El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este martes en una rueda de prensa en la Casa Blanca que sería “un gran honor” para él “tomar Cuba”, en medio de la escalada de tensiones entre Washington y La Habana motivada por el bloqueo de carburantes impuesto en enero. La declaración se produjo el 17 de marzo de 2026 y coincide con un nuevo apagón nacional en la isla y con informaciones sobre contactos diplomáticos entre ambos gobiernos.
Trump dijo que podría tomar la isla ya sea para “liberarla” o por la fuerza, y añadió que su Administración mantiene conversaciones con autoridades cubanas, según explicaron portavoces en la comparecencia. La afirmación llega en un contexto de sanciones y restricciones energéticas estadounidenses que, según La Habana, han agravado la crisis económica y el malestar social.
El presidente estadounidense describió además a Cuba como una “nación fracasada” y resaltó la riqueza natural y paisajística de la isla como motivos que, a su juicio, explicarían su interés estratégico. Estas declaraciones han provocado inquietud en foros internacionales y en sectores diplomáticos que temen una mayor escalada verbal o incluso acciones más contundentes.
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«Tomar Cuba, eso sería un gran honor. Tomar Cuba, tomar Cuba de alguna forma, sí. Ya sea liberarla o tomarla. Podría hacer lo que quisiera con ella»
Con estas palabras, Trump dejó abierta la posibilidad de que Estados Unidos altere el statu quo en la región por la vía diplomática o, según él mismo sugirió, por otros medios. Analistas consultados por este periódico advierten sobre el uso de un lenguaje que puede normalizar opciones coercitivas y complicar los pasos diplomáticos que, según Washington, intentan reabrir canales con La Habana.
En la misma comparecencia, el mandatario presumió de relaciones personales con cubanos residentes en Estados Unidos que, dijo, se han hecho millonarios, y reiteró que el bloqueo energético impuesto en enero ha dejado a la isla “sin dinero, sin petróleo, sin nada”.
Respuesta de La Habana y situación interna en Cuba
El Gobierno cubano, encabezado por Miguel Díaz-Canel, reconoció hace días que existen “conversaciones” con representantes estadounidenses para buscar soluciones a las diferencias bilaterales por la vía del diálogo. La propia La Habana atribuye la profunda crisis energética a las restricciones impuestas por Washington.
En paralelo, Cuba inició la semana con un nuevo apagón nacional, el sexto en los últimos dieciocho meses, que las autoridades relacionan con la paralización de suministros de crudo y que ha disparado el descontento social en varias provincias. Expertos en la isla alertan del impacto acumulado de los cortes en el sistema productivo y en los servicios básicos.
El Ejecutivo cubano ha intentado combinar la denuncia internacional de las sanciones con gestos de apertura al diálogo, una estrategia que ahora se ve tensionada por las declaraciones públicas del presidente estadounidense.
Reacciones internacionales y posibles consecuencias
La retórica de Trump ha recibido críticas en Bruselas y en otros centros diplomáticos, que advierten sobre los riesgos de una escalada y subrayan la necesidad de soluciones multilaterales. Fuentes europeas han rechazado la idea de intervenciones unilaterales y han pedido contención y respeto al derecho internacional.
Analistas de política exterior señalan que cualquier intento de “tomar” territorio soberano implicaría consecuencias legales y políticas de enorme alcance, y recuerdan que la comunidad internacional, en su mayoría, defiende la resolución pacífica de conflictos.
En Washington, el discurso del presidente también genera debate entre congresistas y expertos sobre la mezcla de presión económica y diplomacia cara a cara. Algunos defienden la firmeza hacia el régimen cubano, mientras que otros alertan del costo humanitario y geopolítico de medidas que afecten a la población civil.
Por ahora, la incógnita es si las conversaciones anunciadas entre ambos gobiernos podrán reducir las tensiones o si, por el contrario, la retórica presidencial marcará una nueva fase de confrontación. Mientras tanto, la situación en la isla y el sufrimiento de la población ante los cortes energéticos mantienen la atención internacional puesta en La Habana y en la política de Estados Unidos hacia el Caribe.
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