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El Celta se desploma en Balaídos: de un 3-0 cómodo a una derrota por 3-4 ante el Alavés

Vigo vivió ayer una tarde de contrastes. En plena celebración de la Reconquista y con la ciudad ondeando la bandera de Vigo, el Celta parecía encarrilar una fiesta deportiva tras ponerse 3-0 en la primera mitad contra el Alavés. Sin embargo, la segunda parte fue un manojo de errores y concesiones que el conjunto vasco, dirigido por Quique Sánchez Flores, aprovechó para firmar una remontada que deja a Balaídos entre la sorpresa y la inquietud: 3-4 final.

Cómo se fraguó un inicio de ensueño

La mañana había tenido aroma de festejo y el equipo lo trasladó al césped en los primeros 45 minutos. Un pase en profundidad del mediocentro que conectó con Javi Rodríguez permitió a Ferran Jutglà anotar el primero en el minuto 19, confirmando la buena racha del delantero catalán. Ocho minutos después, la visión de juego de Jutglà se transformó en asistencia para que Hugo Álvarez fusilara desde el borde del área y pusiera el 2-0.

El cierre de la primera mitad tuvo el sello individual: en el minuto 37, Jutglà emprendió una carrera que arrancó en su campo y culminó con un disparo ajustado que elevó el marcador a 3-0. La grada respondió con cánticos y tras el descanso parecía que la tarde era de trámite para la afición olívica, aún celebrando el triunfo reciente ante el Olympique que había alimentado la euforia local. No obstante, en el tiempo añadido del primer tiempo llegó un aviso: Toni Martínez recortó distancias y dejó una sensación de que el partido no estaba cerrado del todo.

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Importa subrayar que la alineación de arranque fue una muestra de la profundidad de la plantilla de Giráldez, que apostó por una mezcla de titulares y recambios tras una semana de intensa actividad. La química entre jugadores nuevos y veteranos brilló hasta el minuto 45; después, todo cambió.

El vuelco tras el descanso y las decisiones que marcaron el partido

La reanudación ofreció una versión distinta del Celta. Lo que horas antes había parecido dominio táctico se convirtió en exceso de confianza y en errores puntuales que minaron la estructura defensiva. En el minuto 50, un fallo en el marcaje de Carlos Domínguez dentro del área propició que Ángel Pérez recortase y devolviera al Alavés al partido. La respuesta local fue dubitativa; la dinámica del encuentro pasó a control visitante.

La igualdad pronto se transformó en empate: un cuarto de hora después, el propio Toni Martínez logró batir a Ionut Radu, quien acusó molestias musculares en la jugada y tuvo que ser atendido. La remontada se consumó en el minuto 69 con un remate raso de Abde Debbach, asistido por el mismo Toni Martínez, que hizo estallar la grada visitante y dejó a Balaídos con el silencio propio de quien no entiende lo ocurrido en apenas 20 minutos.

Entre los momentos polémicos de la segunda mitad estuvo la anulación de un gol de Javi Rodríguez en el minuto 52 por parte del colegiado Miguel Sesma Espinosa, tras una disputa con Rebbach. Ni el árbitro ni el VAR consideraron que el lance debiera subir al marcador, decisión que alimentó el enfado local y reavivó el debate sobre las interpretaciones en acciones de contacto. A falta de confirmación oficial sobre el alcance de la dolencia de Radu, la portería celeste quedó expuesta y su sustitución tardía no cambió la lectura del partido.

Reacciones, lectura táctica y lo que deja la noche en Balaídos

Que un equipo capaz de colocarse a las cinco de la tarde en puestos de Champions pierda por errores propios abre más preguntas que respuestas. La principal es si la rotación y el aprovechamiento de la «segunda unidad» —esa que brilló en la primera media hora— deben modularse en función del calendario y del componente emocional de la ciudad. El Carnaval de la Reconquista no es ajeno a la rutina del club: la celebración puede generar euforia, pero también fatiga.

El mérito del Alavés merece reconocimiento. Quique Sánchez Flores leyó mejor que nadie la segunda mitad, ajustó la presión y supo aprovechar las debilidades del rival. Toni Martínez y Abde Debbach emergieron como figuras y dieron la razón a un equipo que desde el banquillo apostó por la intensidad. Aun así, la sensación en la grada fue que el Celta desperdició una tarde que pudo haber reforzado sus aspiraciones europeas.

Desde la óptica local, la afición de Balaídos alternó cánticos de júbilo con reproches y miradas a la tabla: un pinchazo en casa pesa cuando la lucha por los puestos altos aprieta. Habrá que ver cómo reacciona el vestuario en los próximos días. En el horizonte inmediato figuran partidos que exigirán concentración máxima; la capacidad para convertir lecciones en ajustes tácticos será la verdadera prueba para Giráldez.

En clave de plantilla, la gestión de los minutos de jugadores como Jutglà —autor de un doblete y una asistencia— plantea un dilema: su estado de forma es una de las pocas certezas, pero la dependencia también puede convertirse en vulnerabilidad si el resto del equipo no acompaña. La entrada de Iago Aspas en la recta final no alteró el devenir y dejó la imagen de un equipo luchando sin soluciones claras en ataque.

La derrota trae, además, consecuencias prácticas. Pérdida de puntos en casa, impacto en el ánimo de la hinchada y más presión en una carrera por Europa que ya no tolera deslices. A la espera de la rueda de prensa del entrenador y del parte médico sobre Radu, la sensación es que el Celta deberá recomponer la defensa, ordenar ideas y recuperar la regularidad que lo colocó en una posición envidiable hace apenas unas horas.

Si la ciudad recobrará la calma tras una noche amarga es algo que el equipo tendrá que ayudar a conseguir. El reto es doble: corregir errores tácticos y, quizás lo más difícil, aprender a gestionar las resacas propias de la gloria momentánea. Para un club con la historia y la pasión que tiene en Vigo, episodios como este sirven de recordatorio: la continuidad no se improvisa y Balaídos puede ser, al mismo tiempo, refugio y juez.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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