Celta y Alavés se ven las caras este domingo en Balaídos (16.15, DAZN) con objetivos distintos pero urgencias similares: el conjunto vigues busca refrendar el golpe de moral que supuso su triunfo en Lyon y seguir escalando en la pelea por la quinta plaza, mientras que el equipo vasco llega atenazado por la necesidad de puntos para alejarse de la zona de descenso.
Partido trampa y decisiones forzadas en la medular
Tras el histórico éxito continental, el entrenador celeste Claudio Giráldez ha optado por cambiar el chip y centrar la atención en la competición doméstica. El técnico repite la advertencia que suele formular en las semanas decisivas: el calendario no perdona y la fatiga pasa factura. A la habitual carga tras la eliminatoria europea se suman ausencias sensibles que obligan a tirar de fondo de armario.
En el eje del campo la situación es delicada. Las bajas de Miguel Román, de larga duración, y de Matías Vecino, con un problema muscular, dejan la medular diezmada. A ello se añade la suspensión por tarjetas de Moriba, aún tratándose de un jugador en proceso de recuperación por una dolencia en la rodilla derecha. Con esa nómina, la única pieza claramente específica para el puesto de pivote es Hugo Sotelo, y por eso la convocatoria incluye al canterano Andrés Antañón, llamado a debutar en circunstancias exigentes.
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Conoce más →Giráldez dispone, no obstante, de alternativas tácticas. La versatilidad de futbolistas como Fer López, Álvaro Núñez, Mingueza o incluso Manu Fernández permiten ubicar actores en distintos roles: retrasos en el enganche, rombos en el medio o incluso un 4-3-3 con centrocampistas de corte más físico. La elección condicionará además la ocupación de los carriles y la protección a una defensa que llegará con cambios.
Defensa renovada y la incógnita del ataque
En la línea defensiva también habrá novedades por precaución. Carl Starfelt y Marcos Alonso, dos de los puntales en la zaga, han sido dosificadas por el míster ante la acumulación de minutos. El sueco y el veterano lateral izquierdo descansarán para preservar sus piernas y evitar riesgos, lo que abre paso a soluciones como Aidoo en el centro y la pugna entre Carlos Domínguez y Ristic por el perfil zurdo.
En el lateral derecho, la decisión sobre Javi Rodríguez —que acumuló desgaste en Lyon— puede suponer la presencia de Yoel o del propio Álvaro Núñez como alternativas. Es una ecuación en la que Giráldez debe valorar no solo el rendimiento sino la gestión de minutos pensando en semanas con doble compromiso. En los carriles se espera la recuperación física de Rueda, el héroe de la eliminatoria, pero el técnico no descarta dar entrada a Carreira y Mingueza según el dibujo que adopte el equipo.
La delantera, a priori, ofrece más certezas: el regreso de Borja Iglesias otorga una referencia clara en la punta. Su presencia permite oxigenar al frente ofensivo y buscar a su alrededor combinaciones con Iago Aspas, Jutglà o Jones, mientras que Williot y Hugo Álvarez apuntan a ser las alternativas en la banda izquierda. Tener hasta ocho atacantes disponibles habla de la profundidad de la plantilla, aunque el equilibrio entre frescura y entendimiento colectivo será la clave.
Un Alavés herido y la tensión de la lucha por Europa
El rival llega con entrenador nuevo: la llegada de Quique Sánchez ha traído cambios, pero por el momento escasos puntos —el equipo suma una racha sin victorias que preocupa—. Sustituir a Eduardo Coudet no ha resultado en una reacción inmediata, y la presión del descenso obliga a los babazorros a salir a por todo. Esa necesidad les convierte en un adversario peligroso, rocoso y agresivo, tal y como avisa la experiencia reciente en Balaídos.
En lo clasificatorio, el doble objetivo del Celta —conseguir la permanencia y aspirar a Europa de primer orden— sigue teniendo matices. Según los cálculos del club, la salvación está muy cerca, a apenas dos puntos, una barrera que liberar sí daría vía libre a soñar a lo grande. Y ese sueño tiene un componente inédito esta temporada: la posibilidad, aún por confirmar en términos de normativa de UEFA y RFEF, de que la quinta plaza dé acceso directo a la Liga de Campeones. De materializarse, la pugna con equipos como Betis tomaría un cariz todavía más competitivo.
Para la afición viguesa, que llenará Balaídos con la ilusión reciente por la gesta en Francia, el partido es una prueba de madurez. La ciudad sabía, tras los éxitos continentales, que la temporada exigía gestionar euforia y realidad. Esta tarde el estadio volverá a ser un termómetro: si el equipo es capaz de mostrar consistencia, se ganará no solo un partido sino credibilidad en su proyecto.
La rueda de la temporada no se detiene. El Celta afronta un tramo con exigencia física y mental, donde la rotación y la respuesta de los menos habituales serán determinantes. Para Giráldez es la hora de leer bien las piezas y, más aún, de que los jóvenes de la cantera demuestren que Afouteza sigue siendo una fábrica de respuestas en los momentos difíciles. El triunfo frente al Alavés no es solo tres puntos; puede ser el respiro que permita mirar con ambición una primavera que, para Vigo, aún tiene mucha vida por delante.
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