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Dragan Apic: "Cuando llegó Luis Casimiro le dije: 'Soy un soldado; un luchador"

Dragan Apic: Cuando llegó Luis Casimiro le dije: Soy un soldado; un luchador

Dragan Apic está satisfecho con la persona que es y agradecido a todos los clubes por los que pasó. El destino trajo al serbio (Novi Sad, 1995) hasta Lugo, donde es feliz tanto en la ciudad como en el club celeste.

Aunque sus números este curso son discretos —»mi juego no es de estadísticas», dice—, cumple con su papel como tercer pívot: no protesta jamás, obedece lo que su técnico y el staff le encomiendan y lo da todo en la cancha, como el buen soldado que es.

Infancia y referentes en el baloncesto

Usted, que vio la primera luz en un país que respira baloncesto, ¿qué recuerdo tiene de niño con un balón en las manos?
Tuvimos una gran generación en el 2002, que ganó el Mundobasket de ese año (se celebró en Estados Unidos y Serbia y Montenegro compitieron juntas bajo la denominación de República Federal de Yugoslavia) y todos los niños por el barrio, por la ciudad (Novi Sad) y por todo el país querían empezar a entrenar al baloncesto.

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Ese fue mi primer contacto con este deporte. Rememoro que en cada pabellón había una fotografía gigante de esos jugadores celebrando el título, como Dejan Bodiroga, el más histórico de esa época.

¿Fue en ese momento cuando pensó ‘Dragan, yo quiero dedicarme a esto’?
Sí, aunque después empecé a crecer mucho y era mucho más alto que otros niños y me di cuenta de que podía jugar a otro nivel.

¿Qué referente tuvo de joven en su posición?
Kyle Hines fue un jugador impresionante para mí. Era un pívot pequeño (el ‘center’ estadounidense, de hecho, medía 1,94 metros) que jugó en el Olympiakos y en el CSKA Moscú, en los que ganó la Euroliga en cuatro ocasiones.

¿Qué valores del baloncesto serbio le han marcado más?
El trabajo es lo número uno. Trabajamos muchísimo. Durante los años de la adolescencia, en Serbia se entrena muy, muy duro y durante innumerables horas.

Nuestros entrenadores allí desde hace mucho años creen que este es el único camino para mejorar y para crecer.

¿Qué papel ha jugado su familia en su carrera?
Mis padres no me empujaron a jugar al baloncesto, aunque sabían que practicar deporte era saludable y algo bueno para mi desarrollo como persona.

Ellos nunca me metieron presión y lo único que querían era que fuese feliz, allá donde jugase.

¿Siguen sus partidos aunque estén lejos?
Sí, sí claro (responde categórico).

Trayectoria profesional y adaptación

¿Qué aspectos de su juego cree que han evolucionado más desde sus inicios?
Hubo un momento, tenía 22 o 23 años creo recordar, en el que me di cuenta de que si quería jugar a un nivel más alto tenía que trabajar más a nivel físico, mi cuerpo.

Yo no tengo una gran altura, no mido 2,15, por lo que tengo que incidir en ello y esforzarme en el gimnasio. Ahí me di cuenta asimismo de que tenía que modificar mi alimentación y todo esto cambió mi trayectoria.

Antes de arribar al Río Breogán, recorrió un camino como trotamundos en el baloncesto europeo (Serbia, Rusia, España, Montenegro, Polonia, Francia…). ¿Guarda anécdotas de su adaptación a culturas y competiciones tan diferentes?
Cuando salí de mi país por primera vez me comprometí con el Lokomotiv Kuban de Rusia (temporada 2018-19) y en ese momento ese equipo disputaba también la Eurocup y tenía grandes ambiciones de poder competir en la Euroliga.

Yo tenía entonces 22 años y todavía no estaba preparado para esto. Ese primer paso siempre es muy difícil cuando un jugador que sale de su entorno, porque existe la barrera del idioma —yo, por ejemplo, no tenía confianza en mi inglés—, la cultura… Pero después de esta experiencia jamás tuve problemas en adaptarme a cualquier otro club y guardo muy buenos recuerdos de todos ellos.

¿Esa primera parte del curso 2018-19, en el FMB serbio,  fue la mejor de su carrera y la que le abrió las puertas a Europa (promedió en la Aba 29,5 minutos, 21,3 puntos y 7,1 rebotes por encuentro)?
Efectivamente. Fue justo en ese punto cuando yo me planteé lo que necesitaba para empezar a crecer.

¿Cómo ha sido su adaptación a la vida de Lugo?
(No duda) Muy, muy fácil; yo ya sabía un poquito de español después de mi experiencia en el San Pablo Burgos (jugó 6 partidos en la ACB allí en la campaña 2019-20) y esta es una ciudad donde adaptarse es sencillo y muy buena para la vida familiar con los niños.

¿Qué le sorprendió más?
Lo cierto es que antes de llegar ya sabía muchas cosas de Lugo porque en los años anteriores ya había jugado aquí muchos balcánicos y me habían dado muy buenas referencias tanto del club como de la ciudad; Stefan Momirov y Nemanja Nenadic son mis amigos.

Por eso no me sorprendí.

Tras haber hecho un buen primer curso en el Río Breogán (promedió 16 minutos, 6 puntos y 3 rebotes), ¿imagino que le habría sido muy sencillo renovar?
Sí, sin duda, porque la Liga ACB es el lugar donde quiero estar. El año pasado me sentí muy bien en este equipo y, efectivamente, la decisión para mí fue muy fácil.

