El equipo de gobierno del Concello de Lugo vive desde la semana pasada una situación inédita. Miguel Fernández, que ocupa la alcaldía desde hace poco más de un año, se encontró con la salida del apoyo de la concejala María Reigosa y quedó al frente de un Ejecutivo en minoría cuando todavía no se ha aprobado el presupuesto municipal; a poco más de un año de las elecciones municipales, la gestora provincial del PSOE ha ofrecido públicamente su respaldo, mientras la oposición observa y tantea movimientos políticos que podrían alterar el equilibrio.
La crónica de un día cargado de gestos
La imagen del alcalde tomando café en la Praza de Santa María y declarando que había dormido «a pierna suelta» formó parte del relato público del lunes. Fernández insistió en que hace siempre «todo lo que está en su mano» por el bien de la ciudad, y a primera hora volvió a subrayar su confianza en que los trámites municipales seguirán adelante pese a la pérdida de la mayoría. Es la misma voz que, en jornadas recientes, ha tenido que compaginar anuncios menores —como una campaña de civismo contra los orines de perros— con la organización de eventos de gran calado turístico, como el concierto con el que Abraham Cupeiro cerrará el Arde Lucus el 21 de junio, en la celebración del 25 aniversario de la fiesta.
La escena no estuvo exenta de tensión: el alcalde arrastra una afonía que limita su tono y, además, el Gobierno municipal lidia con la hospitalización de la concejala Olga López Racamonde, un contratiempo que complica aún más la gestión en plenas semanas decisivas para la aprobación de cuentas y proyectos. Fernández se mostró sereno en público, pero no ocultó el desgaste de gobernar con menos apoyos y exponerse a la presión política cuando el calendario electoral empieza a asomar.
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Conoce más →En privado, según fuentes municipales consultadas, en estos días se han sucedido contactos y llamadas para calibrar los efectos prácticos de la salida de Reigosa. La ruptura dejó al PSOE-BNG en minoría en el Concello, un escenario que ya ha vivido la Diputación provincial desde principios de año y que obliga a la coalición a repensar acuerdos y estrategias para que la gestión cotidiana no sufra un bloqueo.
«No tengo ninguna duda de que Reigosa aprobará las cuentas porque lo dijo públicamente», afirmó el alcalde en una comparecencia. La gestora provincial del PSOE expresó su «apoyo total» al alcalde y a su equipo.
Movimientos en la oposición y el posible juego del PP
La reacción del Partido Popular local fue rápida. En un encuentro con afiliados la pasada semana, la dirección autonómica del PPdeG describió la situación como «una crisis sin precedentes» que, a su juicio, evidencia falta de liderazgo en el Concello y cuestiona la capacidad de la coalición para impulsar políticas que no generen más problemas. La dirección popular, que debatió el caso con militantes lucenses, no cerró la puerta a apoyar una eventual moción de censura si la portavoz de la oposición, Elena Candia, optara por esa vía.
Ese escenario —apoyos externos y concesiones— tiene muchas lecturas. En la Diputación, la situación difiere porque el exdiputado provincial José Tomé, que abandonó el PSOE tras una denuncia por presunto acoso, se ha mostrado colaborador; aquí, Reigosa ha tomado distancia, votando a veces con el PP y forzando al gobierno a modificar posiciones. La frágil geometría parlamentaria municipal obliga a una negociación permanente, y la oposición presume de tener ahora opciones tácticas para poner en aprietos al Ejecutivo.
Desde la coalición, voces como la del edil Rubén Arroxo han pedido «responsabilidad» a Reigosa y han recordado que Lugo es una ciudad de más de 100.000 habitantes cuya gobernabilidad debe primar. La advertencia apunta tanto a evitar operaciones partidistas en clave local como a proteger servicios y proyectos que afectan a los vecinos de forma directa.
Presupuestos, movilidad y el calendario electoral
Queda por delante el reto inmediato: aprobar los presupuestos. Sin las cuentas cerradas, el Concello afronta la posibilidad de tener que prorrogar o improvisar en políticas que requieren previsión económica, desde inversiones en infraestructuras hasta partidas sociales. En el aire están también proyectos conflictivos que han tensionado la relación interna del gobierno, como el plan de movilidad en trámite, que ya ha sido objeto de críticas públicas por generar inquietudes en distintos sectores de la ciudad.
La próxima campaña municipal será, en buena medida, una prueba de resistencia para el PSOE en Lugo: el partido ha ostentado la alcaldía durante 28 años, y la sombra de una recuperación del PP en el Ayuntamiento —protagonizada por figuras con peso como Elena Candia— añade presión. A falta de una fecha electoral concreta en este momento, la cuenta atrás de «poco más de un año» condiciona la agenda: cada movimiento se evalúa también por su efecto sobre la percepción ciudadana y el relato electoral.
Hay riesgos palpables: una moción de censura exitosa pasaría por incorporar apoyos que hoy no están alineados; impulsarla sin garantías podría provocar una inestabilidad prolongada que comprometería proyectos como la programación del Arde Lucus o la ejecución de inversiones. Por eso muchos actores locales apelan a la prudencia, conscientes de que un desgaste prolongado también podría penalizar al PSOE en las urnas.
En público, Miguel Fernández pretende transmitir continuidad: «Vamos a seguir trabajando, con más ilusión si cabe, porque somos menos», dijo ante la catedral, recordando que la gestión cotidiana no puede supeditarse al ruido político. En el fondo subyace una cuestión que desborda la anécdota: si la ciudad va a permitirse un año de experimentos o si, por el contrario, primará una gestión que garantice servicios y eventos que ya están en marcha.
La metáfora del «vía crucis», utilizada con ironía por algunos políticos locales en referencia al calendario de Semana Santa, no es gratuita. Para quien gobierna en minoría, cada pleno, cada negociación y cada titular se convierten en estaciones que hay que superar sin que la ciudad pierda impulso. En las próximas semanas se sabrá si la tregua anunciada por la gestora socialista sirve para recomponer la mayoría o si, por el contrario, el tablero político local volverá a reconfigurarse en plena carrera hacia las municipales.
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