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Crece la mezcla de ansiolíticos y otras drogas entre los jóvenes de Santiago

Crece la mezcla de ansiolíticos y otras drogas entre los jóvenes de Santiago

Expertos sanitarios alertan del aumento en Santiago de Compostela del uso recreativo de benzodiacepinas combinado con otras sustancias entre la población joven, una tendencia detectada en los últimos años y especialmente prominente en el ocio nocturno de la ciudad. La advertencia llega en un contexto en el que los datos más recientes disponibles señalan a España como el país con mayor consumo de este grupo de fármacos, y los especialistas atribuyen el fenómeno a la accesibilidad, la normalización del consumo y la búsqueda de nuevas sensaciones. El mensaje de alarma se ha difundido en fuentes médicas y estudios publicados hasta 2024, que subrayan los riesgos de mezclar sedantes con estimulantes, alcohol u opioides. Las autoridades sanitarias y los profesionales reclaman medidas de control y campañas de prevención dirigidas a los jóvenes.

Según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), en 2020 España alcanzó casi 110 dosis diarias de benzodiacepinas por cada 1.000 habitantes, la cifra más alta registrada a nivel mundial en esos datos. Solo Bélgica y Portugal se aproximan con 84 y 80 dosis diarias respectivamente, mientras que otros países de Europa muestran consumos mucho menores, según los informes citados por asociaciones de consumidores y sociedades científicas. Estudios de 2024 de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y sociedades médicas apuntan además a una prevalencia sostenida del consumo en la población adulta, lo que sitúa el problema en la agenda pública.

En cifras que ilustran la extensión del fenómeno, las encuestas disponibles indican que alrededor del 22% de los españoles entre 18 y 70 años han consumido benzodiacepinas, y de ellos un 40% las toma de forma diaria. Además, el 65% de quienes consumen estos fármacos llevan usándolos seis meses o más, lo que aumenta el riesgo de dependencia y dificultades en el proceso de retirada. Entre los grupos más jóvenes, los datos muestran que el 59% de las personas entre 25 y 29 años han consumido tranquilizantes en los últimos cinco años, una cifra que preocupa a los profesionales de salud pública.

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La situación en Galicia también es notable. La psiquiatra del Hospital Clínico Universitario de Santiago y docente en la Universidad de Santiago de Compostela, Ángela Torres, recuerda que en la comunidad aproximadamente un 20% de la población entre 34 y 65 años ha tomado benzodiacepinas en el último mes, una cifra que exige vigilancia. Torres advierte de un cambio en los patrones de consumo: si antes predominaba el uso en el contexto de trastornos de ansiedad o insomnio tratados por médicos, ahora emergen prácticas recreativas entre los más jóvenes que combinan fármacos con otras drogas. Ese nuevo patrón, según la especialista, complica la detección y el tratamiento porque muchas veces el uso no se declara en las consultas sanitarias.

El jefe del servicio de Psiquiatría del CHUS, Mario Páramo, subraya la importancia de contextualizar las cifras con la forma de prescripción en España: las benzodiacepinas se recetan ampliamente desde atención primaria, no solo en consultas de psiquiatría, y los controles para su dispensación no son uniformes. Páramo señala que en países con mayor control sobre estas recetas se observa un predominio de otros tipos de fármacos, como los analgésicos, lo que indica diferencias en las políticas de prescripción. Para el facultativo, cualquier estrategia de reducción de daño debe implicar formación a médicos de familia, regulación sanitaria y alternativas terapéuticas no farmacológicas.

En el terreno local, profesionales describen prácticas como la denominada «karkubi», consistiendo en la combinación deliberada de benzodiacepinas con estimulantes u otras drogas para intensificar o modular los efectos recreativos. En una ciudad con una vida nocturna intensa como Santiago, esa mezcla se facilita por la disponibilidad y por la percepción errónea de que, al ser fármacos prescritos, su consumo es menos peligroso. Los especialistas insisten en que las interacciones pueden aumentar el riesgo de depresión respiratoria, pérdida de consciencia, empeoramiento del control motor y mayor probabilidad de accidentes viales o laborales.

Los riesgos clínicos asociados a la mezcla no son sólo inmediatos: el uso prolongado de benzodiacepinas puede provocar tolerancia, dependencia física y síndrome de abstinencia al intentar interrumpir el consumo, además de efectos cognitivos y psicológicos duraderos. El cruce con otras sustancias agrava los cuadros clínicos, complica los tratamientos de urgencia y eleva la mortalidad en episodios de sobredosis cuando aparecen combinaciones con opioides o alcohol. Profesionales de emergencias y psiquiatría en Galicia han observado un aumento de consultas relacionadas con intoxicaciones por co‑consumo en fines de semana festivos.

Frente a ese panorama, las propuestas pasan por reforzar la vigilancia epidemiológica, mejorar los controles de prescripción y dispensación, y desarrollar campañas de información dirigidas específicamente a la juventud que explique los riesgos de las mezclas. También piden ampliar recursos en salud mental comunitaria, ofrecer alternativas no farmacológicas para el manejo de la ansiedad y el insomnio y establecer protocolos de actuación en el ámbito del ocio nocturno. Los especialistas reclaman además la actualización de datos para poder evaluar la evolución del fenómeno desde 2020 y diseñar políticas públicas más ajustadas.

La advertencia de los expertos en Santiago plantea la necesidad de una respuesta coordinada entre servicios sanitarios, educación y autoridades municipales para atajar tanto la oferta como la demanda de estas combinaciones peligrosas. Mientras tanto, los profesionales sanitarios insisten en que cualquier persona que consuma benzodiacepinas debe hacerlo bajo supervisión médica y conocer los riesgos de mezclarlas con otras sustancias. La llamada a la prevención, concluyen, es urgente para evitar que prácticas recreativas se traduzcan en daños permanentes o en tragedias evitables.

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Sofía Martínez

Periodista de Galicia Universal.

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