martes, 10 de marzo de 2026 | Galicia, España
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Creatividad como manifiesto natural

Creatividad como manifiesto natural

Fernando Carballa protagoniza en marzo en Madrid un doble itinerario expositivo que reúne denuncia ecológica y experimentación material. Hasta el 22 de marzo, la sala María Teresa Tellería del Real Jardín Botánico acoge Fotosíntesis Atlántica, comisariada por Lola Varela, mientras que en paralelo el creador presenta en el espacio Studio RGF una colección de piezas cerámicas de carácter experimental. Ambas propuestas revelan la doble pulsión del artista: convertir el arte en un vehículo de protesta frente a la degradación del entorno atlántico y, al mismo tiempo, explorar nuevas posibilidades plásticas a partir de materiales residuales. La iniciativa entronca con los actos del 270 aniversario del Real Jardín Botánico, que incorpora así una lectura crítica del paisaje y de la memoria industrial.

La muestra en el Jardín Botánico se plantea con voluntad de manifiesto más que como una simple exposición esteticista. El discurso visual de Carballa parte de las agresiones históricas y recientes sufridas por los ecosistemas costeros y fluviales, y pretende poner en voz alta problemas que en muchos casos permanecen invisibilizados. En esa línea, la obra dialoga con el pasado industrial de Galicia y con episodios concretos que han marcado la percepción pública del litoral. La sala, con su atmósfera de museo-ciencia, refuerza el efecto de alarma que busca la muestra.

Entre los hitos que el artista denuncia aparecen la instalación en la ría de Pontevedra de una fábrica de celulosa en los años sesenta y la amenaza más reciente de proyectos de gran escala, como el anunciado proyecto de macrocelulosa en Palas de Rei que podría poner en riesgo la cuenca del Ulla. Carballa no elige el tono de la evocación romántica sino el de la acusación documentada: su trabajo funciona como registro y como llamada de auxilio ante riesgos acumulados. Esa intención convierte las piezas en documentos comprometidos con la conservación y en estímulos para el debate público sobre la planificación industrial.

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La comisaria ha señalado que, además de las agresiones industriales, la exposición quiere llamar la atención sobre procesos ambientales menos visibles pero igualmente devastadores, como la eucaliptización masiva que desplaza a los bosques autóctonos gallegos. Esa transformación del paisaje, ligada a modelos de explotación forestal intensiva, figura en la narración de la muestra como uno de los mecanismos que agravan la pérdida de biodiversidad. El montaje procura que el público reconozca cómo políticas y prácticas económicas modulan el aspecto del territorio y sus funciones ecológicas.

Para materializar esa crítica, Carballa prescinde en buena medida de pigmentos industriales y recurre a restos del propio mar: algas, laminarias, sargazos y caparazones de moluscos integran la paleta y la textura de muchas piezas. Convertir esos elementos en materia plástica no solo aporta texturas y aromas distintos, sino que invierte simbólicamente la relación entre sujeto y objeto: los residuos del ecosistema recuperan espacio y voz en el relato artístico. La operación, en palabras de quienes han visto el montaje, reubica la agencia en la propia materia que ha sufrido la agresión.

En el Studio RGF, por su parte, la propuesta incide en la vertiente material y técnica de la obra de Carballa. Allí se muestran piezas cerámicas que exploran el límite entre lo utilitario y lo escultórico, fruto de procesos experimentales con el fotopolímero, la fotografía y el ensamblaje. Ese puente entre técnica y concepto permite leer la cerámica como laboratorio de ideas: formas que retienen memoria del mar, técnicas que incorporan restos y procedimientos que cuestionan la noción de materia limpia y separada.

La inauguración de las muestras contó con la presencia de María-Paz Martín Esteban, directora del Real Jardín Botánico, junto a la comisaria y al propio artista, acto en el que se subrayó el valor de situar la creación contemporánea en diálogo con instituciones científicas. La carrera de Carballa, licenciado en Bellas Artes y vinculado a la escena gallega por su origen y por las temáticas que aborda, se presenta así como un ejemplo de cómo la producción local puede intervenir en debates globales. La conjunción de ciencia, arte y activismo fue destacada como un activo para ampliar la audiencia de estos discursos.

Más allá del impacto en Madrid, las propuestas de Carballa colocan sobre la mesa preguntas relevantes para Galicia: cómo se gestionan los recursos, quién decide proyectos industriales de gran envergadura y qué espacio ocupan las comunidades y los ecosistemas en esas decisiones. Ambas exposiciones, complementarias en método y tono, invitan a recorrer la relación entre cultura y territorio con herramientas que van de la estética a la documentación. Quedan pocos días para visitar la sala del Real Jardín Botánico, pero la conversación que buscan abrir difícilmente terminará con el cierre de las salas.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.

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