Hace un siglo que la existencia del edificio romano subyacente a la iglesia de Santa Eulalia de Bóveda salió a la luz de forma oficial, pero su origen y función siguen siendo objeto de debate. El hallazgo fue formalizado el 20 de junio de 1926 en una visita oficial desde Lugo, aunque las primeras señales se remontan a trabajos y rumores de las primeras décadas del siglo XX. La estructura, con columnas, frescos y una alberca central, plantea preguntas sobre su cronología y uso que todavía no tienen respuesta definitiva.
El descubrimiento primario llegó tras observaciones locales y pequeñas intervenciones en el atrio. En 1909, el cura que atendía la parroquia detectó anomalías en el suelo que llevaron a excavaciones en 1914; bajo las losas apareció una sala abovedada con elementos arquitectónicos y decorativos atípicos para la comarca. Doce años después, una comisión encabezada por técnicos provinciales certificó la importancia del conjunto.
Desde entonces, la intervención sobre el monumento ha alternado entre la protección del espacio y la investigación incompleta. En 1931 fue declarado monumento nacional y, décadas después, en 1996, recibió la figura de bien de interés cultural. A pesar de estas protecciones, la interpretación del edificio sigue abierta: ¿fue un templo, un ninfeo, una instalación cultual de carácter privado o público?
Salado Golf & Beach Resort
Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.
Conoce más →Primeras investigaciones y errores cronológicos
Las primeras lecturas científicas marcaron la trayectoria del debate. El sacerdote que alertó del monumento, José María Penado, y quienes inspeccionaron el hallazgo impulsaron la atención académica sobre el lugar. Posteriormente, los responsables del museo provincial y los técnicos municipales que visitaron el hallazgo fijaron 1926 como la fecha del descubrimiento oficial.
En las décadas siguientes, los trabajos arqueológicos y la interpretación de materiales crearon distintas hipótesis sobre la datación. Algunos investigadores citaron elementos que podrían situar el edificio entre los siglos III y IV antes de Cristo, una cronología que chocaría con la naturaleza romana atribuida al conjunto.
«Que podría ser del siglo VIII o IX, no hay certeza; solamente de que fue hecha entre lo romano y lo románico. Lo poco que se sabe es que aprovecharon el templo de abajo para hacer el de arriba.»
El historiador Enrique Montenegro, autor de la única tesis doctoral dedicada al monumento, subraya esa incertidumbre y recuerda que en varias fases posteriores se reutilizaron materiales romanos, lo que complica aún más las lecturas estratigráficas.
Funciones propuestas y trabajos posteriores
Una de las interpretaciones más repetidas es la de Manuel Chamoso Lamas, quien consideró el conjunto como un ninfeo, un espacio vinculado al culto de las ninfas y al tratamiento del agua. Esta propuesta marcó una cronología y una función que han sido revisadas y discutidas por investigadores posteriores.
Los trabajos de protección, sobre todo en la posguerra, priorizaron la conservación del enclave sobre la excavación exhaustiva. El arqueólogo Manuel Gómez Moreno y otros técnicos optaron por cubrir y proteger la alberca central con un enlosado de mármol, medida que evitó mayores deterioros pero también limitó el acceso para estudios posteriores.
Además, la mención en un testamento episcopal del siglo VIII —donde se alude a «un santoral de abajo y otro de arriba»— alimenta la hipótesis de superposición de espacios religiosos. No está claro si esa referencia apunta a dos construcciones distintas o a niveles sucesivos del mismo templo.
La existencia de ladrillos romanos con marca de cajeado triangular en fases posteriores apunta a la reutilización de materiales y a la pervivencia del lugar como foco de atención en distintos momentos históricos. Ese dato ofrece una pista tangible, pero no resuelve la cuestión esencial: cuándo y para qué se construyó originalmente la sala inferior.
Hoy, tras un siglo desde la oficialización del hallazgo, Santa Eulalia de Bóveda mantiene su capacidad de fascinación y su condición de enigma arqueológico. La suma de testimonios escritos, reformaciones constructivas y hallazgos materiales forma un rompecabezas cuyo encaje requiere nuevas excavaciones, métodos de datación y una lectura conjunta de la documentación medieval y la evidencia arqueológica.
Para los estudiosos, el reto es combinar la prudencia científica con la protección del monumento. Cualquier intervención futura deberá equilibrar la obtención de datos decisivos con la conservación de unos vestigios que, además de su valor histórico, siguen siendo un patrimonio sensible para la comunidad local y para la investigación gallega en general.
¿Buscas una Inversión Segura?
Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual
Solicitar Información Ahora