Vigo, 22 de marzo de 2026. Lo que comenzó como una celebración en Balaídos terminó convertida en desconcierto: el Celta dominó la primera mitad y llegó a mandar por 3-0 en el marcador, pero cedió la segunda parte y el Deportivo Alavés se llevó los tres puntos con un 3-4 que dejó helada a la afición. Dos goles y una asistencia de Ferran Jutglà no bastaron para contener la remontada del conjunto vasco, que aprovechó los errores locales y un baño táctico en la reanudación.
Primer acto: un Celta eufórico
La tarde arrancó con el estadio vestido de fiesta: la bandera de Vigo ondeaba y la Reconquista todavía resonaba en las calles después de las celebraciones del jueves. Esa energía se trasladó al césped. El equipo de Claudio Giráldez salió con la segunda unidad enchufada y encontró a Ferran Jutglà en su mejor versión. Tras una gran conducción y un pase profundo de Javi Rodríguez, Jutglà abrió el marcador en el minuto 19 y añadió una asistencia ocho minutos después para que Hugo Álvarez definiera con un disparo desde el borde del área.
El tercer tanto, también obra de Jutglà, fue una jugada de libro: arrancada larga, control del balón y final desde fuera del área en el minuto 37 que hizo recordar, por su valor estético, a carreras históricas del fútbol. A estas alturas, Balaídos vivía lo que parecía una tarde perfecta: cánticos, banderas y la sensación de que el Celta, a las cinco de la tarde, estaba en puestos de Champions.
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Conoce más →Sin embargo, el encuentro no cerró la primera parte sin síntomas de alarma. En el añadido, Toni Martínez recortó distancias para el Alavés tras un centro lateral. Fue un aviso que, con el paso de los minutos, resultó más dañino de lo que parecía.
Remontada en la segunda parte
El descanso sentó a favor del visitante. Quique Sánchez Flores, entrenador del Alavés, movió piezas y su equipo dio la vuelta al guion. A los cinco minutos de la reanudación, Ángel Pérez aprovechó un exceso de confianza en el área de Carlos Domínguez para poner el 3-2 y abrir una fisura emocional en el Celta. La sensación en el césped cambió: lo que era control local pasó a ser un rosario de indecisiones defensivas.
En el minuto 52 tuvo lugar una acción polémica que pudo decantar de manera definitiva la balanza. Javi Rodríguez recuperó el balón y marcó, pero el colegiado Miguel Sesma Espinosa anuló la acción tras la revisión; ni el árbitro ni el VAR consideraron que la jugada fuera legal porque hubo un choque en la disputa. Cuatro minutos antes, la remontada ya estaba en marcha; más tarde, en el minuto 65, Toni Martínez igualó con un disparo desde fuera del área a un Ionut Radu que acusó un golpe muscular y que no pudo reaccionar con la rapidez necesaria.
La culminación del vuelco llegó en el minuto 69, cuando Abde Debbach, que había participado en la jugada anterior, definió al palo izquierdo y sentenció la remontada. El Alavés, que llegó a Vigo con aspiraciones pero sin tantas expectativas sobre el papel, ejecutó un plan de partido perfecto tras el descanso: presión alta, verticalidad y aprovechamiento de las dudas contrarias.
«Soy el principal responsable, me he equivocado en todo lo que he hecho en la segunda parte», dijo después el entrenador celeste.
La frase, pronunciada con crudeza, dejó claro que en el vestuario no había excusas para ocultar errores. La entrada de Iago Aspas y el intento de voltear el encuentro en los últimos minutos no cambiaron la historia: Balaídos terminó encendida y amargada a la vez.
Consecuencias y próximos pasos
La pérdida de tres puntos en casa pesa como una losa para un Celta que veía la opción de consolidarse en las plazas altas. A falta de la confirmación numérica de la clasificación tras otros partidos de la jornada, lo cierto es que el golpe anímico es considerable: pasar de la euforia de un 3-0 a la frustración por un 3-4 obliga a una lectura fría y urgente.
En lo inmediato, las preguntas son varias y concretas. ¿Fue una lectura táctica equivocada de Giráldez al dar descanso a varios titulares en una jornada tan festiva? ¿La planificación física del equipo falló y provocó el declive tras el descanso? Y sobre el portero, Ionut Radu, queda la inquietud por ese golpe muscular que le restó capacidad de reacción en un tramo decisivo. Son asuntos que el club deberá afrontar esta semana, con entrenamientos y pruebas médicas si procede.
Para la hinchada, la resaca será doble: la celebración de la Reconquista no se acompasó con la gestión del encuentro y ahora pesa la sensación de oportunidad desperdiciada. En la historia reciente del Celta hay precedentes de noches felices que terminaron con lecciones dolorosas; Vigo conoce a su equipo y sabe que, a veces, la respuesta llega en la siguiente cita. Esta vez, la exigencia será mayor porque el tiempo de recuperación para la pelea por los puestos europeos es limitado.
Si algo dejó claro la jornada es que el Celta tiene recursos ofensivos —Jutglà volvió a demostrar su momento dulce— pero también carencias defensivas que emergen en los tramos críticos. El reto para Claudio Giráldez y su cuerpo técnico es cerrar esas grietas. A la espera de las decisiones en el mercado o en los entrenamientos, habrá que ver si el club opta por medidas formativas o por cambios más drásticos.
Vigo seguirá siendo la misma ciudad de celebración, pero el calendario del Celta no perdona. En las próximas semanas tocará comprobar si este tropiezo sirve como llamada de atención o si, por el contrario, es el inicio de un bache más profundo. Mientras tanto, en Balaídos quedará la imagen de una tarde que comenzó con himnos y acabó con reproches: 3-4 en el marcador y muchas preguntas para una plantilla que, al menos por ahora, paga la resaca.
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