La vecina de Laxes, Dolores Benilde Castaño, celebró este jueves su 102.º cumpleaños en compañía de familiares y autoridades municipales, en un acto que tuvo lugar en su domicilio de la parroquia de Cordeiro, en Valga. A la celebración acudieron su nuera, su nieto, sobrinos y primos procedentes de Valga y de localidades cercanas como Dodro, además del alcalde, José María Bello Maneiro, y la concejala Carmen Gómez, que le entregaron un ramo de flores y una tarta. Durante la visita, la centenaria brindó con un sorbo de vino, contó anécdotas y lanzó al regidor un saludo cargado de afecto: «hasta dentro de un año», con el que dejó patente su deseo de volver a verse en la próxima efeméride. La jornada, celebrada el 12 de marzo de 2026, fue descrita por fuentes municipales como un momento de alegría para la familia y para el vecindario.
La presencia del alcalde y de la concejala subrayó el carácter institucional y comunitario de la efeméride: además de las flores y la tarta, las autoridades conversaron con la homenajeada sobre vecinos y proyectos en marcha en el Concello. Según las mismas fuentes, la conversación fue animada y la cumpleañera mostró interés por las obras y actuaciones municipales que afectan al municipio. No faltó el tradicional brindis: a Dolores, relatan, le agrada tomar un «chopo» de vino a diario, costumbre que mantiene con naturalidad y que forma parte de su vida cotidiana.
Familiares llegados de distintos puntos se encargaron de que la jornada fuera íntima pero concurrida. La nuera, el nieto y varios sobrinos y primos compartieron recuerdos y fotografías, y ayudaron a la centenaria a apagar las velas de la tarta. La celebración reflejó la estrecha red de parentesco que mantiene con unos y otros y la importancia de las pequeñas rutinas que, según cuentan, la mantienen animada y participativa en la vida del pueblo.
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Conoce más →Nacida en 1924 en la aldea de Beiro, Dolores Benilde Castaño Bandín se trasladó a Laxes cuando contrajo matrimonio y a lo largo de su vida fue madre de un hijo, abuela de tres nietos y bisabuela de dos bisnietos. Durante una etapa residió en la ciudad de Pontevedra, donde trabajó como cocinera y regentó una pensión destinada a estudiantes, experiencia que le permitió relacionarse con generaciones más jóvenes y mantener una vida laboral activa fuera del hogar. Sus vivencias muestran la movilidad y la capacidad de adaptación de muchas mujeres de su generación que combinaron trabajo y familia en tiempos de cambios sociales.
En el ámbito local, la cumpleañera ocupa el puesto de la segunda persona más longeva de Valga, por detrás de María Tarrío, vecina de Eiras que cumplió 103 años en septiembre pasado. La existencia de varias personas centenarias en el municipio pone de relieve la longevidad entre la población y la atención que prestan las familias y los servicios locales a sus mayores. Para el Concello, la visita institucional a la domicilia de Dolores fue una forma de reconocer esa trayectoria y de reforzar el vínculo entre las administraciones y los núcleos de convivencia familiar.
El saludo con el que la homenajeada despidió al alcalde —»hasta dentro de un año»— fue recibido con sonrisas y afecto por los presentes, y se interpretó como una muestra de esperanza y de buen ánimo frente al paso del tiempo. Fuentes municipales destacaron la claridad y el talante conversador de Dolores, que en todo momento desgranó recuerdos, nombró a vecinos y se interesó por asuntos cotidianos, manteniendo un tono vivo y socarrón que sorprendió a quienes la conocen bien.
La celebración transcurrió sin formalismos excesivos, combinando el afecto de los allegados con la representación institucional, y sirvió para reiterar la importancia de las pequeñas comunidades en la preservación de la memoria colectiva. En Valga, explican, estos encuentros obligan a detenerse y a recordar historias familiares y del propio pueblo, y en el caso de Dolores permitieron repasar décadas de vida que atraviesan buena parte del siglo XX y comienzos del XXI.
Al término de la visita, la familia destacó la sencillez y la serenidad de la homenajeada, que sigue disfrutando de su entorno y de las visitas de parientes y vecinos. Para la corporación municipal, que envía sus mejores deseos, la cita fue también una llamada a mantener la atención hacia las personas mayores y a reconocer públicamente su papel en la vida comunitaria. Así, entre flores, tarta y recuerdos, la centenaria se despidió con un deseo sencillo y claro: volver a encontrarse con sus allegados dentro de un año.
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