En un acto celebrado la pasada semana en la localidad de Chaves, en el norte de Portugal, la multinacional gallega Cortizo colocó la primera piedra de su nueva fábrica dedicada al procesamiento de aluminio. El proyecto, que ha pasado de una inversión inicial de 60 millones de euros a situarse alrededor de los 105 millones de euros, ocupará un recinto de casi 300.000 metros cuadrados y dará trabajo directo a unas 450 personas cuando alcance su plena producción, prevista a finales de 2027.
Arranca la obra en Chaves: dimensiones, calendario y apoyo institucional
La construcción formal del complejo industrial ya ha comenzado sobre un terreno que inicialmente se adquirió por 150.000 metros cuadrados y que finalmente se ha ampliado hasta casi el doble, según comunicaron fuentes municipales. La factoría, diseñada para disponer de alrededor de 80.000 metros cuadrados de superficie construida, integrará procesos de extrusión y acabados que permitirán a Cortizo cubrir buena parte del ciclo productivo del aluminio.
Presente en el acto, junto con directivos de la compañía, estuvo el ministro portugués de Economía y Cohesión Territorial, Manuel Castro Almeida, que dio cuenta del respaldo del Ejecutivo luso al proyecto. La Cámara local describió el inicio de las obras como “un hito significativo” y lo calificó como uno de los mayores proyectos empresariales jamás emprendidos en el municipio.
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Conoce más →«Un hito significativo… uno de los mayores proyectos empresariales jamás emprendidos en el municipio», en palabras de la Câmara Municipal de Chaves.
La puesta en marcha contempla una plantilla que se formará inicialmente en España antes de incorporarse a la planta portuguesa, siguiendo el plan de la empresa para homologar procesos y reducir el tiempo de aprendizaje. La dirección de Cortizo también ha subrayado que esta será la planta más moderna del grupo, con altos niveles de automatización y tecnología avanzada.
Por qué Portugal: incentivos, logística y estrategia transfronteriza
No es la primera vez que una empresa gallega mira al norte de Portugal en busca de suelo industrial y condiciones competitivas. En este caso, además de la cercanía geográfica con Galicia, la decisión responde a un paquete de incentivos ofrecido por Lisboa: la planta fue declarada Projeto de Interesse Nacional y se ha incluido en el Sistema de Incentivos à Inovação Produtiva, lo que facilita ayudas públicas y condiciones fiscales más favorables.
En Chaves, las autoridades municipales han colaborado con la compañía cediendo terrenos “en condiciones muy competitivas” y aplicando una reducción del impuesto municipal que, según las mismas fuentes, ha sido determinante para decantar la inversión. A esto se suma la estratégica posición logística del norte luso para acceder tanto al mercado ibérico como a corredores europeos que la compañía ya explota desde sus centros en Francia, Eslovaquia y Polonia.
La expansión forma parte de una política empresarial más amplia de Cortizo, con base en Padrón, que en los últimos años ha reforzado su presencia internacional. Cabe recordar que la firma inauguró recientemente una planta de reciclaje de aluminio en el concello coruñés de Coirós —con una inversión de 38 millones de euros— y un centro logístico en Vila do Conde de 9.500 metros cuadrados por 5,5 millones. Ese movimiento muestra una apuesta por cerrar el ciclo entre producción primaria, reciclaje y logística.
Impacto local, oportunidades y desafíos ambientales
Las cifras anunciadas —que incluyen una producción prevista de 58.000 toneladas anuales— dibujan una planta con capacidad para transformar la economía de los alrededores. Para una región como Trás-os-Montes, con menos densidad industrial que otras zonas portuguesas, la llegada de cientos de empleos directos y la potencial creación de contratos indirectos en suministros y servicios pueden suponer un estímulo significativo.
Sin embargo, el alumbramiento de una gran instalación de transformación de aluminio plantea interrogantes que conviene no banalizar. El procesamiento del aluminio es intensivo en consumo energético y, en clave de sostenibilidad, la huella ambiental y las fuentes de electricidad que emplee la planta serán variables decisivas. En este punto, la existencia previa de una planta de reciclaje vinculada al grupo es un elemento favorable: el aluminio reciclado reduce considerablemente la demanda energética frente al metal primario.
También la disponibilidad de mano de obra cualificada y la capacidad de integrar a los nuevos trabajadores mediante programas formativos serán determinantes. El compromiso de formar personal en España antes de su traslado a Chaves apunta en esa dirección, pero el reto será mantener una oferta estable de empleo en la zona una vez superada la fase de instalación.
Próximos pasos y lectura estratégica para Galicia y el norte luso
A corto plazo, la mirada se centrará en la ejecución del cronograma y en la confirmación de la cadena de suministros, desde la materia prima hasta los clientes finales. La planta está prevista que entre en operación hacia finales de 2027, siempre que no surjan retrasos en la construcción o en la entrega de equipos especializados.
Para Galicia, la operación confirma una tendencia: empresas con raíz gallega que externalizan parte de su capacidad productiva al otro lado de la frontera para aprovechar economías de escala y marcos regulatorios favorables. Eso no es necesariamente negativo; puede favorecer sinergias industriales y logísticas. Pero pone sobre la mesa la necesidad de políticas públicas que fomenten la competitividad interna, el ahorro energético y la formación técnica si se quiere retener actividad industrial de alto valor añadido.
En definitiva, la colocación de la primera piedra en Chaves marca el inicio de una apuesta ambiciosa de Cortizo, con potencial para transformar parte del tejido económico transfronterizo. El éxito dependerá, en buena medida, de factores fuera del control de la empresa: el coste de la energía, la demanda internacional de aluminio y la eficiencia con la que se implanten los procesos automatizados prometidos. A falta de ver los primeros productos salir de la línea de producción, el proyecto ya ha dejado claro que la Galicia industrial continúa proyectando su influencia más allá de sus fronteras.
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