El Gobierno de trump/" title="Estados Unidos">Estados Unidos atacó el 14 de marzo de 2026 la isla iraní de Jark, núcleo de la industria petrolera de Irán, y simultáneamente bombardeó posiciones de milicias afines a Teherán en el centro de Bagdad, donde un dron impactó en la zona de la embajada estadounidense provocando un incendio. La Casa Blanca justificó las operaciones como respuesta a las amenazas que ponen en peligro la libre navegación en el estrecho de Ormuz y a ataques contra instalaciones y personal estadounidenses en la región. Las acciones se produjeron en la decimoquinta jornada de una escalada que ha devuelto a Oriente Medio a un escenario de combates diarios. El ataque eleva aún más la tensión y empuja al alza los mercados energéticos.
Según el presidente Donald Trump, las fuerzas armadas norteamericanas llevaron a cabo uno de los bombardeos «más poderosos» de la historia reciente en Oriente Medio, que, aseguró, aniquiló los objetivos militares en Jark sin destruir la infraestructura petrolera de la isla. El mandatario advirtió, no obstante, que Estados Unidos no dudará en atacar instalaciones energéticas si Irán o sus aliados obstaculizan el tránsito marítimo a través del estrecho. Desde Washington se presenta la operación como una demostración de fuerza destinada a garantizar la seguridad de las rutas comerciales y de suministro energético.
Jark, situada a unos 25 kilómetros de la costa iraní, concentra la principal terminal de carga de crudo del país y es uno de los puntos más importantes para la exportación petrolera iraní. La isla alberga instalaciones claves para el trasvase de petróleo a buques tanque, por lo que su neutralización parcial o total tendría consecuencias inmediatas sobre la oferta global. Analistas consultados señalan que la decisión de no destruir la infraestructura refleja la intención de evitar una reacción económica aún más grave, aunque fuentes militares alertan del riesgo de nuevas ofensivas.
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Conoce más →En Bagdad, las fuerzas estadounidenses informaron de la muerte de tres milicianos vinculados a facciones proiraníes tras ataques en el centro de la capital iraquí. Ese mismo día, un dron alcanzó instalaciones cercanas a la embajada de Estados Unidos, provocando un fuego que obligó a activar protocolos de emergencia en la misión diplomática. Las autoridades estadounidenses han aumentado las medidas de seguridad en sus representaciones y han advertido de que responderán a cualquier agresión contra su personal o instalaciones.
Irán reaccionó con dureza a la ofensiva y advirtió que en caso de agresión contra su infraestructura petrolera, económica o energética procederá a destruir activos vinculados a empresas o intereses estadounidenses en la región. Un portavoz del Cuartel General Central de Khatam al-Anbiya lanzó una advertencia contundente, señalando que, si se ataca la infraestructura iraní, las instalaciones que cooperen con Estados Unidos serán convertidas «en un montón de cenizas». La respuesta oficial eleva el riesgo de una ampliación del conflicto a objetivos económicos y civiles.
La presión sobre el mercado energético fue inmediata: el barril de Brent subió por encima de los 103 dólares y se mantiene por encima de los 100 dólares, tras conocerse los ataques y el casi total bloqueo que Irán mantiene en el estrecho de Ormuz. Operadores y analistas advierten de que cualquier prolongación de la tensión puede empujar los precios aún más al alza y complicar la recuperación económica global. La incertidumbre sobre el suministro y la seguridad de las rutas marítimas se ha convertido en uno de los factores determinantes de la crisis.
El episodio se produce en el marco de una escalada regional que ya cumple dos semanas, en la que Israel también ha intensificado su ofensiva sobre el Líbano y se registran bombardeos casi a diario en diferentes frentes. Observadores señalan que la multiplicación de frentes y la intervención directa de potencias externas multiplican la posibilidad de incidentes no deseados que puedan desencadenar una conflagración más amplia. La comunidad internacional, por ahora, hace llamados aislados a la contención sin que se aprecien esfuerzos coordinados de desescalada.
En Washington, los responsables políticos subrayaron que la prioridad es proteger a buques y personal estadounidense y mantener abiertas las rutas de suministro petrolero. En Teherán, la retórica ha sido de firmeza y venganza en caso de agresión a sus activos energéticos. Entre tanto, los Estados afectados por la interrupción del crudo siguen monitorizando la situación y preparando planes de contingencia ante una posible prolongación del conflicto.
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