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El Celta se desinfla en Balaídos y pierde un 3-0 que olía a fiesta ante el Alavés

Vigo vivió una tarde de contrastes: de la euforia por la Reconquista a la incredulidad cuando el marcador se dio la vuelta. En un partido que comenzó con una exhibición ofensiva local, el Celta llegó a dominar por 3-0 al descanso con protagonismo absoluto de Ferran Jutglà, pero acabó cediendo un triunfo que parecía cerrado. El Deportivo Alavés firmó una remontada épica en la segunda mitad para llevarse la victoria por 4-3 de Balaídos.

De la alegría de la Reconquista al cortocircuito defensivo

La primera media hora fue casi perfecta para los de Giráldez. Animado por la bandera de Vigo que ondeaba en la grada y por la resaca del reciente triunfo en Lyon, el equipo local combinó músculo y fútbol directo. En el minuto 19 llegó el primer aviso transformado en gol: un pase en profundidad de Javi Rodríguez dejó a Jutglà solo ante la portería y el delantero catalán no perdonó. Ocho minutos después, el propio Jutglà volvió a ser decisivo con una asistencia precisa a Hugo Álvarez, cuyo disparo desde el borde del área superó a Antonio Sivera y puso el 2-0.

La sensación de control se confirmó en el minuto 37, cuando Jutglà firmó un gol de solitario que remitía a corridas históricas del balón: conducción larga, control de ritmo y un disparo cruzado que no dejó opciones. Las gradas, que a media tarde celebraban la Reconquista como si de una plaza se tratase, abrazaron el triunfo anticipado. Sin embargo, en el añadido de la primera parte Toni Martínez recortó distancias y dejó entrever que el encuentro todavía guardaba sorpresas.

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La segunda mitad fue un cambio de modelo táctico que el Celta no supo responder. Quique Sánchez Flores, desde el banquillo visitante, ajustó la lectura del partido y su equipo pasó a dominar la iniciativa. Apenas cinco minutos después del reinicio, Ángel Pérez aprovechó un error en el área de Carlos Domínguez para reducir la diferencia y meter miedo en Balaídos.

El VAR, una acción anulada y la firma de la remontada

En el minuto 52 una jugada clave pudo cambiar la historia: un gol de Javi Rodríguez fue anulado por el colegiado Miguel Sesma Espinosa tras una intervención en la que el atacante recibió el balón tras un choque con Rebbach. Ni el árbitro ni el VAR consideraron que la acción mereciera validez. La decisión dejó a la afición en estado de confusión y, sobre el césped, al equipo rival con el ánimo reforzado.

La réplica no tardó. En torno al minuto 65 Toni Martínez volvió a aparecer, esta vez con un disparo desde fuera del área que aprovechó la situación delicada del portero local Ionut Radu, mermado por un golpe muscular. El empate no tardó en llegar: cuatro minutos después fue Abde Rebbach quien culminó la remontada con un remate raso al palo izquierdo que encendió por completo Balaídos y dejó al Celta sin respuesta.

Quedaron intentos: la entrada del eterno Iago Aspas y el empuje final no bastaron para revertir la situación. El conjunto vigués fue incapaz de recomponer su estructura defensiva y los errores, particularmente en la replegación y en la salida de balón, resultaron fatales. Al final, el marcador reflejó un inesperado 3-4, y la fiesta se transformó en amargura.

Lo que hay detrás del batacazo y el telón de fondo gallego

No es la primera vez esta temporada que el balance entre bloqueo mental y físico pasa factura al Celta tras esfuerzos importantes. La ciudad aún recuerda los ecos de partidos europeos y noches largas en las que el desgaste acumulado se paga en liga. A las cinco de la tarde el equipo todavía ocupaba puestos de Champions; a la noche, la consecuencia inmediata es un frenazo en esa ilusión. En Vigo se vive la Reconquista como algo más que una celebración: es símbolo de identidad y, hoy, de una herida futbolística que habrá que suturar con rapidez.

Desde la grada se escucharon reproches, pero también reproches cariñosos hacia una plantilla que ha sabido ilusionar esta campaña. Para el cuerpo técnico, el reto es claro: recuperar consistencia en los últimos metros de la temporada, corregir la concentración tras el descanso y gestionar mejor las rotaciones. La opción de haber empleado la ‘segunda unidad’ de forma más prolongada en la primera parte, y la lectura táctica en el segundo acto por parte de Quique Sánchez Flores, son aspectos que traerán debate en las reuniones técnicas.

En clave deportiva, resulta insoslayable analizar la puesta a punto física de jugadores clave y la gestión de las cargas. La entrada de Ionut Radu tocado y la presión constante sobre la línea defensiva dejaron al descubierto carencias que, si no se abordan, podrían costar puntos en las jornadas que restan.

Repercusiones y próximos pasos

El revés de Balaídos tendrá consecuencias en la clasificación y, sobre todo, en la moral colectiva. A falta de confirmación oficial sobre la evolución de las molestias de Ionut Radu y el estado anímico del vestuario, lo evidente es la necesidad de respuesta inmediata. El calendario no da tregua: el Celta debe recomponerse rápidamente si quiere seguir aspirando a las plazas europeas que hace apenas unas horas acariciaba.

En los próximos días será crucial ver cómo actúa la dirección deportiva en términos de apoyo al cuerpo técnico y si el entrenador opta por un mensaje de contención o por cambios tácticos más profundos. La afición, por su parte, decidirá si la derrota es un tropiezo puntual o el primer aviso de un final de temporada con exceso de tensión.

Vigo se despertará con la resaca; el reto para el Celta es transformar esa resaca en aprendizaje. El club tiene experiencia en remontadas, pero también en caídas colectivas; la gestión de estas 48 horas marcará hasta qué punto la derrota ante el Alavés pasa a ser simplemente una anécdota o el inicio de un quebradero de cabeza mayor.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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