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Con la gasolina por las nubes, ir más rápido con el coche sale mucho más caro de lo que parece

Fernando Alonso sirve de icono, pero no de consejo: intentar apurar la velocidad en los trayectos diarios entre el hogar y la empresa puede parecer que ahorra tiempo, pero encarece notablemente cada kilómetro. Publicado el 20 de marzo de 2026, el debate vuelve a ponerse sobre la mesa en Galicia, donde la dispersión poblacional y la dependencia del vehículo privado convierten el precio de los combustibles en un asunto cotidiano y sensible.

Consumo frente a velocidad: la cuenta que no siempre encaja

La física no perdona: a mayor velocidad, mayor resistencia aerodinámica, y eso se traduce en más gasolina por kilómetro. En términos prácticos, para muchos turismos el punto de menor consumo se sitúa alrededor de los 80-90 km/h; subir a cruceros sostenidos de 120 km/h puede aumentar el gasto entre un 20% y un 30%. Si cada litro anda por el orden de los 1,70 €/litro —ejemplo sencillo para hacer números—, la diferencia en una ruta habitual puede pasar de céntimos a euros en apenas semanas.

Tomemos un trayecto frecuente en áreas metropolitanas gallegas: un trabajador que viva en el área de Vigo y haga a diario 20 kilómetros en total (ida y vuelta) consumirá menos combustible manteniendo ritmos moderados y evitando aceleraciones bruscas. Si opta por “ir a ritmo de circuito” para ganar cinco minutos, lo más probable es que visite la gasolinera con más frecuencia; esos cinco minutos se pagan cada semana, cada mes. A nivel mensual el sobrecoste puede situarse en varias decenas de euros, dependiendo del coche y del precio del combustible.

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No se trata solo de velocidad punta: la conducción agresiva —aceleraciones y frenadas continuas— penaliza tanto como circular por encima del umbral eficiente del motor. Incluso los desplazamientos a baja velocidad, por ejemplo en calles muy congestionadas a 20 km/h, tienen su propia ineficiencia porque el motor consume combustible sin que el vehículo recorra mucha distancia. Dicho de otro modo, ni ir muy despacio ni ir muy rápido sale gratis.

Galicia y su particular relación con el coche

En la comunidad gallega la geografía condiciona. Los concellos del interior y las rías que separan ciudades y su periferia hacen que el coche siga siendo la opción más práctica para cientos de miles de desplazamientos diarios. A falta de una red de trenes de cercanías que cubra con comodidad trayectos como Pontevedra-Vigo-Santiago, o de frecuencias de autobús que encajen con los horarios laborales, la gente acaba recurriendo al turismo particular.

Históricamente la Xunta ha intentado impulsar alternativas —mejoras en la PO-533, inversiones en paradas intermodales, subvenciones a transporte escolar— pero los cambios estructurales son lentos y el bolsillo no espera. Muchos conductores gallegos recuerdan los picos de 2022 y 2023; ahora, con los precios aún elevados en marzo de 2026, la tensión vuelve a notarse en los surtidores y en las conversaciones de bar. No es la primera vez que la subida del combustible fuerza cambios de hábitos: en 2012 ya se vivieron ajustes en horarios y combinaciones de coche compartido que ahora resurgen.

Además, la edad media del parque automovilístico regional es más alta que la media estatal: coches menos eficientes y sin las últimas mejoras aerodinámicas o de gestión térmica consumen más. Renovar el parque con vehículos más frugales o electrificar supondría un alivio a largo plazo, pero requiere tiempo, incentivos y acceso a punto de recarga, un terreno donde Galicia aún tiene margen de mejora.

Repercusiones en el bolsillo y opciones para mitigarlas

Para quien planifica su economía doméstica, la cuenta es clara. Un conductor que aumente su consumo medio en un 25% por circular más deprisa verá cómo su gasto mensual en gasolina se incrementa de forma notable. Si el presupuesto familiar está ajustado, esos euros extra acaban restándose de ocio, ahorros o incluso de la cesta alimentaria. En la práctica, el coste real de “ir más rápido” no es solo el combustible: se suma el mayor desgaste del vehículo, el incremento de la poliza en caso de siniestro y las multas potenciales si se exceden límites, que aquí van desde sanciones económicas hasta pérdida de puntos.

Alternativas hay y algunas son de sentido común. Ajustar el estilo de conducción —mantener marchas largas, anticipar el tráfico para evitar frenazos, y usar el control de crucero cuando sea seguro— reduce consumo. La movilidad compartida y la coordinación de horarios entre compañeros de trabajo funcionan en núcleos urbanos como A Coruña y Vigo; prácticas que en su día promovieron algunas empresas industriales de la ría y que hoy reaparecen como solución pragmática.

La electrificación es otra vía, aunque no inmediata. Un coche eléctrico elimina la factura de gasolina pero introduce la de la red eléctrica y, para muchos, la limitación de autonomía y la necesidad de puntos de recarga públicos. Aquí la administración autonómica y los operadores privados tienen un papel: desplegar cargadores rápidos en polígonos industriales, áreas de servicio y municipios pequeños es clave para facilitar la transición.

Por último, la vía fiscal y regulatoria sigue abierta: bonificaciones sobre la compra de vehículos eficientes, peajes horarios que primen la movilidad sostenible o ayudas directas en episodios de precios extremos. A falta de confirmación oficial sobre medidas concretas para los próximos meses, los hogares gallegos ya están ajustando viajes, agrupando recados y revisando neumáticos —un dato concreto: un neumático mal inflado puede elevar el consumo varios puntos— para exprimir cada décima de litro.

El conductor que busque ahorrar tiempo y dinero deberá medir ambas cosas. Perder cinco minutos por trayecto quizá compense si el margen salarial lo justifica, pero la factura acumulada de combustible, mantenimiento y riesgos reduce ese beneficio. En una comunidad donde la movilidad es al mismo tiempo necesidad y competición, el reto es encontrar rutinas más eficientes sin renunciar a la actividad económica. La próxima vez que alguien piense en pisar el acelerador para llegar antes, convendrá que haga la cuenta: el ahorro de tiempo puede costar mucho más de lo que parece.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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