Rol en el equipo y visión del juego

¿Cómo definiría su actual rol dentro del sistema del equipo?
Lo cierto es que mi rol esta temporada es muy diferente con respecto al año pasado. Claro que me gustaría disponer de más minutos y tener un poco más de protagonismo, pero tengo una buena relación con el entrenador y con todo su staff y, por lo tanto, tengo que aceptar mi papel, jugar bien  y hacer las cosas que el equipo necesita.

¿Qué le pide Luis Casimiro que no se vea tanto en las estadísticas?
Mi juego no es de estadísticas. Me solicita que cada vez que pise el parqué salga con la máxima energía para empujar al equipo a correr, que luche con el máximo esfuerzo con la finalidad de hacer que el partido tenga ritmo.

¿Se siente más cómodo defendiendo en drop o saliendo a flash en el bloqueo directo?
Siempre saliendo. Yo soy un pívot de correr, que debo aprovechar mi movilidad, mi rapidez… Por eso también en ataque prefiero actuar con más movilidad en el pick&roll que de espaldas al aro.

¿Qué pívots de la Liga Endesa le parecen más difíciles de defender y por qué?
Gio Shermadini. Aunque durante todos estos años han llegado a la competición muchos ‘cincos’, él es el número uno; posee muchísimo talento para anotar y además tiene a Marcelinho. Entre los dos, con su experiencia, le sacan partido a cualquier ventaja mínima que tengan (se ríe).

¿Cómo maneja la presión en momentos complicados?
(Duda) No lo sé. (Duda de nuevo) Sé que es mi trabajo y que lo tengo que hacer de la mejor manera posible. Y si sale bien, sale; y si no, tienes que trabajar más y mejorar para la próxima vez.

¿Es usted un soldado pues?
Mi entrenador me llama así también porque cuando llegó le dije ‘yo soy un soldado’. Sí, sí (sonríe).

Objetivos, vida personal y reflexiones

¿Qué objetivo se marca el equipo para lo que resta de temporada?
Creo que este grupo puede conseguir meterse en el play off o en Europa seguro, porque entran los diez primeros de la competición.

¿Y a nivel personal?
Jugar más, tener más protagonismo y confianza, porque no es fácil jugar pocos minutos y tener un nivel muy alto de confianza.

¿Cómo es de importante un vestuario unido para lograr la meta?
(Se lo piensa) Una parte muy grande; nosotros no tenemos jugadores de un nivel extraordinario y si queremos competir contra todos nuestros rivales debemos estar juntos en cada momento y este grupo este año eso lo tiene.

¿Qué tipo de compañero es usted?
(Carcajea) El que está empujando siempre en los adiestramientos para trabajar siempre duro.

Y cuando no está entrenando ni jugando, ¿cómo es Dragan Apic en su día a día?
Durante estos últimos cuatro años paso muchísimo tiempo con los niños (tiene dos hijos). Aquí en Lugo estoy dedicado completamente a ellos.

Me gusta estar fuera de casa, en contacto con la naturaleza y cada día que hace sol aprovechamos para ir a la playa, porque mi país no tiene mar. Además, ahora ya tengo muchos amigos en el barrio de Augas Férreas fuera del básquet y me apetece hablar de cosas diferentes, conocer cómo es la gente realmente, así la comida, las tradiciones…

En la cancha es muy intenso. ¿Es una versión amplificada de su personalidad o el baloncesto saca algo distinto de usted?
No. Fuera de la pista soy una persona muy tranquila.

Ser profesional implica mudanzas, cambios, presión y distancia. ¿Añora algo de su Serbia natal?
Sí, pero también quiero aprovechar esta oportunidad que me da la vida, como aprender idiomas —además del serbio, hablo inglés, ruso y español— y esto me entusiasma.

Mi hijo mayor, que ya va al colegio, habla mejor que yo el español y estos son regalos que tenemos en nuestra existencia y que quedan para siempre con nosotros.

¿Qué es lo que más le sigue sorprendiendo de la afición celeste?
Ahora ya no me paran tanto por la calle porque todo el mundo me conoce ya (se ríe). Las personas son muy amables; cuando necesitamos o nos pasa algo, todos se brindan a ayudarnos.

Y es que esta ciudad vive por el baloncesto, lo que sorprende. En el Pazo la afición es increíble; es la mejor que yo he tenido en toda mi carrera.

En la trayectoria del deportista hay dudas o malos momentos. ¿Cuál ha sido su etapa más complicada y qué aprendió de ella?
(Se lo piensa) En Montenegro (jugó en el Buducnost de Podgorica el curso 2020-21) tuve una situación curiosa. Jugué realmente bien la primera parte de la temporada, incluso en Europa, en la Eurocup; sin embargo, después de haber perdido cuatro partidos seguidos cambiaron de entrenador y el nuevo técnico no me quería en el equipo.

Estuve casi cinco meses sin jugar, solo así. Yo tenía contrato para la siguiente campaña y no me quería ir, quería luchar. Fue muy duro para mí, pero salí adelante; no hay otra opción.

Cuando termine su carrera, ¿cómo le gustaría que le recordaran?
Como un luchador.

Si pudiera hablar hoy con el pequeño Dragan de 12 años que empezaba a soñar con ser profesional algún día, ¿qué le diría?
Que va a conseguir muchas cosas que ni siquiera podría imaginar en ese momento. No lo advertiría de nada porque cada experiencia que he tenido en este camino me ha enriquecido  y me ha convertido en lo que soy ahora. Y estoy satisfecho de la persona que soy.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.