Hoy se cumplen cien años desde la colocación de la primera piedra del justicia-en-a-coruna/" title="Palacio">Palacio de Justicia de A Coruña, acto que marcó el inicio de la construcción del edificio que centralizó la administración judicial en la ciudad. La ceremonia tuvo lugar el 14 de marzo de 1926 en la plaza de Galicia y contó con la presencia de autoridades nacionales y provinciales, así como de representantes del mundo judicial y de cuerpos de seguridad. El gesto simbólico respondió a una demanda urbana y profesional de décadas para dotar a la ciudad de un “alojamiento decoroso” para la Justicia. Desde entonces, el inmueble ha ido conformando parte esencial del paisaje institucional coruñés.
La colocación se celebró a mediodía con un templete artístico erigido en la parte norte del solar, decorado con guirnaldas que reproducían los colores de la bandera nacional y la gallega. Entre los asistentes destacó el ministro de Hacienda José Calvo Sotelo, que presidió el acto, junto a gobernadores civiles de las provincias gallegas, presidentes de audiencias, magistrados, jueces, secretarios, médicos forenses y miembros de la Guardia Civil y la Policía. Tras los parlamentos del alcalde y de las autoridades judiciales se firmó un acta que fue enterrada en los cimientos como testigo del inicio de las obras. A la ceremonia acudieron también representantes de colegios profesionales, entidades culturales y numerosos vecinos curiosos.
El diseño del edificio se remonta a 1909 y fue obra de los arquitectos Ricardo Boán y Julio Galán, cuyo proyecto permaneció guardado hasta que a comienzos de los años veinte se decidió su ejecución. Tras el fallecimiento de Boán, Galán retomó y adaptó el proyecto —aunque ya no residía en A Coruña— para adecuarlo al nuevo emplazamiento en la plaza de Galicia, cuando inicialmente estaba previsto en la plaza de España. La reapertura del proyecto respondió a la voluntad municipal de concentrar en un único inmueble dependencias judiciales que hasta entonces ocupaban espacios dispersos y carentes de la dignidad requerida.
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Conoce más →El Palacio de Justicia, proyectado con una superficie aproximada de 2.546 metros cuadrados, refleja las influencias centroeuropeas que caracterizaron parte de la obra de Galán, con una estética que remite a la imagen de una fortaleza. El arquitecto buscó un volumen uniforme, con una circulación interior directa y diferenciada entre áreas, y una fachada cuya lectura resultara clara y atractiva para el viandante. Los planos originales recogen también propuestas de decoración interior que pretendían dotar al conjunto de un carácter representativo acorde con su función institucional. Todo ello queda documentado en el libro ‘Un edificio con historia’, que estudia la génesis y desarrollo del inmueble.
La construcción del palacio se enmarca además en un momento de reformas penales y urbanísticas: ese mismo año se iniciaron las obras de la cárcel de la Torre, con lo que se trataba de ordenar y modernizar los espacios vinculados al Derecho y la administración pública en la ciudad. La mudanza definitiva desde ubicaciones como Capitanía y la antigua Cárcel Real representó para muchas de las profesiones jurídicas la culminación de décadas de reivindicación. Para el Ayuntamiento y para quienes intervinieron en el proyecto, el nuevo edificio simbolizaba la modernización y el prestigio de la ciudad ante el mapa institucional de la región.
A lo largo de un siglo, el Palacio de Justicia ha mantenido su papel como sede de audiencias y oficinas judiciales, adaptándose a las necesidades funcionales sin perder su impronta arquitectónica. Su silueta y su posición en la plaza de Galicia se integraron en el relato urbano de A Coruña, y el edificio actúa hoy como un hito reconocible en el tejido histórico de la ciudad. La conservación del inmueble plantea retos habituales en edificios públicos de este tipo: compatibilizar las exigencias modernas de accesibilidad y seguridad con la preservación de elementos históricos valorados por la ciudadanía.
El centenario invita a recuperar la memoria de un proceso que tardó décadas en resolverse y que, en su ejecución, reunió a las principales autoridades del momento. Disponer de un espacio propio para la Justicia fue percibido entonces como una mejora sustancial en la prestación del servicio público y como una conquista de dignidad institucional para A Coruña. Los discursos de la jornada y el ceremonial de la colocación ponen de manifiesto la relevancia política y social que se atribuyó al edificio desde sus orígenes.
Hoy, al cumplirse un siglo, el edificio permanece como testigo de esa etapa de transformación administrativa y urbana. La efeméride sirve para rememorar a quienes impulsaron la obra y para subrayar la importancia de conservar el patrimonio público que articula la vida institucional. El legado de arquitectos y responsables políticos de 1926 convive con las demandas actuales de modernización, y el centenario ofrece una oportunidad para repensar la función y el cuidado de un inmueble que sigue formando parte del relato público coruñés.
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