciones prácticas para evitar el vacío de luz

Los expertos recomiendan mantener las luces largas hasta que la proximidad del otro vehículo haga inevitable el cambio por riesgo de deslumbramiento. Antes de bajar la intensidad, conviene evaluar la distancia y la velocidad relativa para no dejar zonas sin iluminación cruciales. Además, es importante mantener los faros limpios y correctamente alineados, ya que una óptica sucia o desajustada reduce aún más el alcance real de las luces.

Otras medidas sencillas incluyen reducir la velocidad en tramos sin iluminación, usar el alumbrado antiniebla solo cuando las condiciones lo exijan y revisar el estado de los faros en las revisiones periódicas. Consultar el manual del vehículo ayuda a conocer las recomendaciones del fabricante sobre el manejo de los diferentes modos de iluminación.

La información original fue difundida por Elena Castellano y reproduce una inquietud compartida por profesionales de la seguridad vial: un gesto instintivo, si se realiza fuera del momento adecuado, puede convertir la cortesía en un peligro. Conducir de noche exige no solo buen alumbrado, sino también criterio para emplearlo.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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