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El Concello de Ourense incumple las peatonalizaciones y los coches siguen circulando por calles cerradas

El Concello de Ourense incumple las peatonalizaciones y los coches siguen circulando por calles cerradas

El Concello de Ourense ha puesto en marcha supuestas peatonalizaciones en varias vías del centro, pero los vehículos siguen circular en ellas con normalidad, según la inspección de esta redacción y la información local publicada el 16 de marzo de 2026. La denuncia apunta a una ejecución parcial de las medidas: se anuncian cambios urbanísticos pero no se aplican controles ni barreras que impidan el paso. La falta de cumplimiento genera quejas vecinales y dudas sobre el destino de las subvenciones vinculadas a esos proyectos.

Los tramos señalados incluyen, entre otros, Rúa Bedoya, próxima al Parque de San Lázaro, donde se ha observado tránsito rodado pese a la intención de convertirlos en espacios preferentemente peatonales. Testigos y usuarios del área aseguran que la presencia de coches es habitual tanto de día como de noche. Esa realidad contradice la imagen de transformación urbana que el Concello promociona en comunicados y proyectos.

Críticos del plan consideran que anunciar peatonalizaciones sin medidas efectivas equivale a “vender” una modernización urbana que luego no se materializa. Además, advierten de un riesgo reputacional para la administración local si las obras o remodelaciones sirven solo para obtener ayudas sin alterar la movilidad real. En paralelo, se mantiene la percepción de que el mapa de aparcamiento y la disposición viaria de la ciudad apenas han cambiado respecto a décadas anteriores.

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Lo que se aprecia en la vía pública

En las calles señaladas no se aprecian elementos disuasorios consistentes, como bolardos fijos o controles de acceso permanentes, que impidan la entrada de vehículos no autorizados. Tampoco parece haber una presencia reforzada de la Policía Local destinada a hacer cumplir las restricciones anunciadas. Esa ausencia de medidas físicas o de vigilancia efectiva facilita que la circulación y el estacionamiento se mantengan como antes.

La consecuencia directa es que la intención de ganar espacio para peatones no se traduce en una reducción real del tráfico ni en una mejora tangible de la calidad del espacio urbano. Usuarios y peatones siguen encontrando coches aparcados en lugares que, en teoría, deberían ser preferentemente peatonales, lo que limita la seguridad y el aprovechamiento del entorno público. Este contraste entre plan y práctica alimenta la sensación de inacción.

Las causas que explican el desfase entre proyecto y ejecución son varias y no siempre públicas. Pueden ir desde problemas técnicos en la señalización y planificación, hasta permisos concedidos a residentes y comerciantes o, simplemente, decisiones políticas que priorizan otros usos. En algunos proyectos municipales de la ciudad se han detectado retrasos administrativos y controversias con contratistas que han complicado la materialización de obras urbanas.

Reclamaciones y soluciones posibles

Vecinos y colectivos de movilidad reclaman claridad sobre el alcance real de las peatonalizaciones y la publicación de horarios, excepciones y criterios de acceso. Piden, además, que el Concello detalle qué partidas presupuestarias y qué subvenciones están vinculadas a las actuaciones para poder verificar su correcta aplicación. La transparencia, sostienen, es clave para evitar que los planes queden en la imagen y no en la práctica.

Para restaurar la confianza y cumplir los objetivos de pacificación del tráfico, expertos y asociaciones sugieren medidas concretas: implantación de controles físicos en los accesos, campañas informativas, sanciones efectivas para incumplidores y un refuerzo temporal de la vigilancia municipal. También reclaman la evaluación pública de los proyectos una vez ejecutados, con indicadores de uso peatonal y reducción del tráfico.

En la información consultada no consta una respuesta detallada del Concello explicando por qué persiste la circulación en estas calles tras anunciar su peatonalización. La administración municipal dispone de instrumentos para aclarar plazos y excepciones; ahora, subrayan los afectados, debe emplearlos para evitar que las peatonalizaciones se queden en meras declaraciones.

El debate en Ourense sobre la movilidad y el espacio público continúa abierto. La diferencia entre lo anunciado y lo visible en la calle marca el tono de las demandas ciudadanas: más gestión, más control y más transparencia para convertir las promesas urbanas en mejoras reales para quienes habitan y transitan la ciudad.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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